Una imagen de Europa en la Constitución

Francisco Balaguer
Catedrático de Derecho Constitucional

La incorporación de cláusulas específicas sobre la Unión Europea (UE) a la Constitución española ha sido una demanda permanente en los últimos años en el ámbito académico y también en algunos sectores políticos, entre los que hay que incluir al propio partido en el Gobierno. Una demanda que no ha tenido respuesta hasta ahora, pese a que la reciente reforma del artículo 135 de la Constitución integre, por primera vez, referencias a la UE en el texto.
Se trata, sin embargo, de una entrada penosa la que ha hecho la UE en la Constitución, aunque en la Exposición de Motivos de la reforma se señale como uno de sus objetivos el de “reforzar el compromiso de España con la Unión Europea”. Ciertamente, la Constitución nos ofrece, a partir de ahora, una “imagen de Europa” que estaba ausente de nuestra norma fundamental. Pero es una imagen lamentable: las referencias a la UE están dedicadas a los límites que se imponen a los poderes públicos nacionales: el Estado y las comunidades autónomas “no podrán…”, el volumen de deuda pública de las administraciones “no podrá…”.
Así pues, la idea de Europa que contiene el reformado artículo 135 de la Constitución es claramente negativa: la Europa que limita y que prohíbe, la que reduce las posibilidades de desarrollar políticas públicas orientadas a la realización de los derechos sociales. Pese a ello, hay que reconocer que es la que más se acomoda a los tiempos actuales, puesto que han sido instancias europeas las que han impulsado esta reforma constitucional (sin respetar, por otra parte, las competencias que les atribuye el derecho de la Unión).
No es, desde luego, una imagen que contribuya a reforzar el compromiso de España con la UE, porque aleja a la ciudadanía española de la idea de Europa al proyectar una determinada manera de entenderla que no es compatible con los valores y principios que forman parte de la cultura constitucional europea. Una cultura que debería inspirar otra Europa: no la que prohíbe y limita, sino la que puede ofrecernos un espacio de libertad, justicia y solidaridad. Una Europa social, democrática y federal.