Opinion · Dominio público

Chile: Problemas en el paraíso

Luis Nitrihual Valdebenito

Doctor por la Universidad Complutense de Madrid y Vicedecano de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de la Frontera (Chile)

Problemas en el paraíso es el título de un libro del filósofo esloveno Slavoj Zizek que me parece se ajusta en buena medida a lo que ocurre en Chile en estos precisos momentos. Pero también se ajusta a lo que ocurre en Brasil, Colombia, Argentina, Ecuador y tantos otros países que han sido, y están siendo, expoliados por el capital transnacional, por los mercaderes sin patria que barren con nuestros derechos y están por sobre los intereses de los y las ciudadanos/as.

Chile, punta de lanza de la arremetida neoliberal, ha sido totalmente atravesado por el mercado. Todas las esferas de la vida están penetradas por una mercantilización destructiva y funesta. El mismo país donde la Escuela de Chicago experimentó un sistema que más tarde recorrería el mundo entero, se levanta de pronto para manifestar su hondo descontento con el sistema económico y social imperante. Cierto es, justo es reconocerlo, que los estudiantes, las mujeres en el último tiempo, y otros colectivos, vienen luchado desde hace bastante contra este modelo injusto. También los Mapuche en el sur de Chile luchan desde hace siglos. Pero esta masividad en las protestas no se veía desde los aciagos tiempos de la dictadura.

¿Qué coincidencia que ocurra durante el gobierno de una coalición que apoyó al régimen fascista de Pinochet y compañía? La historia siempre nos recuerda sus permanencias y sus giros. Algunos de aquellos que administraron la dictadura, ahora deben lidiar con el descontento de la ciudadanía encendida.

Pero examinemos las cosas con calma. Estas protestas, accesos de violencia ante la burla mercantil, ocurren como respuesta a un alza en el precio de los pasajes en el metro en Santiago. Algo aparentemente inofensivo. ¿Pero es este el problema realmente? Claramente no. Ocurre que en estos momentos Chile está siendo gobernado por una élite torpe y “risueña”. Una élite sin pudor que poco sabe de gobernar y mucho sabe de ordenar, mandar, ganar y disfrutar. Hace algún tiempo, ante la pregunta, por parte de un periodista, sobre las largas esperas para ser atendido en los centros de salud, el subsecretario de la cartera señaló que ir de madrugada es una “forma de socialización” que tiene la gente. O sea, las personas van temprano para divertirse. En otro número especial, el presidente de los Fondos de Pensiones (AFP), Andrés Santa Cruz, señaló: “que a uno le metan el dedo a la boca y además quieran jugar con las amígdalas, es un poquito mucho», en relación al diferendo legal que mantienen algunos jubilados con el horrible sistema de pensiones que condena a la miseria a las personas mayores. Este tipo de respuestas escandalosas suman y siguen.

El nivel de las autoridades que gobiernan Chile en estos momentos es tan malo que haría llorar de tristeza a muchos líderes emblemáticos de la derecha tradicional, pre golpe militar de 1973. La distancia entre élite y pueblo es un abismo tan grande que a muchos personeros de gobierno les parecen humoradas los sufrimientos de la gente que debe levantarse de madrugada para tener una hora de atención médica o de aquellos que caen en la pobreza cuando son mayores.

Si esto no es llamar a la revuelta social, ¿qué es?

Qué se puede esperar ante este escenario creado por la misma élite, sino la cruda respuesta social por parte de los ciudadanos y ciudadanas. El pueblo aguanta hasta que le tocan demasiado las narices. Este mal gobierno de Sebastián Piñera, una versión aun peor que su anterior mandato, será el cierre de un proceso de recuperación electoral de la derecha, pero también el resurgimiento del fascismo pinochetista difuminado entre pobres y ricos, entre élite y “lame élite”, entre aquellos que vivieron el pinochetismo y aquellos que anhelan una vuelta al modelo autoritario.

La aplicación de medidas propias del estado de excepción, como el toque de queda en la ciudad de Santiago, se sustenta en el electorado que actualmente apoya a Piñera. Un electorado al cual le importa poco la democracia y mucho la economía. La derecha, debemos recordar, ha utilizado la violencia para apagar la protesta social durante todo el siglo XX. Esto les parece correcto. Les parece normal y a eso recurrirán una y otra vez. Tampoco resulta extraño que algunos de los actos vandálicos sean cometidos por agentes del estado como forma de agudizar la crisis y aplicar medidas represivas aún mayores. Estamos ante la incapacidad de la derecha para gobernar políticamente Chile.

En el mundo circulan aires de gran inestabilidad. El neoliberalismo entra en crisis, pero no será una crisis mortal, no acabará pronto. Debemos ver como será reemplazado pues el capitalismo se rearticula en situaciones de crisis. ¿Será bajo la forma del capitalismo chino? Lo cierto en que el autoritarismo será la estrategia para intentar apagar el incendio que esta iluminando el paraíso capitalista; el gran mercado global de mercancías, un mercado que incluye a hombres y mujeres en el interior iluminado de sus escaparates.