Dominio público

Enredadas en los debates del planeta varón

Mercedes Wullich

Fundadora del ranking Top 100 Mujeres Líderes en España

Decía Eduardo Galeano que la democracia tiene miedo a recordar, las armas tienen miedo a la falta de guerra y los hombres tienen miedo a la mujer sin miedo. No pocas veces, el periodista y escritor uruguayo da en la tecla cuando habla de las mujeres.

Se escuchan todavía los ecos de la noticia sobre la multa a la alcaldesa de París por no cumplir la ley de Igualdad. Sin embargo, hay menos vocación de preguntar por el reverso de la noticia. ¿Cuántas multas y por qué cuantías se han aplicado por la situación contraria? ¿Cuántas no se han aplicado o faltan de aplicar?

Otra vez con las malditas cuotas

Llevo años diciendo a los hombres que no peleen contra la cuota porque la van a necesitar ellos. Después de las risas y cierto desconcierto en la platea, aclaro que la cuota no es "femenina", sino de género, para proteger la diversidad: para que ningún sexo esté ausente… o casi. Y que teniendo en cuenta los resultados que año a año varones y mujeres obtienen en las universidades, en cuanto las mujeres se "empoderen" un poco, tengan más confianza y determinación para pedir lo que les corresponde, la cuota "será un tema de hombres".

Les pregunto si no se aburren de verse las caras, de ser tan parecidos a sí mismos, de hablar de innovación y de disrupción y de estar tan encantados de conocerse como para seguir haciendo las cosas de la misma manera.

Hace unos 15 años, cuando todavía se discutía si la cuota de género era necesaria, algunas mujeres empezaron a decir que habían sido contrarias, pero visto los resultados entendían eso de que ayudaría a "corregir" una situación desigual.

En aquel entonces, cuando hablaba con representantes de empresas, les preguntaba por qué tenían tanto temor a la ley de igualdad. Y les recordaba que las leyes se hacían para quienes naturalmente las quebrantarían si no existieran. Y para proteger a quienes son más vulnerables. Desde ya, no para ellos, que eran unos santos varones.

Por supuesto que hay excepciones, faltaba más, pero la cifra es anecdótica. Y la inercia que todo lo adormece, termina por entregarnos una realidad en la que las cosas no cambian, porque casi siempre las decisiones siguen tomándose sin conocer la opinión de las mujeres. Y la rueda vuelve a empezar.

El hilo más fino, las cifras y el debate instalado

Por esa misma inercia, soy contraria a centrarme sólo en las cifras. Sé que son aliadas a la hora de poner las cosas en perspectiva, pero de tanto repetirse se deshilachan y pierden el demoledor efecto que deberían tener.

Además, los números impactan según en qué parte nos encontremos o cuán cerca o lejos "del lado malo" estemos. Como cuando le pregunté a un sindicalista por el porcentaje del paro en un país -la Argentina- donde la sensación de montaña rusa se repetía. Su respuesta fue: "para un desempleado, es del 100%".

No lo olvido más.

Es vergonzoso que sigamos hablando de lo mismo por la simple razón de que las cosas no cambian. Y puestas a hilar, el hilo de la vergüenza empieza a cortarse por la brecha salarial o de ingresos, la más sutil y difícil de comprobar.

Pero hay otra cosa que subyace bajo las palabras y las disputas, y es qué debatimos y para qué. Porque también en esto hay una vocación "enredadora": mientras discutimos algo que ya debiera estar resuelto por leyes y no por "sugerencias", las mujeres nos "distraemos" con debates impuestos y perdemos la energía que necesitamos para cambiar las cosas.

Me gusta la frase que escuché hace mucho a una catedrática: "si no es por convicción, que sea por percusión". Y está visto que lo de convencer va lento. Y que, entre el aburrimiento y los debates epidérmicos, perdemos el rumbo.

Los años han pasado, terribles, malvados… me resuena la estrofa de "Pedacito de cielo" y lo que tenía que cambiar urgentemente, todavía está en discusión.

El huevo, la gallina y el día de la marmota

Volviendo a la cuestión, mi primera lectura después de leer el titular que me enviaron a repetición por WhatsApp sobre la multa a la alcaldía de París, fue racional. "Está bien aplicado, porque la cuota es para que ningún sexo esté subrepresentado. Por lo cual, si empezamos a hacer lo que por siglos se ha hecho con las mujeres, la ley no funcionaría".

Pero enseguida, el eco de mi mochila de reflexiones y experiencias me trajo dos conceptos. El primero, el tiempo de demora infame y de promesas incumplidas, las cifras totales más allá de las parciales y oportunas. Y entonces me acordé de mi compañía telefónica, cuando me ofreció "clearing" entre todas las líneas de mi equipo. Es decir, no había una "cuenta individual" sino que, si alguien se pasaba en el uso de los datos, pero había quien apenas utilizaba los suyos, esos minutos, flotaban en una especie de globo cooperativo donde no importaba el reparto, sino que el resultado de uso fuera el que correspondía al total contratado.

Me imaginé entonces esa bola gigantesca, pero en la que flotaban los porcentajes de representatividad y toma de decisiones sobre los temas capitales. Hombres y mujeres en una relación que se multiplicaba por cada organización, por cada empresa, en cada debate y en cada foro, en las voces que se oyen, en las resoluciones que se toman, en los salarios que se pagan, en el reparto del poder. Tendríamos un crédito monumental e infinito a nuestro favor.

Y bajé del globo convencida de que otra vez nos estaban enredando en un debate falaz.

Dejemos que baje el ruido y afinemos el oído para escuchar las voces que habitualmente no escuchamos. Y, sobre todo, para debatir las razones por las cuales todavía tenemos que seguir como en el día de la marmota, despertándonos con las mismas noticias y los mismos protagonistas del planeta varón.