Dominio público

Tomates para Sabrina Salerno

Andrea Momoitio

Periodista y escritora

Sabrina Salerno en una aparición televisiva en el año 2020

Supongo que tiene que ver con la edad, pero yo no tenía ni idea de quién era Sabrina Salerno. Es probable que no sea la única, claro. Salerno (Génova, 1968) es una actriz y cantante italiana que saltó a la fama en los años ochenta. No sabía quién era, pero he escuchado en miles de ocasiones una de sus canciones más famosas: Boys, boys, boys [I'm looking for the good time].

La verdad es que verla es todo un espectáculo. Es habitual que, cada vez que la nombran, digan que es un símbolo sexual. Si preguntas, lo más normal es que te digan: "¡Sí, mujer! ¡La de la teta!". Efectivamente, Sabrina Salerno tiene dos tetas. No es que sea una verdad de Perogrullo, pero es bastante habitual que los seres humanos tengamos dos. Por alguna extraña razón, sin embargo, las tetas son el símbolo de la feminidad por excelencia.

Hace unos años, Beatriz Gimeno descubrió (sic) en Pikara Magazine que no es una característica exclusiva de las mujeres y aquello, créanme, causó revuelo. Ella se refería en concreto a los pezones: "El pezón humano es una protuberancia pequeña que se encuentra sobre las mamas o pectorales rodeada de un área de piel más oscura conocida como areola. La mayoría de las personas, tanto hombres como mujeres, tenemos dos pezones situados en el centro de la mama". En este sentido, Sabrina Salerno no es una excepción.

Lo excepcional es –aunque también podríamos decir, simplemente, que es una anécdota–que, durante una actuación, mientras bailaba, a Salerno se le vio una teta. Lo podéis ver, por ejemplo, aquí, en un video que tiene más de 400.000 reproducciones, con un título nada sugerente: "La teta de Sabrina Salerno". Dicen que es un momento histórico de la televisión y cuentan que fue el manager de Salerno el que autorizó que se publicaran las imágenes. Hicieron un circo de aquel descuido y, al parecer, ella no se enteró de nada. Una anécdota a pesar de que en El País asegurasen que fueron "tres segundos" que "paralizaron a España".

Las imágenes se emitieron el 31 de diciembre de 1987, durante la típica gala de Nochevieja. Ella, esa misma noche, tenía una actuación en Bilbao. Al Ayuntamiento, que entonces también estaba en manos del PNV, les había dado por organizar un evento al aire libre para celebrar el fin de año. El alcalde era José María Gorordo y decidió que la ciudadanía de Bilbo se merecía ver a Sabrina en directo. La gala que se emitía esa noche, presentada por Pilar Miró, tendría su gracia, claro, pero no tanta gracia como ver a la italiana in situ. Armaron un sarao en El Arenal que, finalmente, tuvo mucha más repercusión de la que esperaba el consistorio. Cuentan en Interviú que los bilbaínos, "la población juvenil y masculina", recibieron con mucho entusiasmo la visita de Salerno.

No todo el mundo estaba conforme.

El 30 de diciembre, por la tarde, Matarraska, el grupo de mujeres jóvenes de la Asamblea de Mujeres de Bizkaia, debió de convocar una manifestación para protestar, según la revista Interviú por las "inclemencias de un sociedad machista". Javier Ángel Preciado, el periodista que firma la crónica, asegura que durante la manifestación se "quemaron símbolos y fotos de misses, modelos de publicidad, el PSOE, la Guardia Civil y un obispo". Cuenta, además, que las manifestantes gritaban: "Gorordo, tu cotillón al fogón".

