Dominio público

Año I d.c. (después del coronavirus)

Tomás Alberich

Sociólogo. http://tomasalberich.blogspot.com/

En el año uno de la nueva era hemos reaccionado igual frente a la epidemia que en épocas anteriores, del siglo XIX y XX, incluso muy parecido a las de la antigüedad: hemos esperado a que la epidemia llegara, sin apenas previsiones. Era algo que ocurría lejos. La falta de preparación ha sido especialmente dramática en los países europeos del mediterráneo y en Estados Unidos. No en otros países, Alemania, Corea del Sur, etc., sí han sido previsores y la pandemia no está causando estragos.

Algunas cifras lo siguen mostrando: hasta la semana pasada se estaban haciendo 15.000 test de detección en España, en Alemania 500.000 semanales desde el principio de la pandemia (datos de Helena Legido, investigadora, 1/04/20). Ahora el ministro de Sanidad español anuncia que ya se están haciendo más de 10.000 al día y que se va a repartir un millón de test a las Comunidades Autónomas. Es decir que, para el conjunto de España, se va a disponer próximamente de los test equivalentes a lo que en Alemania gastan cada dos semanas desde hace tiempo. Lo dicho, que tenemos la mejor sanidad del mundo -o creíamos tenerla.

También se cambia respecto a las mascarillas. Después de varias importaciones masivas y cuando parece que por fin van a estar disponibles… ahora sí se recomienda su uso, antes no. Hasta hace unos días las autoridades españolas decían, y repitieron hasta la saciedad los medios de comunicación, que llevar mascarillas por la calle o para hacer la compra no era necesario, que no servía. E incluso podía ser contraproducente, ya que, si se ponen mal, dan una falsa sensación de seguridad. Ahora ya no. El rey y el presidente de Gobierno han aparecido con mascarilla en los pocos actos públicos realizados, y el argumento de que no servían se va por la alcantarilla.

Algunos especialistas han llegado a decir que, si se recomendaba, todo el mundo querría adquirir mascarillas y faltarían para los que más las necesitaban (personal sanitario, de seguridad, etc.), que esto es un argumento más para no recomendar su uso masivo. Es tanto como decir: NO existe el Estado, si lo recomendamos algunos las tendrán y otros (personal público) no. El Estado no existe pues, no es capaz de organizar su adquisición y uso ¿No habíamos quedado en que estábamos en un Estado de Alarma? El material básico de seguridad ¿lo controla el Estado o solo quién se lo puede pagar? O ¿es que la sanidad pública y el ejército compran las mascarillas y el material de protección en las mismas tiendas que todo el mundo, bajo la ley de la oferta y la demanda?

En enero ya se confina a la población china y el uso de mascarillas es obligatorio, pero aquí, todas estas autoridades y jefes de la sanidad española y de las CC.AA., o de Italia, ¿en qué estaban pensando?

En el anterior artículo sobre el tema (El virus que cambió la Historia) decía que "La crisis mortal del coronavirus durará dos o tres meses ... Durante uno a dos años tendremos restricciones de movimientos, precauciones higiénicas y sociales, tanto impuestas como voluntarias... pero ya nada será igual", no volveremos a lo mismo. Se consideró excesivamente pesimista. Ahora vemos que la situación sanitaria-mortal en España va lentamente a mejor, pero todo lo demás va a peor. Esto no es un paréntesis en nuestra historia, es otra Historia. Cuanto antes nos demos cuenta, antes reaccionaremos y nos prepararemos para la nueva Historia que acaba de comenzar.  De momento sabemos que están cambiado muchas cosas, dos de ellas muy diferentes: nuestra concepción sobre el tiempo y sobre los servicios públicos.

La comunicación y la economía a peor

Las ruedas de prensa del Gobierno han ido a peor. Al principio de la Alarma eran rigurosas, daban sensación de seriedad y seguridad. Ahora aburren. Horas y horas de comparecencias públicas de ministros y comités repitiendo las mismas ideas, sin concretar prácticamente nada. Especialmente lamentable la del Presidente del pasado viernes 3, anunciando más estados de alarma indefinidos. La mitad del tiempo diciendo lo duro que es esto para todos y la otra mitad diciendo que saldremos y que él es quien más lo siente. O sea, diciendo lo que ya sabemos. En plan cura, alabando lo buenos y disciplinados que somos la mayoría de los españoles. Los apelativos a "yo mejor que nadie… comprendo que, sé, conozco, lo siento más que nadie" ¿a qué vienen? Solo concretó la acción próxima en el turno de las preguntas, seleccionadas por sus asesores, y manteniendo la negativa a las preguntas en directo. Afortunadamente esto cambia el lunes 6 que se admiten preguntas en directo.

