Opinion · Dominio público

Día 15 de septiembre, Día Internacional de la Democracia

Federico Mayor Zaragoza, Carlos Giménez Romero, Manuela Mesa Peinado

Instituto de Derechos Humanos, Democracia, Cultura de Paz y No Violencia (DEMOS-PAZ) de la Universidad Autónoma de Madrid

Con motivo del Día Internacional de la Democracia, el Secretario General de las Naciones Unidas, Antonio Guterres, ha hecho público el siguiente mensaje:

“La democracia se ve sometida a más presión ahora que en ningún otro momento desde hace décadas. Por ello, este Día debería hacernos buscar formas de vigorizar la democracia y respuestas a los desafíos sistemáticos que enfrenta.

Ello supone corregir la desigualdad, tanto económica como política. Supone hacer más inclusivas nuestras democracias, mediante la integración de los jóvenes y los marginados en el sistema político. Y supone hacer que las democracias sean más innovadoras y receptivas a los nuevos desafíos.

Esforzarnos por un futuro que no deje a nadie atrás nos exige considerar interrogantes esenciales y urgentes. Por ejemplo, ¿cómo repercutirán la migración o el cambio climático en la democracia en la próxima generación? ¿Cuál es la mejor forma de aprovechar el potencial de las nuevas tecnologías evitando al mismo tiempo sus peligros? ¿Cómo hemos de construir una mejor gobernanza para que la democracia ofrezca mejores condiciones de vida y colme las aspiraciones de las personas?

En este Día Internacional de la Democracia, comprometámonos a aunar nuestras fuerzas por el futuro de la democracia”.

Estas son las palabras que deberían reproducir ampliamente los medios de comunicación y las redes sociales porque, por primera vez en la historia, la humanidad hace frente a desafíos globales que requieren acciones inaplazables.  “Mañana puede ser tarde”, debido a que se trata de procesos potencialmente irreversibles.

La respuesta es democracia genuina, basada en la convicción de la igual dignidad de todos los seres humanos.  Democracia ética, social, política, económica, cultural e internacional, tal como figura en el texto borrador de la Declaración de Democracia que se redactó hace unos años con Karel Vasak, Juan Antonio Carrillo Salcedo…y ha sido suscrito, después, entre otras personalidades bien acreditadas, por Mario Soares, Adolfo Pérez Esquivel, Javier Pérez de Cuéllar, Boutros Boutros Ghali,… habiendo incorporado matices y sugerencias de  notorios expertos en este tema.

Ha llegado el momento de la democracia participativa, de la educación para todos a lo largo de toda la vida, para que actuemos en virtud de nuestras reflexiones y nunca más al dictado de nadie.  Para que seamos “libres y responsables”, como lúcidamente establece la constitución de la UNESCO para los “educados”.

Ha llegado el momento de la democracia, de “Nosotros, los pueblos”, como se inicia la Carta de las Naciones Unidas.  Son “los pueblos” los que deben tener en sus manos las riendas de la gobernanza y no los grupos plutocráticos (G7, G8, G20) que han conducido a la deriva conceptual y práctica que actualmente sufre la humanidad.

Hay que reconocer, sin embargo, que en 1945 “los pueblos” no tenían voz.  Más del 90% de la población mundial nacía, vivía y moría en unos cuantos kilómetros cuadrados… .  Eran personas obedientes, silenciosas, temerosas.  Hoy sigue siendo alto este porcentaje, pero son muchos los que ya pueden, gracias en buena medida a la tecnología digital, saber lo que acontece más allá de su entorno inmediato, y pueden expresarse libremente.   Pero, sobre todo, ahora “los pueblos” son ya hombre y mujer.

Sí: “los pueblos” están siendo acosados por el “gran dominio” (militar, financiero, mediático, energético) para ser espectadores impasibles y obcecados en lugar de actores diligentes y comprometidos.  Miles de personas mueren al día, la mayoría niñas y niños de 1 a 5 años de edad, al tiempo que se invierten en armas y gastos militares más de 4,000 millones de dólares… al tiempo que se deteriora la habitabilidad de la Tierra, incumpliéndose, sin posibilidades de retorno, nuestras responsabilidades intergeneracionales… al tiempo que resurgen brotes supremacistas y xenófobos, peligrosísimos precursores de las confrontaciones más sangrientas… al tiempo que la insolidaridad se acentúa y la brecha social se agudiza…

Por todo ello, es tan importante que resuene bien alto y en todas las conciencias la necesidad apremiante de una democracia participativa que permita poner en práctica lo que establece con gran clarividencia el Preámbulo de la Constitución de la UNESCO:”La humanidad será guiada por los “principios democráticos”…

Otras dos claves de este necesario impulso de la democracia genuina son, por una parte, fortalecer la vinculación entre Democracia y Ciencia y, por otra parte, potenciar fórmulas y experiencias de democracia local.  Pensemos, respecto a lo primero, en la democracia  no solo como sistema de gobierno sino como ideal de vida ética, en libertad y en sociabilidad positiva;  y en la ciencia no solo como conocimiento sino como espíritu de libertad, creatividad, racionalidad, veracidad y trabajo en equipo. Y, respecto a lo segundo, afirmemos la democracia participativa también desde lo cercano y convivencial: los municipios, barrios y comunidades locales.

Que el día 15 de septiembre, “Día de la Democracia”, se extienda a todos los días y se inicie el cambio de rumbo que los jóvenes y las generaciones futuras merecen.  He repetido el gran impacto que tuvo en mi vida la frase terrible de Albert Camús: “Les desprecio porque podían y no se atrevieron”.

¡Debemos atrevernos!