Opinion · Dominio público

Javier Sádaba o la filosofía comprometida. Reseña de ‘Memorias desvergonzadas’, su último libro

Pedro López López

Profesor de la Universidad Complutense

Con mucho pudor me entrego a la tarea de hacer una reseña de las últimas memorias publicadas por Javier Sádaba, filósofo y referente en nuestro país y fuera de él en una materia tan espinosa y necesaria como la Ética. Afortunadamente para mí, no trata este libro de Filosofía Analítica, Filosofía de la Religión, Bioética u otros temas de gran enjundia filosófica, materias en las que no me siento competente para hacer un comentario mínimamente presentable. En esta ocasión, el amigo Sádaba cuenta sus Memorias desvergonzadas, o parte de ellas, pues no hay que olvidar que anteriormente tiene publicados otros dos libros de memorias (Dios y su máscaras y Memorias Comillenses). Lo que podemos contemplar a través de ellas son sus vivencias, experiencias, batallas, encuentros y desencuentros con cantidad de personajes, grandes, pequeños y medianos. A través de ellas, nos deja una viva pintura del paisaje político y cultural de España en las cuatro últimas décadas.

Portada de 'Memorias desvergonzadas', de Javier Sádaba
Portada de ‘Memorias desvergonzadas’, de Javier Sádaba

Normalmente nadando a contracorriente, ya que no le ocupa ni preocupa lo políticamente correcto ni ha buscado ningún pesebre en los años en los que podía haberlo hecho, puede presumir de no haber atendido la llamada de algunos cantos de sirena, como los que sonaban desde Zarzuela o desde la bodeguilla de Felipe González en los años ochenta, lugares que no ha pisado, manteniendo una dignidad poco común entre los intelectuales patrios. Y es que su posición es nítidamente de izquierdas, sin ambigüedades. No se ha puesto de perfil en ningún tema candente de actualidad, cada vez que se lo han pedido se ha pronunciado sobre multitud de temas escabrosos, como el derecho de autodeterminación (si bien el independentismo no le calienta la cabeza, el unionismo le hastía), la eutanasia, el laicismo, la monarquía, la tortura, etc.

Creo que Javier Sádaba encarna lo que para la izquierda significa la figura del intelectual, alguien que reflexiona sobre la realidad social, participa en el debate público aportando sus ideas y tiene predicamento sobre un sector de la sociedad, y en este sentido, no cabe duda de que tiene seguidores.

Como buen filósofo, gusta del buen vino, de la buena comida y de la amistad; como ser humano sensible, de la música y del amor, encarnado en Elena, a la que no deja de declararse aunque haya desaparecido en 2015; como activista de izquierdas, defiende y practica la coherencia y la dignidad, y, desde luego, la independencia de criterio y la libertad de decir lo que piensa moleste a quien moleste. Lógicamente, no es un intelectual cómodo, como tiene que ser siempre para el poder. Esta postura crítica le llevó a la expulsión de la universidad a principios de los setenta, y no fue la única. Y es que la independencia de criterio, pero más la decencia, se paga muy cara en este país.

Tuve la suerte de trabar amistad con él hace años a raíz de contactar con él para que apoyara una iniciativa destinada al fracaso, pero que había que impulsar: la Plataforma Juicio a Aznar. Dio la cara, apoyando la iniciativa y participando en una mesa redonda en el marco de una jornada celebrada el 23 de febrero de 2008. No era fácil conseguir apoyos, y Sádaba no decepcionó. Esto da la idea de su compromiso político.

Por el libro pasan un sinfín de personajes de la intelectualidad, de la política, del periodismo y de la universidad. A algunos los admira, y en este apartado, por encima de todos está el intelectual seguramente más respetado por la izquierda en todo el planeta, Noam Chomsky. Anarquista tenía que ser. Es lo que tiene Estados Unidos, que en las entrañas del monstruo hay también resistentes inspiradores para el pensamiento emancipatorio. Figuras como Noam Chomsky, Howard Zinn, Richard Sennet, Michael Moore, Oliver Stone y muchas otras nos hacen mantener cierta esperanza. Nos cuenta Sádaba que Chomsky se inspiró en sus inicios en el anarquismo español. Y no es de extrañar; por mi parte, no hace mucho me enteré de que el gran lingüista escribió su primer artículo a los 9 años para una revista del colegio, y el artículo trataba de la guerra civil española, cuando leyó en la prensa que Barcelona había caído ante el avance fascista. El sociólogo Richard Sennet, brillante ensayista, es hijo de un brigadista estadounidense. Indagando un poco, encontramos muchas referencias sobre la conexión de la izquierda estadounidense con la Segunda República, y como último dato curioso, decenas de actores, actrices y directores que habían apoyado a la República fueron censurados en el cine español durante el franquismo.

Como decía, por el libro desfilan una multitud de personajes con los que Sádaba se ha ido encontrando en estas décadas: Ángel Gabilondo, Emilio Lledó, Fernando Savater, Carlos París, Julia Otero, Carmen Rigalt, Emilio Lledó, Nicolás Sartorius, Javier Sardá, Antonio Fraguas “Forges”, Carmen Díaz de Rivera, Javier Solana, Gregorio Peces Barba, Gustavo Bueno, Baltasar Garzón, Jesús Mosterín, Carmen Díaz de Rivera, Tomás Pollán, José Luis López Aranguren, Federico Mayor Zaragoza, Javier Muguerza, Andrés Aberasturi, que le prologa el libro, y un largo etcétera. Estos personajes pasan por su vida dejando impresiones diversas, como es lógico: admiración, agradecimiento, decepción, amistad…

Cuestiona la mitificada Transición, critica la Universidad, critica el sistema político (“yo no voto por principio porque es dar la cuerda al que te ahorca”, dice), reparte algún que otro mandoble para algunos santones de nuestra más que imperfecta democracia. En fin, la lectura del libro no dejará indiferente a nadie, y en todo caso nos aporta jugosas reflexiones sobre temas variados (la religión, el dolor, la guerra, la eutanasia…), datos, anécdotas, semblanzas y todo un cuadro de nuestro país desde los años sesenta hasta hoy mismo.