Opinion · Dominio público

La fortuna de los borbones: adiós al rey de oros

En 2012, en plena polémica sobre la caza de elefantes en Botswana, The New York Times calculó que la fortuna del exrey Juan Carlos I rondaba los 1.800 millones de euros. Diez años antes, la revista británica EuroBusiness ya había cifrado el patrimonio de los borbones en 1.790 millones. Aquella publicación desató la controversia en 2002 y el embajador español en Londres terció a favor de la Casa Real. Semejante estimación, decía el diplomático, era “disparatada” y solo podía explicarse si se sumaban la fortuna privada del rey y las propiedades públicas de Patrimonio Nacional. En 2009, la revista Forbes perseveraba en el cálculo y volvía a mencionar la cifra de 1.790 millones.

Lo cierto es que la fortuna privada de los borbones se resiste a cualquier estimación. Ente otras cosas porque la propia familia real se ha encargado de correr una cortina de opacidad sobre sus cuentas. Pero sobre todo, porque la Constitución española garantiza esa opacidad. Hace ahora un año, la Mesa del Congreso de los Diputados vetaba una batería de preguntas de Unidos Podemos sobre las finanzas de la monarquía. La Cámara Baja se amparó entonces en el artículo 56.3 del texto constitucional, donde se establece que “la persona del Rey es inviolable y no está sujeta a responsabilidad”. Además, el artículo 65 recuerda que “el Rey recibe de los Presupuestos del Estado una cantidad global para el sostenimiento de su Familia y Casa, y distribuye libremente la misma”. Es decir, que la gestión del dinero real escapa al control público.

El rey emérito ha protegido con tanto celo sus negocios que solo hemos tenido noticia de ellos cuando algún socio distraído o despechado se ha decidido a irse de la lengua. En julio de 2018 saltaron a la prensa las revelaciones de Corinna zu Sayn-Wittgenstein, la “amiga entrañable” del rey que pudo ser su testaferro en Mónaco. La ventaja del principado es que exime a los ciudadanos de declarar sus bienes. Entre las grabaciones del comisario José Manuel Villarejo aparece una conversación registrada en Londres en 2015 donde Corinna confiesa las maniobras de Juan Carlos I. Al parecer, el monarca había aprovechado su relación íntima con la empresaria alemana para camuflar patrimonio. «Te levantas por la mañana y te dicen que tienes un terreno en Marrakech”, explica Corinna. Ahora, con la relación ya rota, el exrey y “su gente” estarían exigiendo la devolución de las propiedades que pusieron a nombre de la empresaria.

La grabación de Corinna también desvela que Juan Carlos I podría tener varias cuentas en Suiza a nombre de su primo, Álvaro Jaime de Orleans-Borbón, también afincado en Mónaco. El nombre del aristócrata había saltado a la prensa en 2015 cuando se conocieron sus negocios offshore en la costa de Cádiz con ramificaciones en paraísos fiscales como las Islas del Canal o las Islas Vírgenes Británicas. Algunas de las cuentas suizas de los borbones, dice Corinna, pudieron haberse beneficiado de la amnistía fiscal aprobada por Rajoy en 2012. De momento, Pedro Sánchez se resiste a cumplir su promesa de revelar los nombre de los treinta mil amnistiados. La grabación de Corinna terminó en los tribunales en el seno de la Operación Tándem. Sin embargo, Anticorrupción pidió el sobreseimiento y el juez instructor tardó menos de dos meses en archivar la investigación. La Audiencia Nacional sostiene que las pruebas son insuficientes y apela a la inviolabilidad del rey.

El misterio de las cuentas suizas no es nuevo. En 2013, El Mundo destapaba que en 1993 Don Juan de Borbón había legado a sus hijos un total de 728 millones de pesetas en francos suizos. A Juan Carlos I le correspondieron 375,6 millones de pesetas que terminaron en un banco de Ginebra. La infanta Margarita hizo lo propio con 172,3 millones de pesetas. La infanta Pilar, que ingresó sus 131,4 millones de pesetas en J. P. Morgan, terminó implicada en 2016 en los Papeles de Panamá. La hermana del rey había dirigido una sociedad financiera offshore que estuvo activa entre 1969 y 2014. Las fechas coinciden con el nombramiento de Juan Carlos I como sucesor de Franco y con su renuncia a la Corona respectivamente. La Sexta asegura que la Junta Directiva de Delantera Financiera firmó su disolución una hora y media antes de que el rey comunicara su abdicación al Gobierno.

