Dominio público

Nuevos ‘Pactos de la Moncloa’ ¿para qué?

Los firmantes de los pactos de la Moncloa posan en el salón de columnas tras rubricar el acuerdo económico. EFE
Los firmantes de los pactos de la Moncloa posan en el salón de columnas tras rubricar el acuerdo económico. EFE

El Presidente del Gobierno Sr. Sanchez en su comparecencia del pasado sábado dijo:  «Todos los partidos, con independencia de su ideología, vamos a trabajar en unos nuevos Pactos de la Moncloa para relanzar y reconstruir la economía y el tejido social de nuestro país». Como es lógico, desde entonces los media están inundados de comentarios sobre la conveniencia o no de dichos pactos, que en 1977 fueron la antesala de la Constitución de 1978. Todo son loas a aquel  Pacto que consolidó la base económica para el gran acuerdo político que se estableció poco después.

La gran pregunta, sin embargo, debiera de ser, para que se quiéren hacer estos pactos.  Ni el contexto global y europeo, ni la situación del país se parecen a la de entonces. Es verdad que tanto entonces como ahora se experimentaba una difícil situación económica, pero sus variables definitorias eran muy diferentes. ¿Por qué se resucita ahora una figura política tan específica de un momento social muy especial de la transición? ¿tan poca imaginación política tienen nuestros dirigentes que no son capaces de innovar en el terreno de la acción política sino que tienen que retrotraerse a épocas pasadas?

Desde la óptica de las clases populares no se debiera olvidar que los ahora tan alabados Pactos supusieron un duro programa de ajuste económico y  crueles medidas de deterioro de la situación para las clases trabajadoras. Entre ellas una importante disminución de salarios y el despido libre, además de  la garantía que serían aceptadas sin alterar la paz social. Los Pactos de la Moncloa no fueron sólo la actuación de éxito que se pretende recordar. Fueron también unos acuerdos que constituyeron la primera embestida de la transición contra las clases trabajadoras y populares de este país. Con todos los beneplácitos de las fuerzas políticas y sindicales que se suponía habían de defenderlas. Justificada porque la inestabilidad política que se temía necesitaba de un acuerdo económico que asegurase la tranquilidad para los poderes económicos que habían de pilotar la Transición  ¿Se trata de asegurarse la aceptación de un programa semejante?  Porque es difícil entender la referencia a dichos Pactos de otra manera.

No hay duda que nos espera un  inclemente periodo económico, de hecho la recesión ya estaba anunciada y el fuerte parón de la actividad económica causada por el virus la va a empeorar muy acentuadamente. Pero lo que se debe hacer para paliar las potentes dificultades que estos acontecimientos traen consigo no parece que deba conllevar un fuerte debate. Nos dicen que hay que resolver el tema sanitario en el más corto plazo posible, y que las administraciones públicas actúen  para que la población pueda tener los ingresos necesarios para recuperar su forma de vida paralizada por el virus, que es lo que facilitará el recuperar la actividad productiva.

El problema se presenta  principalmente porque la gente no puede ir a trabajar (por enfermedad o por confinación), por tanto,  no obtiene el correspondiente salario y no puede consumir. El problema  de fondo es  la falta de ingresos de la población. Sin embargo, todo el sistema productivo e incluso el financiero están disponibles, no se ha destruido nada más que la capacidad de trabajar y sólo durante un cierto periodo. Cuanto antes se resuelva el tema sanitario más rápidamente se recuperará la economía. Si hay una crisis profunda quizá sea debida a otras razones y el virus no haya sido más que la chispa que la ha desencadenado. La crisis será mayor y peor si las ayudas no se producen o gestionan a tiempo, pero esto es un tema de efectividad política que se puede resolver. ¿Para esto hace falta un pacto de Estado? Aun con un gobierno de coalición no demasiado firme, no parece que sea necesario recurrir a una medida tan destacada.

