Artículo del director

Plan de ajuste duro con un Gobierno en el aire

El martes de la semana pasada el Gobierno anunció por sorpresa un plan de ajuste duro para contener el déficit público desbocado y convencer a los mercados de que España es un país solvente.

Hasta ahora, la política seguida contra la crisis se ha centrado en aumentar las ayudas a los parados, sostener el sistema bancario y estirar el gasto público en planes para impulsar la actividad. El giro desde una política de vocación expansiva a un plan de recorte del gasto para reducir el déficit del 11,4% en 2009 al 3% en 2013 fue explicado por la Moncloa como “el eje para recomponer la economía y salvar la legislatura”.

El plan de ajuste, adobado con una propuesta para reformar las pensiones –un debate venenoso para cualquier Gobierno si no hay consenso– y una aún inconcreta reforma laboral, fue presentado como el arma para sanear la economía. Aunque pronto se supo que este plan apresurado es una respuesta de urgencia a las exigencias planteadas por la UE, el presidente Zapatero acudió con este equipaje al Foro de Davos para asegurar ante la crema de los negocios mundiales que España es un país capaz de hacer frente a sus compromisos. Lo hizo al lado de los mandatarios de Letonia y Grecia, dos países marcados con la cruz de riesgo por los mercados. El primer ministro irlandés rechazó participar en esa mesa para no verse contaminado. “Fue un fallo clamoroso del servicio de Protocolo de Moncloa”, dicen fuentes cercanas al presidente.

Muchos empresarios se quejan de que ningún político español esté vendiendo fuera la imagen de España como destino de inversión. Las autoridades se pasaron todo 2009 asegurando que el sistema bancario español estaba sano, pero ahora asistimos a una profunda reestructuración del sector financiero. Roto el cauce del crédito fácil, bancos y cajas tienen comprometidos sólo en el sector inmobiliario 380.000 millones respaldados por activos depreciados o terrenos sin recalificar.

Para contener la tasa de morosidad renuevan deudas y no pueden apenas prestar porque carecen de margen de solvencia. “A final de año más de 20 cajas y puede que algún banco registrarán pérdidas. Se han comido las provisiones y algunas también el fondo anticíclico”, sostienen fuentes bancarias.

Pero el mal que aqueja a la economía no es sólo financiero, porque la crisis se ha trasladado desde hace un año a la industria y otros sectores. Incluso los países que han iniciado la recuperación, como EEUU, Alemania o Francia, no son capaces de atajar el desempleo. Las empresas están llevando a cabo un doble reajuste: de empleo y costes salariales.

En España, dice el Gobierno, la crisis ha tocado fondo, pero hemos superado ya la barrera insoportable de cuatro millones de parados y aún no hay ningún atisbo de creación de puestos de trabajo. Descolgado de la recuperación, nuestro país afronta un problema mayor dentro de la zona euro. Así las cosas, las medidas que ahora se bosquejan son un mero anticipo de las reformas pendientes.

El Gobierno ha elegido la estrategia de provocar un debate entre los partidos, convencido de que el mejor valor moral y solidario de sus propuestas le dará un plus de aceptación social. Pero se equivoca al esperar un cierto grado de acuerdo con el PP en la solución de los problemas. Rajoy no va a aceptar un pacto mientras siga por delante en las encuestas.

Engullido por la táctica del sondeo a base de propuestas de ida y vuelta, el Gobierno aparenta ser un equipo descoordinado, que emite mensajes confusos o contradictorios. En esta situación no resulta raro escuchar en privado a algunos ministros la necesidad de un cambio profundo del Gobierno para julio, después de la presidencia europea. Alguno va más lejos al explicar el desconcierto como “la vuelta de la vieja guardia”, esa cultura del PSOE que renace transmitida por corrientes siempre en tiempos difíciles.

En esta legislatura, Zapatero perdió un año en tomar la decisión de remodelar su equipo para afrontar la crisis. Y está a punto de agotar otro en la táctica estéril de probaturas y ensayos. En el punto en que estamos, la sociedad no espera debates ni quiere ya propuestas, necesita soluciones.

El líder del PSOE tiene que dejar de arbitrar y emplear los dos años que le quedan de mandato en dirigir con mano firme un equipo cohesionado con voluntad de dar batalla a la crisis. Aunque en ese empeño le suceda lo que a Churchill, que ganó la guerra pero perdió las elecciones.