El nombre del rey emérito también aparece durante 2017 en pleno caso Pujol. La Audiencia Nacional tiene en su poder archivos policiales que sugieren la participación de Juan Carlos I en la cuenta Soleado de la trama Gürtel. Activa en Credit Sussie desde 1995, la Soleado es una red de subcuentas administradas por el financiero Arturo Fasana que señalan a empresarios y a cargos del PP. En las notas recogidas por el juez José de la Mata, el comisario Villarejo acusa al CNI de haber comprado el silencio de Jordi Pujol para que no incrimine a altas personalidades ligadas a la cuenta Soleado. Esta suposición, desmentida por los servicios de inteligencia, podría conectarse con la visita de Fasana a La Zarzuela en 2008. Manuel Cerdán revela que fue el chófer de Francisco Correa quien condujo al financiero suizo hasta el palacio del rey.

Uno de los puntos negros de la fortuna borbónica apunta a la estrecha y longeva relación entre Juan Carlos I y la dinastía Al Saud de Arabia Saudí. En 1977, el entonces príncipe Fahd concede al nuevo monarca español un préstamo de cien millones de dólares sin intereses. Por lo visto, jamás fueron devueltos. La flamante amistad del régimen constitucional español y la petrodictadura árabe quedó sellada con un viaje oficial a Riad en octubre del mismo año. Por entonces, Juan Carlos I andaba recaudando fondos que permitieran llevar a buen puerto su apuesta personal por Adolfo Suárez. En una carta de 1977 publicada por Gregorio Morán en Adolfo Suárez: ambición y destino, el rey de España se dirige al Sah de Irán y le reclama diez millones de dólares que contribuyan a que el líder de UCD detenga el ascenso del marxismo. Cuenta José García Abad en Adolfo Suárez: una tragedia griega que aquella donación terminó más en los bolsillos del rey que en los del presidente.

Durante la crisis del petróleo de 1973, Juan Carlos I ya había solicitado el auxilio de su “hermano” saudí. El príncipe Fahd se comprometió entonces a que España nunca sufriera carencia de crudo. Ahí es donde el joven sucesor del Caudillo inauguró el suculento negocio de las comisiones. Al menos así lo relata Rebeca Quintans en su libro Juan Carlos I, biografía sin silencios. El exconsejero de Campsa y ahora asesor de Vox, Roberto Centeno, sostiene que el rey emérito estaba embolsándose en 1979 alrededor de cinco millones de dólares por cada petrolero adquirido. Manuel Prado y Colón de Carvajal, mano derecha del monarca y administrador de su fortuna durante dos décadas, también habría cobrado su porcentaje. Explica Jesús Cacho en El negocio de la libertad que Felipe González estaba al tanto de aquel trajín de comisiones. “¡Dile a Manolo Prado que se conforme con el 2 por 100, porque eso de cobrar el 20 es una barbaridad”, dicen que exclamó en una ocasión el expresidente en La Zarzuela.

Este pasado lunes, Juan Carlos I ha comunicado al rey Felipe VI su intención de abandonar la vida pública a partir del 2 de junio. El anuncio coincide con el quinto aniversario de su abdicación. En 2014, la familia real atravesaba tal vez su peor trago desde la restauración monárquica de 1975. Al escándalo de Urdangarín y el caso Nóos se sumaba la polémica cacería de Botswana. La monarquía alcanzó las cuotas más altas de repudio público con una valoración de 3,72 puntos en las encuestas del CIS. Felipe VI no consiguió recuperar el aprobado y el CIS interrumpió en 2015 su barómetro sobre la Casa Real. Cinco años después, persiste el apagón informativo y se mantienen tanto la inviolabilidad del rey entrante como el aforamiento del rey saliente. Gracia a este estatus de especie protegida, no podemos conocer el alcance de la fortuna real. Anticorrupción no está autorizada para investigar, por ejemplo, si Juan Carlos I recibió un porcentaje de los 80 millones de euros de comisión que según Corinna abonaron los constructores agraciados con el AVE a La Meca. Así se despide el rey emérito. Primero inviolable, después aforado y siempre impune.