Dominio público

¿Puede la izquierda ganar Madrid?

Daniel V. Guisado

Politólogo y asesor político. @DanielYya

La portavoz del PSOE en el Ayuntamiento de Madrid, Mar Espinar (i), y la portavoz de Más Madrid en el Ayuntamiento de Madrid, Rita Maestre (d). E.P./Carlos Luján
La portavoz del PSOE en el Ayuntamiento de Madrid, Mar Espinar (i), y la portavoz de Más Madrid en el Ayuntamiento de Madrid, Rita Maestre (d). E.P./Carlos Luján

El nuevo ciclo electoral está a la vuelta de la esquina. El fin del 2022 marcará el inicio de un año electoral marcado por las elecciones autonómicas en doce regiones, las locales en hasta 8.000 municipios y finalmente las generales en toda España. Sin embargo, el resultado en las dos primeras marcará enormemente los resultados en las últimas a través de un clima de opinión pública donde se dirimirán vencedores y vencidos.

Entre todas las batallas destaca una especialmente: Madrid. Por su radical importancia como capital del país y por sus disputados resultados. Aunque en 2019 tanto la comunidad como la ciudad fueron ganadas por una derecha dividida en tres por escaso margen (dos escaños), mientras en la primera se consiguió generar una hegemonía política (y cultural) en torno a Isabel Díaz Ayuso, en la segunda José Luis Martínez-Almeida ha encontrado mayores resistencias. Los grandes liderazgos pueden imprimir pedigrí político al acompañante, pero también eclipsarlos. Almeida, en este sentido, adolece de estar a la sombra de Ayuso.

Así lo demuestran los escasos sondeos que han salido este último año. En la Comunidad Ayuso podría volver a arrasar (como ya hizo en el adelanto de 2021), pero en la ciudad Almeida pende de un hilo. Lo que nos permite plantear la cuestión titular del artículo: ¿puede la izquierda ganar Madrid? Y para contestarla es necesario expresar tres posibles condiciones para que se produzca.

En primer lugar, un Partido Socialista que tenga vocación de ser competitivo. Es compartida la sensación de estar ante un PSOE que lleva demasiados años dando por perdida la ciudad y que se ha convertido en la sombra de lo que un día fue. En la última década ha perdido casi la mitad de votos (140.000) con candidatos poco atractivos tanto para la militancia como para la ciudadanía madrileña. Además, un análisis panorámico de los resultados y de la opinión pública de las dos últimas legislaturas nos permite vislumbrar un Más Madrid con un suelo electoral alto, pero incapaz de fagocitar al PSOE. Este último, por el contrario, puede ser capaz de movilizar a un electorado desmotivado o apático cuyas dos únicas opciones son quedarse en casa o votar por los socialistas, pero no por la opción hegemónica progresista en la ciudad. Para que el bloque de izquierda sea efectivo ambas opciones deben repartirse papeles y esforzarse para maximizar fuerzas.

Además de la efectividad y, en segundo lugar, se ha de apuntalar la eficiencia. Las fuerzas progresistas todavía arrastran el estigma de la división de los últimos años. La experiencia de Madrid En Pie, que obtuvo 42.000 votos (2,6%) en 2019, no supuso la derrota del bloque de izquierda (sus votos sumados a Más Madrid íntegramente les habrían dado un escaño, quedándose a las puertas de la absoluta), pero ha pesado enormemente en el imaginario de la izquierda. También ocurrió en 2015 con Izquierda Unida, pero esa vez las cuentas dieron. Por tanto, la unión y la desunión no debe tomarse como una cuestión religiosa, sino como un elemento a estudiar en función de la coyuntura. Ahora bien, el fantasma vuelve a estar en el horizonte con la decisión por parte de Podemos, esta vez sí, de acudir a las municipales como fuerza propia.

Los apoyos que la formación morada pueda tener serán determinantes. Si claramente supera el umbral del 5% no habrá riesgo alguno: lo que obtenga se sumará a la mayoría. Si no lo supera entrará en juego el cálculo electoral, puesto que lo que consiga aglutinar no será sumado al resto de fuerzas que, hoy por hoy, sí tienen asegurada su entrada en el Ayuntamiento. Será, por tanto, una gestión de expectativas y un posible juego de suma cero lo que evalúe la idoneidad de ir divididos en tres o en dos.

En tercer y último lugar, de forma parecida al caso de Podemos, se encuentra la incógnita Ciudadanos. Probablemente el punto más relevante a la par que azaroso. El polo de la derecha se encuentra ahora mismo al borde de la mayoría absoluta, con la variable Ciudadanos como comodín seguro. Con un Partido Popular que ha conseguido absorber el 90% del partido naranja y un Vox cuyo suelo electoral le asegura cuatro escaños, la única interrogante está en Ciudadanos.

Se puede expresar de forma más clara. Si Villacís consigue superar el umbral electoral la derecha tendrá todo el viento a favor para volver sumar. Con escaso margen, pero con alta probabilidad. Si por el contrario la campaña electoral, el declive particular del partido y las deserciones empeoran las expectativas a última hora, uno o dos escaños pueden bailar entre bloques. Precisamente la misma cantidad que otorgó la mayoría a Carmena en 2015 y Almeida en 2019.

Es una cuestión de equilibristas. Si Almeida consigue repetir, y hasta ahora nada presagia que no lo haga, tendrá que tomar una decisión determinante: asfixiar lo que queda de Ciudadanos confiando en absorber ese 5-6% que queda (un desembarco de Villacís en las filas azules podría ayudar) o dar oxígeno y confiar en que superan el umbral electoral (algo que no se dio en la Comunidad de Madrid hace un año).

Ningún escenario invita al optimismo desenfrenado para la izquierda, pero no se puede obviar la partida abierta que existe en la ciudad. Las tres condiciones previas marcarán la correlación de fuerzas, pero también habrá más elementos que dilucidar. El papel de Carmena entre ellos. No es menor la cuestión a la que se enfrenta Más Madrid tras dos elecciones con una candidata enormemente atractiva y que conseguía difuminar las fronteras ideológicas. Rita Maestre, la sucesora oficial, parte de buenos datos en valoración y conocimiento, pero su rendimiento podrá verse influido por la permisibilidad de Carmena para crear tándem desde fuera y dejar usar su imagen. El testigo debe pasarse de forma visual y explícita.

Lejos de dar por perdida batallas antes de proponer ganarlas, Madrid es un ejemplo perfecto de aquellos escenarios electorales donde la izquierda debe desprenderse de todo atisbo de pesimismo y salir a pelear hasta el último voto. Probablemente uno de ellos sea decisivo para que un bloque u otro acabe sumando. Pero sí, la izquierda puede (volver) a ganar la capital.