Dominio público

Filosofía o barbarie

Isabel Galvín

Profesora de didáctica y organización escolar. Secretaria general de la Federación de Enseñanza de CCOO de Madrid

La Muerte De Sócrates.- PIXABAY

La filosofía está de nuevo bajo asedio. Aunque en 2018 todos los partidos políticos apoyaron la proposición no de ley para recuperar los contenidos filosóficos en 4° de ESO y Bachillerato que la Ley Wert había fulminado, el Gobierno de España, entonces en la oposición, ha olvidado sus promesas. En la reforma educativa que ha emprendido, el currículo de Secundaria que desarrolla la nueva Ley Orgánica, LOMLOE, no recupera la filosofía en la ESO. La norma, eso sí, deja en manos de las comunidades autónomas la incorporación de la asignatura de Filosofía.

Lo único que contempla el desarrollo curricular aprobado en su lugar es una hora semanal de Educación en Valores Cívicos y Ëticos. Nueva asignatura que todo el alumnado tendrá que cursar en alguno de los cuatro cursos de ESO pero eliminando la asignatura de Filosofía como materia optativa en el último curso de la ESO. Se sientan así las bases para que la educación obligatoria se finalice sin haber cursado Filosofía.

Sería impensable que un estudiante terminara su educación obligatoria sin conocimientos básicos de historia, literatura o matemáticas. Son disciplinas básicas, fundamentales para el desarrollo personal, para la participación en sociedad, aplicables a casi cualquier ámbito de la vida. Pues la misma consideración ha de tener la filosofía, rama esencial del conocimiento y, por ello, profundamente útil. Útil porque es amiga de la ciencia, de la democracia y de lo humano. Hablemos de filosofía.

Útil porque es científica

La filosofía y la ciencia van de la mano. Aunque un estudiante tenga la vista puesta, por ejemplo, en la física, en algún momento se las tendrá que ver, quiera o no, con la filosofía. En muchos aspectos, la física proviene de la filosofía griega y de los primeros intentos de dar una explicación racional a los fenómenos naturales. Al fin y al cabo, fue el filósofo griego Demócrito el primero en hablar de "unidades indivisibles e indestructibles" que conforman el mundo material, a las que llamó "átomos", 2.100 años antes de que científicos modernos como Dalton o Avogadro empezaran a vérselas con los átomos en postulados y experimentos.

Y viceversa: la física dar lugar a más filosofía. La física newtoniana creó una nueva concepción del espacio y del tiempo que Immanuel Kant intentó integrar en su filosofía. Desde la teoría de la relatividad hasta la física cuántica, la física abre más preguntas de las que responde, y para vérselas con esas preguntas ahí está siempre la filosofía. Lo mismo ocurre con la biología y la historia, cuyos conceptos y teorías siempre están atravesados de sesgos históricos y metodológicos que la filosofía refina e interroga.

No debemos entender la filosofía como ‘eso’ que hacen los filósofos -que lo es, pero no solamente-, sino como una manera de interrogar el mundo de la que cualquiera puede participar. Una manera de salir del marco teórico de esta o aquella disciplina y de seguir preguntando, cuestionando las bases de cualquier edificio teórico; no para construir castillos en el aire, sino para saber de qué están hechos sus cimientos.

Por lo tanto, además de reservar la filosofía para aquellos que decidan estudiar una carrera de cuatro años, hay que permitir que todo el alumnado pueda disfrutar de ella como asignatura porque, estudien lo que estudien después de la ESO y el bachillerato, la mirada filosófica siempre les acompañará.

Útil porque es democrática

Más allá de su relación con otras disciplinas, la filosofía tiene una conexión intrínseca con la esfera pública y con la democracia, en tanto que manera crítica de habitar una sociedad. Filosofar es dudar. El que filosofa no asume ninguna verdad sin haberla antes puesto del revés, sin haberla examinado e interrogado. La filosofía refina el pensamiento crítico y es, por definición, enemiga del dogmatismo. En tiempos de dogmatismo, la filosofía es el antídoto. Cuando el debate público está contaminado, lleno de expertos y tertulianos que hablan con toda la seguridad del mundo, plagado de medios de comunicación y partidos políticos que no dudan en construir política a partir de medias verdades y hasta de la mentira, necesitamos más que nunca jóvenes que hagan y se hagan preguntas.

