Dominio público

¿Ya no hay políticos como los de antes?

César Ramos

Diputado del PSOE en el Congreso por la provincia de Cáceres

En los últimos tiempos y de forma recurrente se escucha la frase: "Ya no hay políticos como los de antes". Es incuestionable el deterioro de la política y de quienes nos dedicamos a esta actividad en la valoración ciudadana. Sin embargo, creo  que no son peores ni mejores los servidores públicos del momento, en mi opinión, dicha percepción se basa en múltiples factores y entre ellos, la crispación política permanente en la que vivimos y que actualmente se amplifica por la situación de la crisis inédita que estamos padeciendo en muchos frentes, provocada por la pandemia del covid-19.

La mente humana tiende a olvidar determinados episodios, en especial si éstos son desagradables. Algo que explicaría por qué ya no recordamos la actitud de Aznar cuando gobernaba Felipe González y la dureza de sus intervenciones o las de Rajoy como líder de la oposición con su acoso permanente al gobierno de Zapatero en cualquier decisión que tomaba, incluso la deslealtad en la lucha contra ETA.

En la historia reciente de nuestro país la derecha siempre actúa de la misma forma cuando está en la oposición, como consecuencia de un extraño sentimiento de posesión que tiene sobre nuestro país y que les hace pensar que solo pueden gobernar ellos y que cuando gobiernan otros es el resultado de una anomalía que buscan solucionar lo antes posible con la utilización de distintas herramientas sin descartar ninguna. Algo que se refleja de forma clara en la frase utilizada por el ministro del PP Cristóbal Montoro cuando en 2010 gobernando el PSOE dijo: "Que caiga España que ya la levantaremos nosotros".

Si analizamos la actitud de Pablo Casado veremos que poco se diferencia de la de líderes que anteriormente tuvo el PP, quizás en el abuso de determinadas frases de forma recurrente que eran muy llamativas pero con poco contenido, que buscan calar en el imaginario colectivo y que el resto de dirigentes de la formación repiten como si fueran clones sin ninguna personalidad ni criterio. Pero esto tampoco es nuevo, solo hay que recordar el  tantas veces repetido "Váyase señor González" que Aznar dedicó al entonces presidente del gobierno desde la tribuna del Congreso. Pero recomiendo a Pablo Casado que no se venga arriba y piense que su actitud le va a dar el mismo resultado que a Aznar y a Rajoy, llegando a La Moncloa. El final político de Casado se encamina de forma clara al de Hernández Mancha, ya que en el ejercicio de su liderazgo necesitó una posterior refundación del PP para ocupar el espacio político y social que había perdido.

Es cierto que en los últimos tiempos han cambiado muchas cosas en todos los sectores de la sociedad, tanto públicos como privados. La revolución tecnológica si algo nos ha traído es una aceleración en los cambios y éstos también se dan en la política: vemos partidos que nacen, crecen y mueren a una velocidad nunca antes vista. Algo que también se da en el sector empresarial, solo hay que recordar el auge la red social Tuenti que, en pocos años desde su nacimiento, se convirtió en la más popular entre los jóvenes y de forma rápida pasó a ser una empresa que vendía servicios de telecomunicaciones.

También ha cambiado la forma en la que nos comunicamos y los canales utilizados para llegar a un mayor número de personas, con ello se han transformado los formatos y los gestos y con ellos la política. Los reality show líderes de audiencia en la televisión también triunfan en el ámbito político, trasladándose no en pocas ocasiones al parlamento. Esto se da con mayor fuerza en los nuevos partidos y los nuevos liderazgos, que ponen como prioridad obtener el foco mediático, incluso a costa de hacer rozar el ridículo.

Por tanto mi conclusión es clara: no hay peores liderazgos en la política de hoy, solo vivimos tiempos distintos y como consecuencia de ello triunfan nuevos perfiles que utilizan roles adaptados a las nuevas realidades. Los grandes discursos de los políticos de principios del siglo pasado seguramente tuvieran difícil encaje en las nuevas formas de comunicar y les sería complicado virilizarse en las redes sociales.

Me gustaría ver a esos líderes de otras épocas que tanto ensalzan algunos, gestionar una pandemia como la que estamos viviendo, así como sus consecuencias sanitarias, económicas y sociales. Dudo que lo hicieran mejor, reconozco un gran mérito a nuestro Gobierno. No creo que nuestros políticos sean peores ni mejores a los de otras épocas, solo les ha tocado vivir en épocas distintas con otras reglas del juego y con retos muy diferentes.

También ha cambiado la forma en la que nos comunicamos y los canales utilizados para llegar a un mayor número de personas, con ello se han transformado los formatos y los gestos y con ellos la política. Los reality show líderes de audiencia en la televisión también triunfan en el ámbito político, trasladándose no en pocas ocasiones al parlamento. Esto se da con mayor fuerza en los nuevos partidos y los nuevos liderazgos, que ponen como prioridad obtener el foco mediático, incluso a costa de hacer rozar el ridículo.

Por tanto mi conclusión es clara: no hay peores liderazgos en la política de hoy, solo vivimos tiempos distintos y como consecuencia de ello triunfan nuevos perfiles que utilizan roles adaptados a las nuevas realidades. Los grandes discursos de los políticos de principios del siglo pasado seguramente tuvieran difícil encaje en las nuevas formas de comunicar y les sería complicado virilizarse en las redes sociales.

Me gustaría ver a esos líderes de otras épocas que tanto ensalzan algunos, gestionar una pandemia como la que estamos viviendo, así como sus consecuencias sanitarias, económicas y sociales. Dudo que lo hicieran mejor, reconozco un gran mérito a nuestro Gobierno. No creo que nuestros políticos sean peores ni mejores a los de otras épocas, solo les ha tocado vivir en épocas distintas con otras reglas del juego y con retos muy diferentes.