Dominio público

¿Es la CEOE la que nos va a sacar de la crisis?

Carlos Sánchez Mato

Responsable de políticas económicas de Izquierda Unida

Javier Jimeno

Delegado sindical de CCOO

El presidente de la CEOE, Antonio Garamendi (i), y el presidente del Banco Bilbao Vizcaya Argentaria, Carlos Torres Vila, escuchan a la presidenta del Banco Santander, Ana Botín, durante la primera jornada de la cumbre empresarial organizada por la patronal. EFE/CEOE
El presidente de la CEOE, Antonio Garamendi (i), y el presidente del Banco Bilbao Vizcaya Argentaria, Carlos Torres Vila, escuchan a la presidenta del Banco Santander, Ana Botín, durante la primera jornada de la cumbre empresarial organizada por la patronal. EFE/CEOE

Estamos siguiendo con mucho interés la cumbre empresarial organizada por la CEOE, pues parece ser que de ellos va a depender que salgamos de esta crisis.

Ahora bien, no deja de sorprendernos que la flor y nata del capitalismo español no pare de pedir ayudas públicas para salir de esta situación. Cuanto más liberales en lo económico son, más auxilio colectivo demandan. Y eso que van servidos de apoyo y ayuda pública porque si sumamos lo que está poniendo el gobierno de coalición español y lo que vendrá de la Unión Europea, estamos hablando que quienes presumen de fortaleza y buena gestión, van a beneficiarse de cerca de 400.000 millones de euros.

Cabe preguntarse entonces por el compromiso fiscal de estos señores y señoras de aquellos que tanto piden y se benefician de las ayudas estatales.

Y ahí los datos de la Agencia Tributaria y del Sindicato de los Técnicos de Hacienda (Gestha) harían sonrojar a cualquiera que no participase en la cumbre empresarial organizada por la CEOE. Porque entre los años 2007 y 2019 la recaudación fiscal de IRPF aumentó un 28%, la del IVA aumentó un 37% mientras que la del impuesto de sociedades disminuyó casi un 33%.

En el colmo de la obscenidad, los seis bancos más importantes, es decir, Santander, BBVA, CaixaBank, Bankia, Sabadell y Bankinter no han pagado en conjunto ni un solo euro por Impuesto de Sociedades desde 2008. En ese periodo han ganado 84.000 millones.

Simplemente con que se hubiera mantenido el mismo porcentaje de aportación tributaria por parte de las empresas que había en 2007, un 3,3% del PIB, habríamos ingresado en estos 13 años casi 210.000 millones de euros más que los que han entrado en la hacienda pública procedentes de las sociedades mercantiles de este país.

Lógicamente las grandes corporaciones no quieren que nada cambie en materia impositiva pero la mayoría social no podemos permitir que siga igual.

En resumen, que a la hora de pedir ayudas públicas no se cortan un pelo, pero a la hora de aportar la cosa cambia.

Y decimos las grandes empresas porque son las más beneficiadas por una normativa hecha a su medida. Los pequeños y medianos empresarios de la CEOE tendrían que decir algo al respecto, pues mientras ellos pagan de media un tipo efectivo del impuesto de sociedades de un 15,4%, sus colegas de los grandes grupos empresariales pagan un tipo efectivo del 6,14%.

Escuchando sus recetas es para desconfiar porque vuelven a plantear una salida de la crisis con los ingredientes que han precarizado el empleo y han creado la categoría del trabajador y la trabajadora pobres: más flexibilidad laboral y salarios más bajos. La famosa frase de aquel presidente de la CEOE que ahora está en la cárcel y que decía "hay que trabajar más y cobrar menos".

Estos grandes empresarios, esos a los que tanto se les hace la pelota en los grandes medios de comunicación de los que son accionistas, buscan de nuevo competir por abajo. En la franja de bajo valor añadido con salarios de miseria y con precariedad. Aspiran a que sigamos siendo la periferia de Europa.

Vuelven a ser profundamente miopes.

