Dominio público

La hermandad del rabo

Noelia Adánez

José Manuel Villarejo, el 12 de enero en la Audiencia Nacional en San Fernando de Henares. Foto: EDUARDO PARRA (EUROPA PRESS)

La mafia habla su propio lenguaje y éste posee una profunda huella de género. El lenguaje del hampa es obsceno, violento, truculento y machirulo. Con los audios de Villarejo publicados por la periodista Patricia López en Crónica Libre estos días hemos podido comprobarlo una vez más. El contexto que denota el sonido ambiente es el de una hermandad de señores constituida para despachar negocios: transacciones en las que se intercambian informaciones falsas por dinero, pues qué otra cosa son las audiencias que pretenden conseguir difundiendo tales informaciones sino la unidad con la que se mide la publicidad que, en toda esta historia, es lo monetizable. Si por el camino se destruyen reputaciones personales o partidos, se provoca un injusto pero generalizado descrédito del periodismo patrio o se socava la democracia, tampoco es que importe demasiado, porque dentro de la hermandad se come rico y el alcohol calienta el corazón y sacude las penas del alma. Dentro de la hermandad los hombres se quieren como solo saben quererse los hombres.

Ferreras: Tú ya sabes que a Eduardo [Inda] le quiero... le quiero un huevo, le quiero como a un hermano.

Villarejo: Anda, ¿tendrás dudas de que yo no le quiero?

F: Y él a ti también, a ti también.

El amor entre hombres no deja espacio a la traición. Donde no hay romance no hay ni celos ni sospechas, sino una relación de confianza a prueba de tentaciones. Una relación que no solo gira en torno al bisnes (que diría Esperanza Aguirre), sino al reconocimiento mutuo, la celebración y la juerga.

Villarejo : Cuando quieras. Papeamos, comemos, nos reímos. ¿Tú sabes que eres mi debilidad? Humildemente y por lo tanto, estoy totalmente entregado a ti, o sea, entiendo que estés enamorado de tu parienta y tu parienta de ti, porque eres un sujeto muy habilidoso.

F: Soy fiel, soy fiel.

V: Bueno, fiel y.

F: No fanático pero fiel.

V: Y gran seductor y eso está muy bien, venga

F: Venga comisario cualquier cosa hablamos. Vale.

V: Un abrazo Antonio, gracias.

F: Un abrazo fuerte. Ciao.

"Tengo una debilidad" de Antonio Machín da paso a Julio Iglesias; soy un señor y casi fiel en el amor. La música sube de volumen, lo que amortigua el tintineo de los hielos en la copa balón. Cuando se envían abrazos de despedida es fácil escuchar cómo se golpean fuerte en la espalda. Con decisión, entre risas que dejarán escapar un aliento a puro y a melaza. Por el camino Villarejo ha asegurado que él trampea un informe con "el rabo", lo que provoca el paroxismo colectivo. Podía haber dicho que lo hace con los ojos cerrados, pero "el rabo", en este contexto, sin duda es un significante con más peso. El "comisario" va sobrado y los miembros de la hermandad lo saben. Su rabo lo avala.

La hermandad es un espacio de vida y lo que se sitúa fuera y es susceptible de considerarse enemigo solo puede tener como destino la muerte.

Ferreras: Monedero a nosotros nos odia, porque nosotros fuimos los que matamos a Monedero con aquello, con la pasta. Porque, además, cuando nosotros le damos una hostia a ellos, ellos sufren de cojones...

Y cuando no es matar lo que interesa, al menos conviene dar "una buena hostia" como la que merece Pedro Sánchez y Ferreras anuncia que llegará pronto. La hermandad necesita causar sufrimiento, valorizar su fuerza y arriesgar decisiones aunque deje cadáveres por el camino. Es más, esos cadáveres son jalones, señales en la geografía de una guerra de la que la soldadesca necesitará tomarse algún descanso. Por eso la propuesta de aprobar una ley contra la prostitución por parte del presidente Sánchez le parece a Villarejo inadmisible. Pero ¿de qué coño va este impresentable? ¿Qué quiere ahora, dejarnos sin putas? Recordemos, por otra parte, que el comisario llegó a montar una red de prostitutas para su negocio de espionaje. A las putas no me las toquéis, hostias.

Cuando es una mujer la que intenta formar parte de la hermandad es fácil que caiga en una especie de travestismo de las costumbres, como sucede con María Dolores de Cospedal, que aseguraba "fumarse un puro". O en una hipérbole de masculinidad que enseguida adopta el código de la homofobia como herramienta de ataque. Ana Terradillos insiste en que ahí están todos, "chupando pollas". Dos veces en el mismo audio: "chupando pollas". Terradillos y Cospedal como peces en esta agua viscosa de noticias falsas, mandarines de la comunicación y espías comisarios, de señoros enfangados. Y seguirá llenándose de habitantes el acuario. Perdón, de sapos la charca.