Hace unos años nos preguntábamos:

"¿Por qué España es el país en que más ha aumentado la desigualdad con la crisis desde 2008, pasando de estar en posiciones intermedias [en Europa] a ser el más desigualitario? … 1. El punto de partida es una sociedad desigualitaria, (…) 2. Un modelo económico débil, basado en exceso en los servicios y el turismo y, desde finales de los noventa, teniendo a la especulación inmobiliaria como motor. Este modelo supone que cuando Europa estornuda España coge la gripe." (Alberich y Amezcua, 2018:40. Desigualdad, clases y bloques sociales). El modelo económico de 2008 sigue igual.

Estados Unidos lo peor de lo peor, caminando hacia el millón de fallecimientos

El sueño norteamericano hiperindividualista hace aguas por todos lados. De qué me sirve tener dinero si no me puedo relacionar con nadie, ni puedo viajar, salir, por el miedo. Sí, el dinero sirve para muchas cosas se dirá. Con dinero puedo hacerme test a mí mismo cada poco y a todos los que me rodean, o no entraré en contacto con ellos si no los pasan. Efectivamente una minoría estará fortificada frente al virus. El cordón sanitario total. Y tendremos los Immunity Passport, otorgados a los que ya han pasado el virus y -se supone- no pueden adquirirlo y transmitirlo. Necesarios para poder transitar e ir a los trabajos y a muchos sitios.

Pero la economía se va a pique. La estrategia de Trump (y de Johnson en GB) ha sido la de tranquilidad, aquí no pasa nada, que se extienda el virus, habrá muertos pero a medio plazo la sociedad se autoinmuniza y la economía apenas se para, solo un poco y durante poco tiempo. No hacen falta los confinamientos.

Pero cuando algunas instituciones y estudios indicaron al gobierno norteamericano que, si no se tomaban medidas radicales preventivas y de confinamiento, la pandemia causaría de uno a dos millones de muertes en los próximos meses, no les ha quedado más remedio que cambiar de estrategia y "recomendar" confinamiento y medidas protectoras. Y eso teniendo en cuenta que el número de muertes oficiales siempre es menor que el real causado por el virus, en todos los países, ya que mayoritariamente no se hacen autopsias, está habiendo muertes no diagnosticadas en casa y en residencias, etc. Todavía Trump está diciendo que una bufanda protege tanto como una mascarilla… cambiará el discurso cuando tengan mascarillas para venderlas masivamente.

La economía norteamericana ya dejó de ser la primera del mundo frente a la China. Eso sí, sus fuerzas armadas sí son las más poderosas. Mantienen bases militares en más de cien países, en todos los confines del planeta. Pero ¿de qué sirven estos enormes ejércitos y gigantescos gastos militares, con sus grandes armas de destrucción masiva y total, frente a un enemigo invisible? Hemos visto muchas películas en que grupos terroristas querían lanzar virus mortales sobre la población, pero resulta que, aquí y ahora, las secciones de las fuerzas armadas preparadas para la guerra bacteriológica son ridículas, a pesar de que existen desde hace más de medio siglo.

El número de parados se multiplica en todos los países. En EEUU más. Dentro de pocos días será el país con más fallecimientos por coronavirus y dentro de unas semanas el que su economía caerá más. Millones y millones de parados. Ante esta situación pueden ocurrir varias cosas.

Puede ocurrir que la situación se solucione poco a poco. Es la que espera su Gobierno. Sigue pensando que viven en una sociedad de posibilidades infinitas, el sueño americano, con la fe ciega puesta en la ciencia y en la investigación biotecnológica. Piensan que las farmacéuticas conseguirán pronto una medicina que cure la enfermedad vírica (aunque sea cara, solo para el que se la pueda pagar) y que, unos meses después, se logrará una vacuna. Pero, si no se consigue pronto una medicina salvadora, pueden ocurrir otras situaciones más pesimistas, como estallidos sociales de gran magnitud y/o el inicio de una guerra:

Lo primero por: 1, lo insostenible de las diferencias socioeconómicas, con millones de nuevos parados y familias en la pobreza, 2, es el pueblo más armado del mundo. En los primeros días de la pandemia, lo que más compraron los norteamericanos fueron armas. Los comercios confirmaron que las ventas estaban disparadas (nunca mejor dicho) y que la mayoría eran nuevos compradores, que por primera vez adquirían armas. Un estallido social en esta situación puede ser de una violencia inimaginable, con resultados comparables a una guerra.

Ante tanta calamidad y en un sistema tan absurdo, que deja morir por virus y hambre a millones de personas, la otra vía de distracción es la de iniciar una guerra convencional. Una vía de escape típica para los gobiernos en crisis a lo largo de la historia. Cuando Nixon estaba a punto de impeachment por el Watergate, movilizó a las fuerzas armadas con armas nucleares en todo el planeta (incluidos sus barcos de guerra con bombas atómicas) por una supuesta situación de crisis con la Unión Soviética. Era una maniobra de distracción. No tuvo más remedio que dimitir en 1974 y la crisis desapareció. Ahora Trump, que ya ha ganado su propio impeachment, puede iniciar una guerra de invasión en Venezuela o Irán. Es lo que saben hacer algunos, y USA es el mayor especialista en esto. El mayor peligro para la paz mundial.

