Dominio público

La gran coalición frente a Casado

El presidente de la Junta de Andalucía, Juanma Moreno, durante su intervención en la sesión parlamentaria de control al gobierno en Sevilla.- EFE/José Manuel Vidal

Durante una entrevista en La Hora de la 1, el periodista Marc Sala preguntó al presidente de la Junta de Andalucía, Juanma Moreno, si estaba negociando los presupuestos autonómicos para 2022 con el PSOE andaluz, hoy en la oposición, pero que ha gobernado Andalucía durante décadas, con o sin el apoyo de Izquierda Unida. Moreno fue claro: sí, están negociando, y sí, ojalá cuente con el apoyo de los socialistas para sacar las cuentas. El nuevo líder del PSOE de Andalucía, Juan Espadas, nunca ha expresado un rechazo frontal a respaldar los planes económicos del PP, que gobierna en coalición con Ciudadanos y con el apoyo externo de Vox, porque pese a la crisis estructural que atraviesan los socialistas, en las últimas elecciones autonómicas, ganaron con minoría.

El escenario que abre Moreno en Andalucía, con la complicidad del PSOE andaluz a la que Pedro Sánchez no es ajeno, coloca a Pablo Casado frente a sus propios demonios justo cuando se cumple un año de la moción de censura de Vox contra el Gobierno de coalición PSOE. Sí, aquella moción en la que el PP aplaudió con fuerza un discurso de su líder que no tenía nada que ver con cualquier otra cosa que hubiera pronunciado hasta entonces, el discurso de ruptura solemne con Vox… y que duró menos de lo que canta un gallo.

Estos días, hemos soportado (sic) a un Partido Popular híperventilado porque, a los diez años de la desaparición de ETA, con todos los parámetros democráticos en regla, el PP sigue sin asumir que EH-Bildu es un partido perfectamente integrado, que cumple escrupulosamente las reglas que se le impusieron para poder acceder a las instituciones y que apoya al Gobierno, no solo para investirlo, sino también en sus planes más de izquierdas.

El debate sobre si el PSOE debe o no apoyar los presupuesto del PP andaluz resulta muy incómodo para Ferraz y lo retrotrae a sus peores épocas, cuando Pedro Sánchez fue expulsado de la Secretaría General y de la sede nacional socialista por negarse a la abstención para dar el Gobierno a Mariano Rajoy, con toda su corrupción a cuestas. Y no digamos cuánta incomodidad provoca en el socio del Ejecutivo, Unidas Podemos.

No obstante, el mensaje es claro y va en la línea de las principales democracias europeas, ahora, precisamente, que Bruselas se enfrenta al desafío de esta extrema derecha en Polonia y Hungría: si hay que apoyar al PP para aislar a Vox, se le apoya; lo contrario no se entendería. Pero si esto sucediera finalmente, Sánchez podría plantarse ante Casado y pedirle su apoyo a las cuentas nacionales para evitar el respaldo de EH-Bildu, contra el que el PP brama día sí, día también y con el que el PSOE -sobre todo, el más conservador del centro territorial- sigue estando muy incómodo. ¿Representa la izquierda abertzale lo mismo que Vox? Ni mucho menos: la ultraderecha es muchísimo peor que Bildu y su amenaza, tangible y muy poderosa.

Hace este viernes un año que Casado se plantó ante Santiago Abascal y le dijo que de ninguna manera el PP quería ser como Vox, aunque desde entonces haya hecho exactamente lo contrario y cada vez se parezcan más, en esa lucha que el Partido Popular mantiene consigo mismo para recuperar los votos que se le fueron por el flanco neofascista. Andalucía podría ser el paso primero para distanciarse de Vox, aunque eso suponga perder a su electorado. Una jugada política de altura para la que es posible que Moreno Bonilla esté preparado (un Moreno Bonilla que no apoyó a Casado para el liderazgo del PP, sino a la exvicepresidenta Sáenz de Santamaría), pero que al líder actual del PP le queda grande. Inmensa.