El porvenir de la ciencia

MIGUEL ÁNGEL QUINTANILLA FISAC

Catedrático de Lógica y Filosofía
de la Ciencia

En la actualidad hay más de siete millones de científicos en el mundo, que publican al año más de millón y medio de artículos en revistas especializadas, cada uno de los cuales se supone que aporta una pequeña fracción al incremento continuo del conocimiento. Estas cifras se duplican en periodos de diez a quince años, de manera que, a pesar de su ya larga historia, la ciencia es un fenómeno contemporáneo: los científicos actuales representan casi la totalidad de los científicos que han existido a lo largo de toda la historia de la humanidad.
La absurda crisis financiera en la que estamos envueltos también está afectando a la ciencia, especialmente en los países del primer mundo que tradicionalmente han sido líderes en este terreno. Por suerte, la ciencia habla un lenguaje universal y es capaz de integrarse en las más variadas culturas. Así que cabe esperar que en el futuro el desarrollo científico continúe, pero se distribuya, en el plano internacional, de forma más igualitaria. Ya está sucediendo: los países emergentes también emergen en ciencia. China es ya el segundo productor mundial de artículos en revistas científicas y los países que más crecen en este campo son todos nuevos en la liga: India, Corea, Taiwán, Singapur, Brasil, Turquía…
¿Cuál es entonces el porvenir de la ciencia? A nivel global, sin duda esperanzador. En nuestro entorno inmediato, depende de las decisiones que se adopten. Quienes apuesten por seguir apoyando la investigación científica seguirán participando en el banquete. Quienes tiren la toalla pasarán a la segunda división en cuanto a competitividad económica y liderazgo mundial. En cualquier caso, la vieja Europa haría bien en abrir sus puertas decididamente a la colonización inversa que se va a producir (recibiremos cada vez más estudiantes y jóvenes científicos de todo el mundo) y en prepararse para la nueva distribución del saber que se impondrá en las próximas décadas y que dará a nuestros científicos más talentosos espléndidas oportunidades de trabajar en Asia, África y Latinoamérica. En España, por el momento, nos beneficiamos de nuestra posición privilegiada en el viejo mundo y del crecimiento de nuestro sistema científico y universitario durante las últimas décadas. Pero tenemos que mantener una apuesta decidida por el futuro.