Dominio público

El diablo está en las primarias de Ayuso

Juan Carlos Rodríguez Ibarra, que conforme cumple años se acerca más y más al PP, era muy reacio a la democracia interna en su partido, el PSOE. El expresidente de Extremadura decía siempre que a las primarias socialistas (un militante, un voto) las carga el diablo y solo dan pie a desgracias orgánicas, por ejemplo, cuando Pedro Sánchez ganó a Susana Díaz en 2017 con todo el aparato de Ferraz en contra, incluido el propio Ibarra, al que Sánchez le espantaba por su cercanía en sus mensajes a Unidas Podemos, que tenían aún más cuernos y tridentes que el hoy presidente del Gobierno. Hablamos, claro está, de la versión de Sánchez de entre los años 2016 y 2019, cuando Pablo Iglesias no le quitaba el sueño, una versión que estuvo obligado a recuperar en 2020 tras el fracaso del intento de que Ciudadanos apoyara su investidura, que duró unos meses.

Ahora es la presidenta de la Comunidad de Madrid la que ha decidido dar esa misma batalla que dio Sánchez en 2017, con el aparato de Génova en contra. Isabel Díaz Ayuso, que se pasea por los cónclaves del PP al grito de "Presidenta, presidenta...", y no precisamente de Madrid, tiene claro que el cargo de presidenta del partido madrileño le corresponde por derecho y voto (mucho voto), como corresponde el suyo a los barones autonómicos de su partido. La lógica es aplastante, sin duda, y hace parecer aun más inexplicable el empeño de Pablo Casado y su fiel escudero Teodoro García Egea por aplastar la legítima aspiración de Ayuso. Digo "aplastar" porque la ferocidad de los mensajes que llegan desde la sede nacional del PP contra la presidenta madrileña invitan a pensar en una ruptura de no retorno de la relación personal que unía a Ayuso y a Casado, quien eligió a su antaño amiga para ser la candidata del PP a las elecciones autonómicas de Madrid cuando nadie quería serlo.

El presidente del PP no quiere a Ayuso en el liderazo del partido madrileño porque es una contrincante segura en 2023 si las elecciones generales no dan a Casado la Presidencia del Gobierno. Eso lo sabe todo el mundo, por más que desde Génova vengan a decirnos que Casado no tiene rival interno. ¿Imaginan que el líder del PP negara a Alberto Núñez Feijóo, único barón del partido que gobierna con mayoría absoluta, la presidencia de la formación gallega? No, no se lo pueden ni imaginar. Yo tampoco: Feijóo es intocable y Galicia no es Madrid, que además es España. No como Galicia, que pertenece al viento de la Costa da Morte.

Casado no quiere una nueva versión de Esperanza Aguirre en Madrid, dicen los populares, con cuyo poder absoluto en la Comunidad hizo la vida imposible a Mariano Rajoy mientras pudo, según reconoce el propio expresidente poniendo los ojos en blanco. Pero Casado no es Rajoy ni Ayuso es Aguirre, porque aquí nada es lo que parece salvo el liderazgo del presidente del PP, cuya debilidad se ha enfatizado en esta guerra sin disimulos.


La presidenta de la Comunidad de Madrid quiere que las bases voten al jefe/a de su partido regional, además, en las dos vueltas, no solo en la primera para dar paso a una segunda ronda de voto compromisario, gracias a la que el propio Casado ganó a Soraya Sáenz de Santamaría el liderazgo del PP con el apoyo de Dolores de Cospedal, alias Esa Señora de la que Usted me Habla. Cristina Cifuentes hizo lo que Ayuso quiere hacer y le salió bien, ¿por qué su sucesora no va a poder hacerlo? Porque una vez más, Génova manda aquí también.

Subestimar a Ayuso ha salido mal a todo el mundo menos a ella y a los/as suyos y no parece que Casado y García Egea tengan el asunto controlado, ni mucho menos; mirándolo con distancia, parece incluso que Génova reniega del éxito en Madrid. La presidenta está dispuesta a reventar el reglamento interno del PP por ser su presidenta regional y lo único que debe plantearse la dirección nacional es si su líder podrá soportar el desgaste de una derrota injusta (lo es desde el momento en que se impone a otro/a candidato, sea el visiblemente incómodo José Luis Martínez Almeida o Ana Camins, actual número 2 de la Secretaría General del PP de Madrid) o de una victoria incontrolada por Casado, y ambas son ahora las únicas opciones. Todo mal.