Dominio público

La (ultra)derecha tiene un plan

Militantes de Vox despliegan una bandera de España en la madrileña Plaza de Colón, en octubre de 2019. EFE
Militantes de Vox despliegan una bandera de España en la madrileña Plaza de Colón, en octubre de 2019. EFE

"Con la madre y con la patria, con razón y sin ella". Parafraseando a Cánovas, a su particular manera, José Manuel Villarejo hizo ayer un resumen perfecto de su concepto de la "necesidad y buen hacer" de las cloacas del Estado para mantener al sistema en orden. No es la primera vez que al excomisario se le escucha esta versión de la frase del que fuera presidente del Gobierno de España ("Con la patria se está con razón o sin razón; como se está con el padre y con la madre" es la original atribuida a Cánovas del Castillo), pero en esta ocasión se le vio muy oportuno, compareciendo como estaba ante la comisión parlamentaria de investigación sobre la trama Kitchen, esto es, como saben, el plan de utilización de herramientas del Estado, agentes policiales y fondos reservados para espiar y robar material de Luis Bárcenas que pudiera comprometer judicialmente al PP en sus causas sobre financiación ilegal. Peccata minuta.

Villarejo, aunque lo había negado en otras ocasiones, en el Congreso y frente a los diputados y diputadas que le preguntaban, admitió que Mariano Rajoy, presidente del Gobierno durante el desarrollo de la Kitchen, fue informado por él "directamente" y a través de un teléfono que le facilitaron estrictamente para esta comunicación.

En una democracia normal, esta declaración del comisario al servicio de "diez ministros de Interior" debería haber provocado una taquicardia en la calle Génova, sede nacional del PP por poco tiempo, y una revuelta mediática. De la misma forma que aquella frase desvelada por Público en exclusiva en la que Jorge Fernández Díaz, siendo ministro del Interior y grabado en su despacho por las mismas cloacas, informaba al director de la Oficina Antifraude de Catalunya, Daniel de Alfonso, de que Mariano Rajoy estaba al tanto de la operación Cataluña ilegal contra el independentismo, que también se desarrollaría contra Podemos con la connivencia de miembros del Gobierno del PP y altos cargos de la Policía. Todo apunta a que a Rajoy no se le escapaba ni una, pese a esa apariencia indolente que tan bien ha cultivado siempre.

En la calle Génova, sin embargo, el PP tiene un plan y consiste en negarse a contestar preguntas sobre Bárcenas, la Kitchen, la financiación ilegal, la operación Cataluña, Bárcenas, Fernández Díaz, Villarejo, las cloacas, Cospedal, Sáenz de Santamaría y otros/as tantos a los que han citado Villarejo y otros comparecientes. De lo que no se habla, no existe. Y en este caso, la derecha de Pablo Casado cuenta con Vox como aliado en un perfecto reparto de papeles con el mismo objetivo: la unidad de España, la patria "con razón y sin ella". Es verdad que Macarena Olona, diputada de Vox, hace su papel en la comisión parlamentaria, pregunta a todos y cada uno de los comparecientes por sus actuaciones en la Kitchen y no se anda por las ramas al criticar al PP de Rajoy, pero para la formación de ultraderecha es un tema menor, que apenas figura en sus chats de Telegram ni estrategias de movilización, ruido, manipulaciones y fakes.


PP y Vox, sí, tienen un plan, convencidos como están de que en las próximas elecciones generales, Pedro Sánchez y su coalición con Unidas Podemos se diluirá como un azucarillo en agua caliente para que la (ultra)derecha ocupe su lugar. Ese plan no pasa por la comisión de Villarejo y el atentado de las cloacas contra la democracia, sino que casualmente pasaba ayer por la comisión de Seguridad Nacional, donde el jefe de Gabinete del presidente, Iván Redondo, comparecía para presentar el plan y confirmaba prácticamente la concesión de los indultos a los independentistas catalanes: "Para arreglar lo que ha pasado, se necesita un liderazgo valiente".

Para la (ultra)derecha, efectivamente, la oposición solo gira ya en torno a la traición a España, al rey, a la Constitución, a los ciudadanos y a la bandera que lleva a cabo el presidente del Gobierno con los indultos. Las cosas del comer, vamos. Recurso contra la concesión de la medida de gracia -aun sin saber cómo estará argumentada, qué más da-, palabras grandilocuentes contra el Gobierno, rasgado de vestiduras ante las cámaras de televisión y en las Cortes, llantos por la España rota, tuits del fin del mundo, apocalipsis varios, mociones de censura en las administraciones gobernadas por el PP y mucha calle con mucha bandera. Sobre este último punto, PP y lo que queda de Ciudadanos ("la derechita cobarde") tienen sus dudas: no quieren que si salen con Vox a pisar asfalto, a pie o en coche, venga a la memoria colectiva el recuerdo de la foto de Colón. Como ya tienen quien haga ruido, y la ultraderecha provoca auténticos estruendos, seguramente PP y Cs se escaqueen de esa parte callejera más vulgar.

No por aparatosa, sin embargo, la estrategia del PP es nueva. El PP, con Aznar, Rajoy o Casado, es muy repetitivo, pero siempre tiene su plan y sus ejecutores, sean Vox, los obispos o las asociaciones de víctimas de ETA, cuya utilización rastrera nunca ha sido lo suficientemente ponderada: ir con la bandera hasta La Moncloa, con la España unida hasta el poder. Ya lo dijo Villarejo y con eso ha justificado la existencia de las cloacas y otros asuntos menores, como el bloqueo del CGPJ: "Con la madre y con la patria, con razón y sin ella". Cualquier intento de alternativa de patria a la de Villarejo y el PP/Vox, por democrática que sea, debe ser aplastada por todos los medios, legales o no. Por eso, las cloacas son legítimas para Villarejo y para el PP/Vox, que las considera un tema menor frente al independentismo catalán.


La (ultra)derecha tiene un plan y está meridianamente claro: aplastar al Gobierno y cualquier alternativa a ella y su concepción del país con la complicidad de un Poder Judicial ilegítimo desde hace más de dos años y hecho a medida. Nos falta saber cuál es el plan del Gobierno ante esta brutalidad antidemocrática, asumida, por cierto, con una naturalidad pasmosa y sin el aval de las urnas. El director del Gabinete de Presidencia del Gobierno habla de valentía para un tiempo nuevo. Puede ser un buen comienzo, pero permítamonos el escepticismo propio de mi oficio, de los hechos, teniendo en cuenta que, con su mayoría parlamentaria tambaleante, no le queda más remedio. La valentía implica ir mucho más allá. Veremos.