Las feministas bilbaínas no tenían ningún problema con Sabrina: "Estamos contra el sistema, contra la creación del sex symbol y contra los instrumentos que favorecen la  utilización del cuerpo de una mujer para vender mejor", aseguraban entonces. Mientras la cantante estiraba su repertorio en el escenario, desde un lateral del mismo, un grupo irrumpió en el recinto con distintas pancartas que denunciaban, tanto la cosificación de Sabrina, como la doble moral del Ayuntamiento. Según declararon a la prensa entonces, el mismo órgano municipal había censurado unos meses antes una obra de teatro por considerarla inmoral: "Los intereses del PNV, en este sentido, están por encima de sus creencias. Este verano censuró una obra llamada Ropa interior, ropa íntima, porque la consideraba de mal gusto y ahora fomentan la actuación de una señora que lo único que hace es comerciar con su cuerpo. Está claro que la igualdad que pretenden el PSOE y el PVN, entre el hombre y la mujer no existe. Todo es mito".

Para mito, por cierto, el del matriarcado vasco, que el teniente alcalde de la ciudad y responsable de cultura, Miguel Ortiz de Arratia, trataba de justificar ante el periodista de Interviú: "No creo que la nuestra sea más machista que cualquier otra sociedad. En Euskadi existe un matriarcado y el poder de la mujer tiene raíces profundas. Se dice que los vascos somos muy machistas porque las mujeres no pueden entrar en las sociedades gastronómicas, pero esto, al fin y al cabo, lo único que trata de demostrar es que el hombre tiene necesidad de recluirse del matriarcado, pero no para no estar con las mujeres sino para estar solo con hombres".

Aquella noche, la protesta feminista no se quedó en los cánticos. Aunque, al parecer, no es lo que estaba previsto. Hubo quien lanzó tomates y huevos al escenario. Sabrina Salerno tuvo que cancelar su actuación. Más adelante, una miembra de la Asamblea declaró a la prensa que no estaban acordadas acciones de ese tipo y las atribuyó a la asamblea de parados y a la asamblea de un gaztetxe [traducido literalmente: casa de personas jóvenes], que no nombra específicamente. Los y las paradas, al parecer, protestaban aquella noche por el gasto municipal que había supuesto el concierto de Sabrina.

Bego Morote formaba parte de la Asamblea de Mujeres de Bizkaia entonces. Me atiende por teléfono y no duda: "Aquellas acciones no salieron de la Asamblea. No habríamos ido a tirar huevos ni tomates a una mujer". No se sentían representadas por Sabrina y estaban hartas de la cosificación a la que estamos expuestas las mujeres. Además, recuerda, durante la protesta se dieron gritos y actitudes sexistas. Cree que la prensa atribuyó interesadamente a las feministas las acciones. Ellas, cuenta, recuerda que se arrepintieron de haber convocado algo así.

Hubo un forcejo tenso. Un hombre se cayó al suelo y Morote, en cuanto pudo, se marchó de allí: "Sabrina estaba horrorizada, se fue horrorizada, con un susto de la hostia". Susana Andino andaba también por allí aquella noche, pero no recuerda muchos detalles. Sí sabe que cantantes como Sabrina les provocaban un gran rechazo: "Nos parecían más machistas que los hombres machistas de entonces, que son como los de ahora. Habría que hacer una lectura contrastada entre esa Sabrina y las Sabrinas de ahora". Insiste: "Ha cambiado mucho el marco con el que leemos a las mujeres que visten como les da la gana".

No fue la de Bilbao la única protesta contra Sabrina que, sin quererlo, se convirtió en el centro de grandes críticas y debates. La prensa de la época –aunque algunos periodistas han seguido años después alimentando esa leyenda– atribuyeron a las feministas bilbaínas una gran violencia contra la cantante. En varias crónicas aseguran, incluso, que trataron de tirarla a la ría: "Sensacionalismo puro y duro", responde sin titubear Bego Morote. Las críticas a la violencia que en teoría ejercieron las feministas se sucedieron en en la prensa. Hoy, parece que aquella acción no fue orquestada por la Asamblea de Mujeres de Bizkaia. No dudaron, sin embargo, en defender la posibilidad de ser violentas: "No nos importa que los hombres piensen que somos violentas, lo que queremos destacar es que estamos dispuestas a utilizar la violencia para luchar por nuestros derechos, igual que hacen los hombres".