Dominio público

Podemos Euskadi tras el 25S

Nagua Alba

Secretaria general de Podemos Euskadi

Nagua Alba
Secretaria general de Podemos Euskadi

La semana posterior a las elecciones siempre se da un efecto curioso, las páginas de los periódicos se llenan de análisis - algunos torpes, superficiales o interesados y otros muchos brillantes, profundos y muy sugerentes- y el mundo parece estar repentinamente repleto de sociólogos y sociólogas muy entendidos en la materia. También los partidos se rebanan los sesos para saber qué han hecho bien y dónde han cometido errores, si han sabido lograr la confianza de los sectores a los que apelaban o por el contrario no lo han conseguido. Siempre resultan complejos los análisis postelectorales, pero lo son aún más cuando no se tienen datos, resultados antiguos con los que comparar los nuevos.

En estas elecciones Elkarrekin Podemos ha competido con organizaciones más fuertes y mejor articuladas, con más recursos económicos, con más tradición y más capacidad para llegar a más lugares y a más personas. Somos y seguiremos siendo una fuerza humilde que ha obtenido unos buenos resultados, prometedores, pero también modestos.

En estas elecciones competíamos sobre todo con nosotras y nosotros mismos y con las expectativas generadas por las encuestas. También competíamos con el hartazgo de una parte importante de la población con la situación política y con la sombra letal de unas terceras elecciones. Las elecciones autonómicas son la piedra de toque de la política en la CAV, y concurríamos sin un precedente claro. Sabíamos que el resultado de generales, tanto el de diciembre como el de junio, no era realista en clave autonómica.

Sin embargo, ¿cómo no compararnos con el resultado de hace apenas unos meses? Es difícil de evitar. Un resultado electoral nunca puede explicarse ni por una ni por dos razones. Hay un conjunto de causas coyunturales y estructurales, internas y externas, de ámbito vasco y estatal, que debemos ir analizando poco a poco. Tanto para explicarnos por qué somos segunda fuerza en el Gran Bilbao –uno de nuestros mayores logros hasta la fecha– como para entender el retroceso experimentado en algunos de los tres territorios. También debemos analizar hasta qué punto el atractivo de nuestras siglas para una parte de la ciudadanía está sometido a dinámicas en Madrid que en las últimas semanas no han sido positivas. A pesar de todo, Elkarrekin Podemos ha entrado con fuerza en un Parlamento Vasco complejo, demostrando que podía abrirse un nuevo espacio que ya existía en la sociedad vasca pero no como espacio político, un espacio que no es subalterno de nadie y que supera los ejes tradicionales que marcaban la política vasca hasta hace bien poco.

En Euskadi se abre un ciclo de normalidad parlamentaria. Y el Parlamento Vasco le va a sentar muy bien a Podemos Euskadi. Euskadi es un país de instituciones sólidas y ahora que tenemos representación en todas ellas, podemos plantearnos ya los principales retos de futuro. Vamos a seguir en las calles, como siempre, pero tenemos el deber de aprovechar la estabilización de la política vasca para construir una gran organización vasca, que sirva para articular y ayudar a construir las mayorías sociales del futuro. Una organización más abierta, más sólida, más capaz de impregnar en el territorio y más capaz de atraer a personas diferentes que nos miran con simpatía, pero que no se animan a dar el paso de colaborar. Ahora necesitamos ir un paso más allá y que la visibilidad que ya teníamos se complemente con mayor arraigo en el territorio, con esa clase de visibilidad que no está solo en las calles, sino también en las casas, en las conversaciones y en los lugares de trabajo y ocio. Y sobre todo necesitamos construir tejido organizativo. Tenemos que solidificar y ampliar. Tenemos que abrirnos y avanzar.

Tenemos que ser un referente en todos los ámbitos institucionales en los que estamos. Contamos ya con una medida precisa de nuestra implantación en Euskadi. Se trata de 156.000 votos y de 11 escaños. Es un suelo firme y prometedor para seguir avanzando y para llegar mucho más lejos. Para eso necesitamos hacer las cosas de otra manera, con más calma y con otros mimbres.

Políticamente nos esperan tiempos difíciles, tanto en el Estado como en Euskadi, sobre todo si se confirman los augurios de una coalición entre PNV y PSE, al mismo tiempo que amenazan terceras elecciones. Tendremos que hacer una muy buena oposición. Una oposición distinta, constructiva pero firme en sus convicciones, humilde pero sólida, y sobre todo, de abajo a arriba. Tendremos que ser muy claros para evitar que cale el hastío que propugnan los poderosos como antídoto contra la ilusión y las ganas de cambio. Tendremos que utilizar bien nuestros recursos para ser protagonistas en el Parlamento Vasco, pero también para ir nosotras y nosotros al abordaje de los problemas y anhelos reales de la ciudadanía, allá donde estén, sin prejuicios y sin etiquetas.

Mucha gente se ha quedado en casa este domingo. Eso nos entristece y nos obliga a pensar. Pero también mucha gente nos ha felicitado, dentro y fuera de Euskadi. Muchas de las personas que nos han votado miran con alegría y esperanza el resultado obtenido. También nos debemos a ellas. Sobre todo, nos debemos a ellas.