Para la filósofa Hannah Arendt, la esfera pública es un "mundo en común" y para Jürgen Habermas, una "sociedad que participa en un debate público y crítico". Para Nancy Fraser, la esfera pública tradicional había excluido a grupos como las mujeres o las clases trabajadoras, que han ido ganando el derecho a participar en la esfera pública tras siglos de lucha política. Así han pensado los filósofos ese lugar tan antiguo donde nació la filosofía, el "Ágora", que si en la Antigua Grecia era una plaza, hoy día abarca mucho más: la prensa, la televisión, Internet, las calles, las manifestaciones, los mensajes, discursos y conversaciones políticas… Navegar estos mares sin pensamiento crítico es condenarnos al naufragio.

Una esfera pública saludable, en la que todos los ciudadanos puedan participar críticamente es la base de cualquier democracia. Tal esfera pública no existe sin la filosofía.

Útil porque es humana

Todos hemos sido adolescentes. El alumnado de cuarto de la ESO suele estar, como lo estuvimos todas, muy perdidas. Muchos no saben qué quieren estudiar, o dudan sobre si seguir o no estudiando. Viven el vértigo de terminar la educación obligatoria, quizá de cambiar de centro o de amigos, de los huracanes emocionales y hormonales… Empiezan a saborear las primeras gotas, dulces y amargas, de la adultez.

Para muchos adolescentes que intentan hacerse paso en medio de esta vorágine, la filosofía ofrece un punto de referencia, un asidero en tiempo difíciles. Interrogar el mundo es, no pocas veces, la mejor manera de encontrarse y de encontrar un camino. Porque, no ya en la respuesta, que no siempre llega, sino en la pregunta está la clave quiénes somos y qué buscamos. La pregunta humaniza, porque en la pregunta van escritos nuestros miedos y deseos más profundos.

A veces se nos olvida lo revolucionario que es juntar a un grupo de adolescentes en un aula y darles la oportunidad de pensar, entender, preguntar, de bañarse en la historia del pensamiento. De llevarse a Platón a casa para seguir preguntando qué es el amor, qué es el tiempo, qué es la justicia. La filosofía nos sienta los unos frente a los otros y al preguntar juntos, nos humaniza.

Por todo, qué necesaria es la filosofía. Y qué extraño lugar éste en el que hay que defenderla. En las manifestaciones que llevan años defendiéndola se escucha siempre un conocido cántico: "Sin filosofía la escuela se vacía". Es triste y cierto, y yo diría aún más. Sin filosofía se vacía también la ciencia, la democracia, la juventud. Incluso se vacía la vida porque se vacía la civilización.

La asignatura Valores Civicos y Eticos no recupera la Ética que suprimió la Ley Wert aunque la lleve en su nombre. No debemos confundir. Se trata de la desaparición de la filosofía en la educación obligatoria, la común para toda la ciudadanía (con permiso de las comunidades autónomas). Bien es verdad que será obligatoria en el Bachillerato pero a esa enseñanza no obligatoria no llegan muchos porque no llegan todos.

Sencillamente, se han defraudado las expectativas. Pero, además, en términos de lucha por la hegemonía cultural y de posiciones se consolidan los retrocesos que, en educar para aprender a pensar, supuso la Ley Wert. Extraño. ¿Elegimos barbarie, entonces? Siempre nos quedarán las Comunidades Autónomas que pueden, en el uso de sus competencias, incorporar dos horas de Filosofía como materia optativa en 4º de la ESO. Ya hay algunas que lo han hecho y otras que han anunciado lo harán, ¿eluden la barbarie o simplemente hacen oposición al gobierno central?