Los hombres que sí aman a las mujeres

Carmen Magallón

Directora de la Fundación Seminario de Investigación para la Paz

Me permito glosar el título del famoso libro de Stieg Larsson para interpelar a los hombres sensibles a la injusticia, reclamando su atención ante el último informe sobre el progreso de las mujeres en el mundo, En busca de la justicia, un estudio que por primera vez ha sido coordinado por ONU Mujeres, un organismo unificador de las agencias que hasta ahora se ocupaban del tema en Naciones Unidas. Su directora, Michelle Bachelet, destacaba en su presentación los avances habidos y también las injusticias que siguen sufriendo millones de mujeres.
Entre los datos positivos, que afectan a todas las regiones del mundo, se aportan los siguientes: 139 Constituciones garantizan la igualdad entre mujeres y hombres; 125 países han ilegalizado la violencia doméstica; 173 garantizan la licencia de maternidad con sueldo; 117 han promulgado leyes para la igualdad de salario y 115 garantizan la igualdad de los derechos de propiedad de las mujeres. Ya se sabe que la legislación no es suficiente, y que a menudo se buscan subterfugios o directamente se incumple, pero desde luego es absolutamente necesaria.
Señala el informe que la quiebra de los derechos femeninos sigue siendo dominante en algunas áreas donde el Estado de derecho muestra su debilidad: en el ámbito privado (sexualidad, divorcio, violencia de género, salud reproductiva), donde existen vacíos jurídicos y discriminaciones graves: 127 países no penalizan explícitamente la violación dentro del matrimonio, 61 restringen los derechos de las mujeres al aborto y 50 permiten que se casen más jóvenes que los hombres. Otro déficit se da en los derechos económicos: el 53% de las mujeres del mundo trabaja en empleos vulnerables, y persiste una alta brecha entre sus salarios y los de hombres que trabajan en lo mismo. Se subraya también la gran rémora para la igualdad que suponen los sistemas jurídicos que incorporan normativas basadas en costumbres o en creencias étnicas o religiosas.
Como ha dicho Bachelet, y muchas pensamos, hemos de trabajar juntos contra estas injusticias. Si no queremos tardar otro siglo, que es lo que le costó al feminismo lograr las cotas de igualdad existentes, necesitamos el concierto de los hombres que sí aman a las mujeres.