Por lo que se puede percibir la opinión pública ha aceptado con bastante  buena voluntad la situación creada por el virus. La inmensa mayoría de la población sigue dócilmente las normas de confinamiento. Incluso el temor a las dificultades sanitarias y hospitalarias no parece que ha conducido a fuertes exigencias. La ciudadanía ha permanecido en sus casas sumisamente, aplaudiendo a quienes mantienen los servicios sanitarios y los imprescindibles para que la vida cotidiana continúe. Los trabajadores e incluso los sindicatos de este país han respondido a las consignas del poder frente al virus con una docilidad total y sin pedir nada, absolutamente nada.  Sólo quienes están en primera línea de peligro han solicitado, bastante discretamente,  los instrumentos más elementales de defensa. La mayoría de encuestas manifiestan una razonable aceptación de las políticas seguidas contra el virus. Ni de lejos  aparecen síntomas de estallidos ni en el ámbito laboral ni en el ciudadano. Parece que lo único que  la población desea es volver a su situación anterior. Sólo una parte de la población se ha dado cuenta que esta alabada economía de mercado y su versión globalizada no son capaces de asegurar la sobrevivencia y están  diciendo que cuando se salga de esta habrá que repensar la organización que necesitamos. ¿Es de esta orientación de la que pretenden defenderse? ¿Tanto necesitan  colocar la venda antes de la herida? Difícilmente se percibe ninguna razón  para temer ninguna inestabilidad política.  ¿A quién le tienen miedo? ¿Dónde está la peligrosidad política ahora? Desde la mayoría de la opinión pública no parece se justifica la necesidad de un pacto.

Sólo algunos empresarios han mostrado una agresiva disconformidad, fuertes protestas y exigencias de ayudas  frente a la implantación de diez días de ‘hibernación’ productiva. Que, además, ya  han obtenido satisfacción para sus   peticiones dado que se ha cancelado. Cuando, tras afirmar tajantemente que se preocupan mucho por la salud de sus trabajadores y el resto de la población, se han expresado como  si la capacidad productiva del país se hubiera hundido permanentemente, ignorando  que el ‘permiso’ remunerado que se les ha exigido que concedieran será compensado hora por hora antes del fin de año, y que muchas empresas que ellos mismos dirigen cierran a menudo por vacaciones para más de diez días sin ningún problema. ¿Es posible tal cinismo e  hipocresía?  ¿Son los intereses de las grandes empresas –las pymes y los autónomos  han pedido ayudas pero no han expresado su rechazo a posibles políticas- aparentemente más preocupadas por sus intereses exportadores que por la salud del país los que conducen al pacto? ¿No quieren enterarse que la crisis está afectando a muchos países, también exportadores, y que todos ellos se enfrentarán a  problemas similares?  ¿Tan incapaces se sienten de cumplir su propia función de empresarios y recuperar su competitividad? o, ¿es que estas mismas fuerzas económicas quieren aprovechar el temor que la población está viviendo por el coronavirus para consolidar de nuevo su dominio indiscutido para los próximos cincuenta años?

Quedan las fuerzas de la oposición política. Bastante desaforadas.  ¿Tienen tanta fuerza como para tener que recurrir a un pacto que puede significar el debilitamiento del Gobierno de coalición? Porque no nos engañemos, un pacto ahora es similar a un acuerdo entre los grandes partidos, una especie de gran gobierno por encima del actual ? ¿Significa esto que se debilitan  o se tratan de neutralizar los elementos de progresismo que puedan existir en el Gobierno en el seno de la coalición?  ¿Por qué se quiere llegar a un acuerdo programático con la derecha, a una especie de ‘gobierno de unidad nacional’, donde queda la diversidad de intereses manifestada por la democracia?  A pesar del apoyo que recibe de la opinión pública, ¿teme el Gobierno no tener fuerza suficiente para llevar a cabo su programa de salida de esta difícil situación? ¿Se perciben algunos indicadores  de que las derechas  puedan aceptar unas políticas de recuperación mínimamente equilibradas, por no pensar en progresistas?  ¿Sobrevalora la fuerza de la oposición o no le parece mal aproximarse a algunos de sus presupuestos?

Y volvemos a preguntarnos, ¿para qué se quiere el Pacto?  Sería necesario tener muy claros sus objetivos para  evaluarlo.  Estar seguros que en su contenido no se va a aproximar a lo que fue su antecesor.    Cuando parecía que llegaba el momento de plantearse el tema de la redistribución de la renta, de paliar la enorme desigualdad que se ha ido generando en los últimos años, el virus altera drásticamente la vida económica, y parece hacer imposible tal dirección. Pero entonces, ¿hacia dónde se plantea la salida ahora? Si el Gobierno  pretende  proponer una salida de la crisis sanitaria y económica actual en la que  ‘nadie será dejado de lado’ ¿seguro que necesita pactar con la derecha?  ¿Tiene esto alguna verosimilitud o supone un grave peligro para la ciudadanía?