Del consejo editorial

Los inmigrantes en la escuela

JORGE CALERO

Catedrático de Economía Aplicada

La xenofobia, con toda una tonalidad de matices, ha encontrado un excelente leit motiv en la presencia de los inmigrantes en los colegios españoles. Los medios de comunicación se recrean en sus bajos resultados, los padres de clase media tienden a huir de las escuelas en las que se concentran; se señala a la inmigración como un obstáculo para el éxito educativo de los alumnos nacionales. Para algunas administraciones educativas la inmigración supone, incluso, un excelente argumento en su estrategia de desprestigio y desmantelamiento paulatino de la red de centros públicos.
Pero ¿qué sabemos realmente acerca del efecto de la inmigración sobre los procesos educativos? Los resultados de algunos estudios recientes nos pueden ayudar a superar algunos lugares comunes. Sabemos, entre otras, tres cuestiones importantes. Primero: los resultados de los alumnos de origen inmigrante vienen causados, en buena medida, no por su condición de inmigrantes, sino por otros factores (recursos culturales y económicos de la familia, el tipo de centros a los que acuden, entre otros). Segundo: los alumnos con padres inmigrantes pero ya nacidos en España tienen resultados, cuando igualamos el resto de factores que inciden sobre su escolarización, que no se diferencian significativamente de los estudiantes con padres nacionales. Tercero: la presencia en las escuelas de alumnado inmigrante sólo reduce el rendimiento del resto de alumnos (a través de los llamados "efectos compañero") únicamente en centros con alta densidad de alumnado inmigrante, por encima del 20%.
Siendo relevantes las tres cuestiones, la que quizás puede servirnos más para orientar nuestras políticas educativas es la tercera. No son propiamente los alumnos inmigrantes los que reducen el rendimiento, sino la segregación, su excesiva concentración en determinadas escuelas. Podría argumentarse que la segregación escolar es sólo el reflejo de una segregación urbana previa. Sin embargo, como demuestran estudios recientes dirigidos por el profesor Bonal (Universidad Autónoma de Barcelona), la segregación escolar es más intensa que la segregación urbana. Es este quizás el reto más importante, actualmente, para las administraciones educativas: encontrar procedimientos –y tendrán que ser imaginativos– que permitan una distribución más equilibrada de los usuarios entre las diferentes escuelas.