Del consejo editorial

Educar para el conflicto

CARMEN MAGALLÓN

Directora de la Fundación Seminario de Investigación para la Paz

El inicio del curso ha coincidido con una huelga general que ha sacudido las entretelas del país. Por eso mismo, por el impacto emocional y material vivido, es una ocasión inmejorable para reflexionar sobre los conflictos y hacer pedagogía, pedagogía social y escolar. Porque si algo sería interesante que aprendiéramos, ya desde la escuela, es cómo vivir entre conflictos, qué son y cómo gestionarlos. Como punto de partida, interesa asentar dos afirmaciones: una, que el conflicto es algo normal e inevitable en la convivencia cotidiana entre grupos, personas o países. Y dos, que conflicto y violencia son dos cosas diferentes, aunque a menudo se confundan y se hable de conflicto para referirse a una guerra, cuando la guerra es una expresión extrema de violencia, una forma irracional y absurda de afrontar un conflicto. Diferenciar conflicto y violencia es fundamental porque quien los confunde acaba recreando una forma de ver el mundo, de actuar y de fomentar que se actúe, en la que se ve la violencia como inevitable, con las nefastas consecuencias que todos conocemos.
Hay que decir también que la huelga no es el conflicto. El conflicto es previo, y en este caso viene de la deriva de hacer pagar la crisis financiera, en realidad, la crisis del sistema, a quienes menos tienen, menos ingresos, menos poder y menos responsabilidad en su erupción violenta –y aquí lo violento es el paro masivo, la violencia estructural que ha arrojado a los márgenes a tanta gente–. También en las aulas y familias surgen a menudo los conflictos, situaciones en las que podemos ir asentando una cultura del diálogo y la negociación. Empezando por no ocultar el núcleo del conflicto, la incompatibilidad de objetivos, materiales o intangibles que se confrontan, actitud, el ocultamiento, que sólo logra agudizar el conflicto; y siguiendo con el aprendizaje de hablar civilizadamente y fomentar la capacidad para generar soluciones creativas.
Podemos mostrar que los conflictos pueden ser gestionados de múltiples maneras, que ganar todos no es una quimera. Y que cuando la parte más poderosa se niega a negociar o lo hace sobre bases que siguen perjudicando al más débil, entra la acción no-violenta, entre ellas, la huelga. Una forma de acción que ha sido clave en la historia para equilibrar el poder, para negociar y, en definitiva, para lograr unas condiciones de vida más dignas para todos.