Y claro, se puede entender que así actúen porque lo hacen desde una atalaya. La media salarial de los ejecutivos del IBEX35 que han protagonizado la cumbre es de 4,4 millones de euros al año, es decir, 123 veces más que la media salarial de sus empleados. Y ¡ojo! hay que tener en cuenta que en la media salarial de sus empleados se incluyen los sueldos de los directivos intermedios.

En definitiva, empresarios que cobran 1.000 veces más que los trabajadores corrientes, se reúnen para darnos recetas para salir de la crisis y convencernos de que estamos en el mismo barco cuando ellos miran desde el puente de mando del trasatlántico a la gente normal que está agarrada a una tabla.

Con todo lo anterior, no deja de preocuparnos además de todo lo anterior que uno de los destinos principales a los que quieren destinar las ayudas públicas es a inversiones para la adecuación de nuestra economía a los retos de la llamada 4ªRevolución Industrial que, aunque ella sola merecería un artículo aparte, podría suponer una gran destrucción de empleo a añadir al que ya vamos a alcanzar debido a esta crisis. Y ni una palabra para atender a quienes puedan resultar perdedores en esa transición económica. En ningún caso pretendemos decir que haya que oponerse a la modernización de la economía, pero esta debe estar orientada a mejorar la vida de las personas y ellos solo será posible si el progreso tecnológico va acompañado del reparto de empleo y una justa distribución de la riqueza generada.

¿Alguien ha hablado en la cumbre de la CEOE de la reducción de la jornada de trabajo para trabajar menos y trabajar todas y todos?

Deberíamos caminar hacia el horizonte de una semana laboral de entre 20 y 25 horas, en línea con la propuesta que realiza la New Economics Foundation británica en su informe 21 Hours. Como sostienen los autores, una jornada semanal de esa duración nos permitiría luchar contra el paro repartiendo el empleo y tener tiempo para cuidar(se) o para realizar otro tipo de actividades no monetizadas, al tiempo que contribuiría a la necesaria reducción de las emisiones de anhídrido carbónico.

Para quien esta propuesta le parezca demasiado ambiciosa,  al menos plantear jornada de 30 horas semanales, que se acerca más al promedio de horas semanales de trabajo que preferirían las mujeres, tanto en España como en Europa (según la Encuesta Europea de Condiciones de Vida, 2016).

Según la EPA de 2019, las horas trabajadas ascendieron a 628.331.870 y la población activa 23.158.000 personas. Según esto, la jornada media semanal sería algo inferior a las 28 horas semanales.

Pero, claro, una reducción de la explotación supone una disminución del beneficio que no es otra cosa que la medición de la misma y ahí es cuando los de la CEOE tiemblan…

Porque en esa cumbre no se ha oído nada de "reparto de los beneficios" porque eso no figura en su ecuación. Pero sí debe estar en la del Gobierno de coalición y en la de la mayoría social.

Si el sector público va a inyectar enormes cantidades de dinero a la economía, en una proporción superior incluso a la reconstrucción europea tras la segunda guerra mundial, solo se le debería dar al sector privado condicionado a un nuevo modelo de desarrollo basado en la satisfacción de las necesidades de la mayoría de la sociedad.

Claro que queremos condicionalidad. Pero no la de la reducción de los servicios públicos sino la que garantice su blindaje.

Ese nuevo modelo deberá estar basado entre tres pilares: un sector publico no subsidiario basado en un sistema fiscal justo, una banca pública democráticamente gestionada y un sector energético nacionalizado para llevar a cabo la transformación verde de la economía. Un sector privado que viva por sí mismo, pero que si tiene que recibir ayuda pública sea en forma de acciones y participación en la gestión. Y un tercer sector de economía social privado sin animo de lucro que tiene que ganar peso.

En definitiva, crisis tras crisis hemos probado eso de que las élites escriban cómo salir de cada batacazo del capitalismo y el resultado nos muestra una y otra vez que eso no es buena idea para la clase trabajadora.

Por una vez, proponemos que el futuro lo diseñemos los de abajo.