Del consejo editorial

Lecciones de un volcán

CARME MIRALLES GUASCH

Profesora de Geografía Urbana

En un país lejano, un volcán empieza a erupcionar. Sus cenizas se esparcen por el continente europeo y paralizan todos sus aeropuertos. Sin transporte aéreo, centenares de miles de pasajeros están atrapados…

Podría ser un excelente inicio de una novela de ciencia ficción de J.G. Ballard, si no fuera porque es real. El transporte aéreo se ha paralizado casi por completo, una situación que parecía inimaginable hasta que sucedió.
Con independencia de lo ocurrido y de los muchos problemas causados a tantas personas, lo que resulta interesante es la reacción de los ciudadanos ante una situación inaudita que requiere imaginación y calma. Centenares de miles de europeos tienen que desplazarse por diversos motivos o necesitan regresar a sus casas aun cuando el medio de transporte que debían utilizar está cancelado. Sin embargo, Europa, a diferencia de otros continentes, tiene una red de carreteras y ferrocarriles que permite recorrerla de arriba abajo. Los aeropuertos están cerrados, pero las estaciones de trenes y autobuses de larga distancia están llenos de gente intentado sacar un billete que les permita el viaje. Incluso los taxis o los coches de alquiler, transporte urbano o de medias distancias, están recorriendo Europa enlazando territorios lejanos. Los ciudadanos buscan alternativas, algunas imaginativas, no siempre cómodas ni baratas, pero, con más o menos tiempo, llegarán a su destino.
La erupción del volcán –a la que ayer se sumó la actividad de otro– pone de manifiesto la importancia de los sistemas de transportes y la conexión entre ellos. Es necesario tener la capacidad operativa para incrementar la oferta de transporte viario y ferroviario, como se está haciendo, y aumentar la densidad de su red a nivel nacional e internacional. En ese sentido, conviene apremiar la conexión ferroviaria de alta capacidad con el resto de Europa y diseñar unas infraestructuras en forma de malla y no radiales, como hizo el PP en el proyecto de la Alta Velocidad Española. Una red donde el viaje se organice desde los distintos puntos intermodales –sean estaciones o aeropuertos– que conecten medios de transportes distintos. Los medios de transporte, sean aéreos, viarios o ferroviarios, multiplican su eficacia y utilidad cuando forman parte de una red única y se favorece su intermodalidad. De esta manera, con menos recursos públicos se aumentan las prestaciones.