Dominio público

¿Es el PP una amenaza contra la salud pública?

Pedro Gullón

El presidente nacional del PP, Pablo Casado,con una cría de cabra en una granja rodeada de invernaderos afectadas por las riadas, en cabo de gata, Almería.- EUROPA PRESS/ARCHIVO

En estas últimas semanas, con la campaña electoral en Castilla y León de fondo, hemos podido escuchar algunas declaraciones del líder del Partido Popular, Pablo Casado, que no solo sobrepasan la barrera de lo vergonzoso, sino que desafían cualquier consenso científico. Le hemos escuchado decir que el Gobierno ataca la remolacha por tener planes para la reducción del consumo de azúcar, o que la industria del vino está amenazada por las políticas de prevención del consumo de alcohol.

Creo que no hay que gastar palabras en destacar que, aunque la ciencia no tenga la respuesta para todos los problemas en esta vida, el consenso científico en relación al daño generado por el consumo de azúcar o el del consumo de alcohol es inapelable. De hecho, bien podría hacer Pablo Casado en pasarse por las Consejerías de Sanidad donde gobierna para descubrir que todas las Comunidades Autónomas tienen programas para reducir el daño que produce el consumo de alcohol. Una conspiración desde dentro de sus propios gobiernos, parece ser.

Este tipo de declaraciones no son nuevas, se suman a los famosos "Viva el vino" de Rajoy, Aznar y su "a mí no me gusta que me digan las copas de vino que yo tengo o no tengo que beber" por las campañas de la Dirección General de Tráfico, o incluso el "chuletón al punto" de Pedro Sánchez. Quizá la diferencia en esta ocasión es que Juan Ignacio Zoido ha anunciado que el Partido Popular quiere presentar enmiendas al informe científico del Plan Europeo contra el Cáncer.

Esta partidización de la salud pública (que no politización, porque la salud pública siempre es política) puede suponer un riesgo para las políticas de prevención de las enfermedades cardiovasculares o el cáncer, que son las principales causas de muerte en Europa. Pero más allá del efecto concreto de las amenazas de Zoido, que probablemente tengan más de teatro que de realidad, creo que tenemos que pararnos a pensar qué dirección pretenden tomar esos discursos. Casado se ha dado cuenta que el populismo de Ayuso en la pandemia, desafiando también toda la evidencia científica sobre el control de la covid-19, puede salir rentable electoralmente en el medio plazo.

No podemos hacer políticas de salud pública basadas únicamente en datos sobre los daños que tiene el alcohol, el azúcar o el consumo de carnes rojas. Ese es el marco en el que nos quiere situar el PP, el de una izquierda que te prohíbe hacer todo lo que quieras, y una derecha que te da libertad. Comprar ese marco, e intentar discutir en esos términos, es una derrota asegurada.

Frente a esto, necesitamos imponer otro marco de salud pública que se salga de la culpabilización y la individualización del riesgo. ¿Y esto qué significa? Una salud pública que mire más allá de lo individual, que se pregunte cuáles son "las causas de las causas del consumo de alcohol", que cuestione las estructuras sociales y no a las personas, que indague los intereses económicos detrás de declaraciones como las de Pablo Casado, y que entienda que la salud es un concepto más complejo que la ausencia de enfermedad. En definitiva, una salud pública más preocupada de lo que hacemos como población, que no lo que hacemos individualmente cada persona.

Esto no es una idea revolucionaria, ha sido la base del pensamiento de gran parte de la salud pública en las últimas décadas. Sabemos, por ejemplo, que las enfermedades y el consumo de sustancias nocivas siguen un patrón social por género o clase, y que eso no se debe a falta de información, sino a otros elementos como la disponibilidad de tiempo, el acceso a recursos materiales, o a cómo las industrias focalizan su publicidad en grupos sociales concretos. Todo esto lo sabemos, igual que la población sabe que el consumo de alcohol es nocivo; sin embargo, creemos que soltar datos va a llegar a cambiar los comportamientos de la población. No caigamos en el juego del PP, dejemos el marco culpabilizador y protejamos la salud de la población mirando más los determinantes sociales y comerciales de la salud en vez de las acciones individuales.