Dominio público

La trampa de los derechos

Virginia P. Alonso

Directora de 'Público'

Inmensas gracias a la Asociación de Periodistas y Escritores Árabes por este reconocimiento. Es un premio muy importante para Público porque reconoce la esencia misma de lo que somos y hacemos: la defensa de los derechos humanos y el compromiso con la justicia universal.

Hace años, en un gran medio de comunicación de este país, defendí en un momento concreto la publicación de una historia contra el criterio de varios señores cuya masculina presencia era, cómo no, dominante en la sala. "Es pura defensa de los derechos humanos", dije. Uno de esos señores, con el mismo cargo directivo que yo ostentaba, me respondió que defender los derechos humanos es de izquierdas y de activistas. La historia no se publicó.

Agradecí mucho ese comentario —lean la ironía— porque me ayudó a entender la trampa en la que vivimos: un país, un continente más bien, donde los derechos humanos se enarbolan como herramienta política y de justicia, pero donde sólo hay que frotar suavemente un algodón para comprobar que, en la mayoría de los casos, lo que subyace es la nada más absoluta.

Esa es la razón de que un medio como Público se quede solo tantas veces a la hora de publicar ciertas informaciones. Ya tengan que ver con los abusos de la monarquía; con las carencias en memoria democrática de un país que aún no ha cerrado las heridas —ni abierto las cunetas— de 40 años de dictadura; con la reivindicación de la igualdad entre hombres y mujeres; o con la defensa del derecho de autodeterminación de los pueblos, recogido en los Pactos Internacionales de Derechos Humanos y referenciado en numerosas resoluciones de la Asamblea General de la ONU.

Cuando Israel atropelló por enésima vez los derechos de la población de Gaza la pasada primavera ante el silencio cómplice —cuando no el apoyo sin fisuras— de buena parte de la comunidad internacional, en Público hicimos lo que creemos que el periodismo debe hacer: denunciar los abusos de un país que, en el mejor de los casos, ejerce un bloqueo militar sobre Palestina desde hace 14 años y, en el peor, bombardea cuando le viene en gana a una población que no ha conocido más que el asedio y el apartheid desde la creación ilegal del Estado de Israel en 1948.

Sí, apartheid. En su ultimo informe sobre Palestina, la organización Human Rights Watch habla precisamente de "crímenes contra la humanidad de apartheid y persecución" por parte de Israel. De ese informe se hizo eco Ana Pardo de Vera en un vídeo de Público que tuvo gran repercusión y que formaba parte de una cobertura informativa mucho más amplia. No en vano escriben para Público desde hace años los mejores analistas y conocedores de la zona, como Eugenio García Gascón y Nazanin Armanian.

"Público no se va a olvidar de ninguna mujer que vea menoscabados sus derechos y su integridad"

Faltaban aún meses para lo que se vendría después en Afganistán. Una debacle gestada ante los ojos de las grandes potencias mundiales en la que la extinción de derechos básicos tiene un objetivo prominente: las mujeres. La respuesta de Europa ha sido pagar más millones a Turquía, 'adalid' de la defensa de los derechos humanos, como todos sabemos, para frenar los flujos de refugiados al tiempo que los países de la UE evacuaban, cámaras y focos mediante, a todo el personal del que eran capaces. La trampa de los derechos humanos de la que les hablaba antes. Ni más ni menos.

Mientras, allí, las mujeres afganas son despojadas de todo aquello que nos convierte en seres humanos; dejan de ser personas, poco a poco, a oscuras, sin cámaras que las enfoquen, sin focos que iluminen la reja que esconde sus ojos, su dolor, su abandono. El avieso ideario de los talibanes está construido contra ellas. Sencilla y perversamente.

Aunque, llegados a este punto, no seamos ingenuos. Afganistán es un extremo aterrador, pero las mujeres somos ciudadanas de clase B en prácticamente todos los rincones del mundo, desde los países árabes a Latinoamérica. También aquí, sí, en Occidente, en Europa, en España, donde las violaciones, el acoso sexual, la violencia machista y la discriminación se suceden ante el silencio indiferente de una mayoría de hombres cuyos privilegios se sostienen precisamente a partir de todas esas agresiones sistemáticas. Ah, la inmensa trampa de los derechos humanos.

Pues bien, Público no se va a olvidar de las mujeres afganas, ni de las mujeres palestinas, ni de ninguna otra que vea menoscabados sus derechos y su integridad solo por el hecho de haber nacido mujer. Por eso este premio va por ellas. Por todas.

Gracias.


 Discurso de agradecimiento por la entrega a 'Público' del premio de la Asociación de Periodistas y Escritores Árabes en España (APEAE) por su línea editorial en defensa de los derechos humanos y su compromiso con la justicia internacional.