Dominio público

Falla democrática en suelo europeo

Amaia Goikoetxea

Decana del Colegio Vasco de Periodistas y presidenta de la Asociación Vasca de Periodistas

Concentración por el periodista Pablo González detenido en Polonia.- Marta Fernández / Europa Press

El otro día Jordi Évole confesaba a sus entrevistados/as sentirse menos libre, con menos libertad que hace años. Esa triste sensación la tenemos muchos porque, a pesar de los avances y mejoras, más formales que reales, estamos permitiendo comportamientos y carencias inadmisibles en una sociedad avanzada... democrática.

Vivimos con indolora naturalidad deficiencias que comprometen pilares básicos de los pregonados y siempre maltratados Derechos Humanos.

Si algo tiene que definir el Progreso, el avance a lo largo de la Historia, son las mayores cotas de humanidad, conocimiento y una ciudadanía capaz de ser y sentirse libre para vivir con valentía y coraje, sin miedo.

Esto que teóricamente tenemos claro y es tan básico, contrasta con gestos cotidianos que ponen de manifiesto el ingente trabajo que aún nos queda por hacer en ese largo camino hacia la libertad y la madurez democrática.

La detención y encarcelamiento en Polonia del periodista vasco-ruso Pablo González, acusado de espionaje, manteniéndole incomunicado más allá de lo legalmente permitido, sin relación con su abogado y familia, sin presentar ninguna prueba que avale la grave acusación, es un ejemplo de falla democrática en suelo europeo que ningún país o profesión que se precie debería permitir.

Lo que nos llega desde la familia y el abogado es desatención y desamparo; trabas, una maraña y una complejidad burocrática, inaceptable en tiempos de guerra, que con impunidad está alargando el aislamiento de un periodista al que se le debe garantizar la presunción de inocencia.

Polonia está desoyendo el requerimiento de información por parte de organismos internacionales de periodistas y sigue sin presentar pruebas que demuestren ese supuesto delito de espionaje.

Desde distintas entidades, organismos y colegios profesionales de periodistas se ha manifestado la preocupación por esta detención. Se ha reclamado que, más allá de lo que digan o filtren por detrás las autoridades españolas o polacas, se prueben las acusaciones, se mantenga informados a su abogado y familia y se le garanticen al detenido sus derechos jurídicos-procesales.

Polonia no está facilitando el trabajo del abogado Gonzalo Boye y, lo que es más grave, no está respondiendo a la necesidad de información por parte de la esposa de Pablo. Su familia sufre esta tremenda injusticia.

Entretanto, la inteligencia polaca y la española filtran aquí y allá rumores, datos oscuros de la vida de Pablo, tratan de desactivar el pronunciamiento de colegas periodistas o el tratamiento del tema en los Medios...

Al poner bajo sospecha el trabajo de los periodistas sin pruebas o con pruebas fabricadas, acusándonos de ser espías o de estar donde no debemos o no quieren que estemos, utilizan una vieja treta, nada original, lo que supone un ataque en toda regla a la esencia del Periodismo.

Desgraciadamente nadie se va a atrever a poner en entredicho o exigir nada a Polonia, un país que, en términos democráticos y de Libertad de Prensa, deja mucho que desear pero al que, en este contexto de guerra y dada su labor de acogida de refugiados, se le va a perdonar absolutamente todo, hasta lo imperdonable.

Pobre periodismo, pobres los/as periodistas que se atreven a serlo en tiempos grises y revueltos... siempre bajo sospecha, se les niega lo mínimo, son fáciles de batir. En este contexto, los Derechos Humanos y la Justicia se tambalean sobre esa falla que algunos percibimos como un terremoto contra las libertades.