Dominio público

El mito de la media luna chií

MICHAEL BRÖNIG

05-26.jpgRecientemente, el Viceprimer Ministro de Israel, Shaul Mofaz, pronunció un claro veto sobre una de las cuestiones clave para el proceso de paz de Oriente Próximo. Devolver los Altos del Golán a Siria le daría a Irán un punto de apoyo en la frontera israelí y por lo tanto sería no sólo ingenuo políticamente sino irracional.

La declaración de Mofaz es sintomática de una percepción que ya está profundamente arraigada no sólo en Oriente Próximo sino también en Estados Unidos. Es la idea de que un Irán hegemónico trata de dominar la región mediante una serie de intermediarios chiíes. Se cree que esta quinta columna iraní se extiende desde Beirut vía Damasco y Gaza hasta Bagdad y desde Irán hasta Arabia Saudita y Yemen. Se dice que los recientes enfrentamientos armados entre Hizbolá y el gobierno libanés son una señal más del alcance de la hegemonía de Irán.

irónicamente, esta percepción le da a Israel algunos aliados inesperados. El Presidente Hosni Mubarak de Egipto afirma que los chiíes "siempre son fieles a Irán", mientras que el Rey Abdalá de Jordania ha acuñado un axioma sobre el crecimiento de la "media luna chií". Se alega que este "auge de los chiíes" y la resultante división entre suníes y chiíes está creando una brecha creciente en la región.

Si bien esta percepción puede ser convincente a primera vista, en el fondo se basa en generalizaciones que revelan más acerca de sus proponentes que de la realidad en el terreno.

Tomemos por ejemplo a Irak, donde frecuentemente se culpa a la "media luna chií" de gran parte del caos. Los acontecimientos recientes en Irak supuestamente indican un choque fundamental entre suníes y chiíes en la región y dan testimonio de la malévola interferencia iraní. Pero, ¿es Irak verdaderamente sintomático de un proyecto chií más amplio?
Es cierto que las tensiones sectarias entre suníes y chiíes en Irak han aumentado desde la caída de Saddam. Pero contrariamente a la percepción general, los chiíes iraquíes no forman un bloque homogéneo que se opone a los suníes, supuestamente unidos. En efecto, la verdad es la opuesta. A la luz del nacionalismo iraquí que cruza las fronteras sectarias, es exagerado considerar a los chiíes iraquíes como simples intermediarios de Irán.

En cambio, lo que estamos presenciando en Irak hoy en día no es una fricción creciente entre comunidades religiosas, sino una intensificación de las pugnas internas por el poder dentro de las comunidades suníes y chiíes. La violencia continua en Basora y los enfrentamientos entre los "Consejos del Despertar" suní y Al Qaeda en Irak lo demuestran. De hecho, el actual aumento de las tensiones indica una creciente lucha política entre la posición federalista del Primer Ministro chií, Nuri Al Maliki, y la posición centralista del clérigo chií Muqtada Al Sáder. Esta lucha definirá a fin de cuentas la estructura política de Irak.

En este punto es donde opera la cooperación entre suníes y chiíes. Los centralistas suníes y chiíes de Irak, en gran medida inadvertidos, han logrado formar en los últimos meses una plataforma parlamentaria unida que deja a un lado las tensiones sectarias. Más de cien seguidores de Ayad Alaui, Al Sáder, y otros se han unido a ellos. Esta plataforma suprasectaria pide una administración por el gobierno central de los recursos naturales de Irak y el aplazamiento del inminente referéndum para decidir el estatus de la ciudad de Kirkuk.

También son dignos de señalar los cambios en el gobierno. Los ministros suníes que habían boicoteado al gobierno desde el año pasado han regresado a sus puestos. Así pues, en Irak hay tanto un aumento de la violencia intrasectaria como pasos cautelosos para formar alianzas intersectarias.

¿Y qué sucede en Irán? Contrariamente a los ejercicios de achacar culpas que hace Estados Unidos, no se puede acusar a Irán de adoptar una postura agresiva incontrolada hacia Irak. Naturalmente, a ninguno de los encargados de la toma de decisiones en Irán le interesa un éxito estadounidense en Irak que pudiera volver a poner el cambio de régimen en Irán en la agenda. Pero las razones subyacentes de la política económica, social y militar de Irán parecen ser principalmente defensivas.

El recuerdo de los ocho años de guerra agresiva de Irak contra Irán en los años ochenta no se ha disipado. Desde el punto de vista iraní, cualquier amenaza futura proveniente de Irak debe evitarse garantizando la participación de chiíes y kurdos en el gobierno de ese país.

Muchos observadores no captan estas complejidades cuando escuchan la cómoda y fascinante retórica de la "media luna chií". Pero los árabes comunes las notan. Una encuesta reciente de la Universidad de Maryland indica que la gran mayoría de los árabes de la región considera al Presidente iraní Mahmud Ahmadineyad como uno de los tres líderes políticos más populares del mundo. Sólo un 11% identificó a Irán como la mayor amenaza a su seguridad. Entonces, si realmente existe una amenaza chií organizada por Irán, ¿por qué la ignoran quienes supuestamente son sus objetivos (las mayorías árabes suníes)?

En lugar de describir objetivamente la situación política actual en Oriente Próximo, la idea de una amenaza iraní fundamental se está utilizando para mantener el apoyo incondicional de Occidente a regímenes cada vez más inestables. Además, la exageración de la amenaza que representa Irán también se usa como un pretexto para la inflexibilidad política y el estancamiento de los procesos de reforma en toda la región.

Pero exagerar la supuesta amenaza chií tiene un precio. El discurso continuo de la "división entre suníes y chiíes" podría convertirse en una profecía que se cumple a sí misma. Al final, la retórica alarmista podría poner en peligro el statu quo de la región en lugar de protegerlo.

Michael Bröning es director de la Fundación Friedrich-Ebert en AMán, Jordania

Copyright: Project Sundicate, 2008

www.project-syndicate.org

Traducción de Kena Nequiz 

Ilustración de Enric Jardí