Dominio público

El simulacro del feminismo

Rosa Cobo

Profesora de Sociología de la Universidad de A Coruña y escritora

Yo nací mujer para morir para serlo', reza el cartel que porta una mujer durante una manifestación feminista en Madrid.- Eduardo Parra / Europa Press

El feminismo es una poderosa tradición intelectual y un influyente movimiento social que se originó en el interior del mismo conglomerado en el que nació la democracia. En los cimientos de este pensamiento está la lucha contra prejuicios, ideas, teorías y estructuras sociales que colocan a las mujeres en posiciones simbólicas y materiales de subordinación. Las cuatro olas feministas entre las que ha transcurrido la historia del feminismo –la primera en el siglo XVIII, la segunda en el XIX, la tercera en el XX y la cuarta en el XXI- han sido respondidas por movimientos reactivos. Cada ola ha soportado el surgimiento de fuerzas sociales e ideas que aspiraban a desarticularla.

La cuarta ola se ha gestado en España, y en otras partes del mundo, con una fuerza desconocida. Después de años de trabajo por parte de organizaciones feministas y de mujeres políticas y académicas que han intentado poner en pie políticas de igualdad transformadoras y articulado, contra corriente, líneas de investigación feministas, nos encontramos con un relato y algunas prácticas que se autodenominan feministas y que no dejan de ser un simulacro de feminismo.

Explicaré algunos de los hilos que recorren esta impostura. El primero de ellos consiste en ampliar el sujeto político feminista hasta el extremo de introducir dentro de este actor colectivo a grupos que no solo no comparten la agenda feminista, sino que ni siquiera están situados en posiciones de subordinación originadas por el sistema patriarcal. El feminismo, como otras fuerzas políticas, necesita ensanchar su base social y por eso ha luchado para que cada vez haya más mujeres que se identifiquen con los análisis y las luchas políticas feministas. Sin embargo, algunos vientos políticos y culturales reclaman que el feminismo sea un actor político al servicio de intereses ajenos a los suyos y vinculados a otras dominaciones y/o discriminaciones sociales.

El segundo es confundir políticas sociales con políticas feministas. En nuestro país hay millones de personas que están por debajo del umbral de la pobreza. Esas injusticias, tanto vinculadas a la redistribución como al reconocimiento, no son todas ellas un objetivo político feminista. Nuestro objetivo es luchar por las mujeres cuyos derechos formales y materiales son permanentemente desafiados y vulnerados. Es decir, por todas las mujeres. Las políticas sociales son imprescindibles si anhelamos un mundo con niveles civilizatorios de justicia, pero no todas tienen que ser asumidas por el feminismo. Las feministas exigimos organismos de igualdad y políticas que respondan a las necesidades e intereses de la mitad de la población. No es lo mismo formular y aplicar políticas de igualdad para colectivos de mujeres marcados por la subordinación patriarcal que para otros colectivos marcados por la clase o por la orientación sexual o por otras pertenencias raciales o culturales. Si todo lo asume el feminismo, ¿qué sentido político tienen la izquierda y otros movimientos sociales críticos?

El tercer hilo gira alrededor de qué es feminismo. Se ha creado un clima ideológico entre algunos sectores que sostienen que ‘feminismo es cuidar’ y que los cuidados son una vindicación feminista. Si hay una idea que falsea el feminismo es precisamente esta, pues han sido las mujeres quienes se han hecho cargo en solitario de este trabajo en las sociedades patriarcales. Si no lo hace el feminismo, ¿quién se ocuparía de luchar contra la violencia machista, el falso síndrome de alienación parental, la falta de paridad en las diferentes estructuras de poder o la brecha salarial, entre otras muchas vindicaciones feministas? Esos sí son objetivos feministas. El objetivo feminista es que se hagan cargo de los cuidados también los hombres, no solo las mujeres.

El cuarto hilo es el de la agenda feminista. En cada momento histórico y en cada sociedad las feministas recogen las mayores vulneraciones de derechos de las mujeres que se producen en esa misma sociedad y a partir de ahí formulan un cuerpo vindicativo. Las vindicaciones de la cuarta ola se abren en dos direcciones. El primer eje es la lucha contra la violencia sexual. Millones de mujeres de todas las edades han salido masivamente a la calle para decir no a la violencia sexual. El feminismo ha puesto en pie una lógica analítica y política para detectar y combatir la violencia sexual y por ese camino hemos desembocado en la crítica a la prostitución y la pornografía. Como herederas del feminismo radical de los años setenta reclamamos el fin de una institución y una industria global y criminal que deslocaliza los cuerpos de las mujeres para convertirlos en productos de un mercado global de cuerpos. Pero también exigimos el fin de la prostitución porque esta práctica social orienta la mirada masculina hacia todas las mujeres y las convierte en potencialmente prostituibles. Socializar a nuestros jóvenes en la cultura de la prostitución es un golpe irreparable a la igualdad.

El segundo eje de la agenda feminista es la lucha contra la desigualdad económica de las mujeres, la feminización de la pobreza, la brecha salarial y las diferentes formas de servidumbre que se están creando para nosotras en el mercado global. El sistema patriarcal y el capitalismo neoliberal tienen una propuesta para grupos de mujeres pobres: convertirse en servidoras sexuales, reproductivas, domésticas y laborales.

El feminismo no debe dar carnets de feministas a cuantas mujeres reclaman serlo, pero no se puede ser de izquierdas y estar a favor de los intereses económicos de los ricos. Por la misma razón, tampoco se puede ser feminista y sostener que la prostitución y la pornografía son manifestaciones de la libertad sexual. Hay que distinguir normativamente lo que es una propuesta feminista de emancipación de las mujeres de lo que es el simulacro de la emancipación de las mujeres.