¿Crisis total del capitalismo? ¿Ha llegado a su fin? ¿Habrá más muertos por la recesión económica que por el virus?

"La crisis ha puesto de manifiesto la necesidad de contar con un sector público potente, comprometido con las clases populares; del mismo modo que, más allá de la enfermedad, los grandes desafíos que tenemos por delante en materia de igualdad, sostenibilidad, democracia y decencia requieren una estratégica intervención del Estado"  (Manuel Garí y Fernando Luengo, Unión Europea, una nueva decepción).

Casi nadie duda de que de esta crisis se demanda más servicios públicos eficientes y también más Estado, Estados más fuertes. Esto supone también una revisión ideológica y de actualización de las teorías políticas. No solamente muestra la falsedad e inutilidad de las teorías neoliberales globalizadoras y del libre mercado que vive a costa del Estado. También las corrientes partidarias de la autogestión radical, del anarquismo, los pensamientos que propugnan más autogestión descentralizada y menos Estado, tendrán que asumir que ahora se demanda lo contrario, más Estado, más Unión Europea y más OMS-ONU. Más Estados democráticos y más participación sí. Pero más Estado y más UE al fin y al cabo.

Esto no significa quedarnos solo con la cantinela de "El capitalismo de Estado de China se ha revelado más eficaz". Los partidarios de un Estado más autoritario se multiplican y, para responder, la izquierda no se puede quedar en el discurso de que lo que hace el Estado chino aquí es inasumible. Es cierto. Pero hay que presentar alternativas democráticas eficaces. Si no, con más de cien mil de muertos solo en la UE en las próximas semanas, la batalla ideológica estará perdida.

También sostienen algunos que esto es la crisis total del capitalismo, o que, al menos, la globalización y el capitalismo neoliberal han llegado a su fin.

Afirmaciones parecidas se dijeron con todas las crisis: la de 1971-73 y más aún con la Gran Recesión de 2007. Pero luego vimos que no. El capitalismo sigue y reforzado. Y están los más realistas, que sostenemos que el capitalismo y la globalización como los hemos vivido hasta ahora dejarán de existir pero solo en el sentido de que cambiarán y mucho a partir de ahora, pero que seguirán existiendo en las próximas décadas, ¿de qué diferente manera? Dependerá de cómo actuemos la mayoría social. De cómo nos organicemos y respondamos ante el mundo nuevo que está naciendo.

Josep Ramoneda pronostica que los neoliberales defenderán que esto simplemente es una crisis más del sistema, como tantas otras. En unas pocas semanas, en cuanto pase la crisis sanitaria, hay que volver a lo mismo. Pienso que se van a instalar dos tipos de discursos, como ha pasado en crisis anteriores. 1. De cara a su fundamentación teórica el neoliberalismo defenderá que esto es una crisis más, que hay que volver a lo de siempre, con leves cambios (mercado libre, el Estado al servicio de las empresas, con más Estado autoritario pero no más Estado de Bienestar, etc.). 2. Pero, hacia fuera, el discurso será ligeramente diferente. Las crisis siempre son aprovechadas por el capitalismo para recortar derechos y reducir el poder de las clases trabajadoras. Públicamente los representantes de la patronal, las grandes corporaciones y los partidos de la derecha no van a defender en lo concreto "hemos salido de la crisis sanitaria, volvamos a la situación anterior". Su discurso va a ser aún peor. La oligarquía va a defender que: se han perdido dos, tres millones de puestos de trabajo (solo en España), ahora no es el momento de políticas equitativas y sociales, no es el momento de los impuestos, para crecer hay que trabajar más con menos salarios. Hay que apretarse el cinturón (el que lo tenga). Ya que todos hemos perdido dinero y especialmente los pequeños empresarios y los autónomos (los nuevos santos de la economía), deben trabajar los que estén dispuestos a sacrificarse más horas por menos retribución. Es la conclusión de lo que significa volver a tener un gran "ejército de reserva", millones de parados, esperando para conseguir trabajar como sea. ¿Recuperar el impuesto de sucesiones, de donaciones, de…? Eso no, eso es malo para la economía ¿Poner el IRPF al nivel de la media europea? No, eso es malo.

En fin, estamos en el año uno de la nueva era DC, no después de cristo, después del coronavirus. El destino no existe. Lo más inesperado ha ocurrido. La Historia no está escrita, está por escribirse. No dejemos que nos la escriban otros.

Una nueva generación nace, nacemos, más fuerte y resistente. Pasada la pandemia queda la reconstrucción.