Dominio público

¿Dónde queda el militante?

JAVIER LORENZO

06-21.jpgAyer comenzó el Congreso del Partido Popular para elegir a quienes serán los máximos dirigentes de la acción política del partido en la IX legislatura. Decidirán quiénes serán las voces y las caras que intenten convencer a la ciudadanía de su programa para ganar las próximas elecciones. Pero no sólo se eligen voces y caras, sino que se marca la línea política a seguir y la estrategia del máximo partido de la oposición para los próximos tres años. Sin embargo, no se menciona que el congreso es la máxima convención de un partido político, en el que son los militantes quienes, como órgano soberano, deciden libremente a sus representantes, eligiendo el órgano de dirección política que dispondrá de plenos poderes para actuar hasta el próximo congreso. Por tanto, son los militantes quienes legitiman el proceso y, por tanto, los máximos protagonistas. O por lo menos debiera ser así.

Este es el presupuesto que reza en los estatutos de los partidos políticos europeos, con alguna diferencia en su estructura, composición y procedimiento, pero en esencia viene a legitimar el carácter democrático de las organizaciones políticas para llevar a cabo sus estrategias que les conduzcan a la obtención del poder, que en definitiva, es su objetivo final.

En un primer momento, en el que los debates y la fuerza de la palabra predominaban sobre otras herramientas y las organizaciones no eran tan poderosas como lo son ahora, estos congresos significaban la máxima expresión de la democracia, de su discurso político y marcaban la línea política del partido para los próximos años. Sin recurrir a otro lugar que no sea el nuestro, podemos recordar el abandono de las tesis marxistas por Felipe González y el enfrentamiento con el PSOE Histórico, así como la refundación de AP en el PP y el cambio de alineamiento ideológico que aconteció con la llegada de José María Aznar. Sin embargo, conforme los partidos políticos adquieren un protagonismo mayor, y las organizaciones crecen y se enriquecen, en todos los sentidos del término, se conforma la pirámide de poder, generando un cuello de botella en el que muy pocos deciden por muchos, por lo que la pirámide se estrecha por lo alto y se ensancha por lo bajo, dejando al militante de base muy alejado de los ámbitos de discusión y, por ende, también de decisión.

Con la justificación del incremento del número de militantes se entiende inviable un sistema de elección directa del candidato y del órgano de dirección nacional, el cual, por cierto, ya no se elige, puesto que es decisión unipersonal del candidato electo, a imagen de la elección del presidente de Gobierno de sus ministros, los cuales ni elegimos ni podemos exigir responsabilidad. Por tanto, las organizaciones políticas crean la figura del compromisario (en el caso del Partido Popular), o del delegado (en el caso del PSOE). Éstos vienen electos en sus agrupaciones locales o municipales por sus compañeros para elevar su intención de voto previa al congreso. De más queda decir que, las agrupaciones locales o municipales cuentan asimismo con un órgano de dirección que influye, de una manera u otra en la decisión de voto de dichos emisarios del voto. Claro está que estos dirigentes locales son los únicos, o de los pocos que a lo largo de la legislatura tendrán ocasión de debatir con los dirigentes regionales, es decir, con la siguiente escala de la pirámide.

Por tanto, sólo aquellos que están en la cumbre de la pirámide pueden influir, modificar o alterar las líneas políticas del partido, viéndose legitimados por la suma de votos de cada uno de sus compromisarios. Así se puede entender cómo en los órganos de dirección política se encuentran representados los dirigentes más influyentes de cada uno de los territorios y cómo el PP tampoco ha escapado a la cuestión territorial, a pesar de su reticencia y de su sentido de unidad nacional en la conformación del órgano de dirección política, así como la convocatoria de los líderes territoriales en los llamados maitines.

En el PSOE quizá fuera más natural, dado que en sus estatutos y su propia estructura ha sido siempre de carácter federal, en donde los territorios y partidos se encontraban representados desde un inicio y, por tanto, mantiene una coherencia política con los mismos.

Esta novedad en el Partido Popular ha levantado ciertas ampollas, aunque con el tiempo, no serán más que signos de cambio y evolución de un partido político que necesita adaptarse para sobrevivir, es decir, para vencer en las próximas elecciones.

Por ello, son los propios dirigentes de hoy los que organizan, influyen y determinan el proceso por el que serán electos los dirigentes de mañana, convirtiéndose en juez y parte al mismo tiempo, reduciendo así la democracia interna de los partidos

¿Aumentaría si el sistema de elección del candidato fuera por elección directa? Depende. Dependería de la voluntad política de las élites y dependería del modelo a seguir. ¿Sería viable? Técnicamente sí, políticamente no. Las tecnologías de la información y de la comunicación permitirían dar a conocer a otros candidatos, establecer procedimientos de voto electrónico y de elección directa al candidato en un proceso electoral interno. Políticamente sería muy difícil generar la confianza suficiente de candidatos no muy conocidos, que no contaran con el apoyo mediático y del aparato para conseguir el número de votos suficiente. Además, daría una impresión del partido de ruptura y de disensión, cuando el elemento fundamental de una organización política es justamente la contraria; la solidez y unas convicciones claras y compartidas. Lo que no elimina el debate pero sí lo limita. Un proceso abierto es un proceso incontrolado.

Ahora bien, las estructuras y las élites de poder de un partido político sólo saltan cuando pierden, es decir, cuando las urnas deciden, y esto genera una catarsis general. En este fin de semana, al igual que en el caso del PSOE el próximo mes de julio, se decidirán los máximos órganos dirigentes entre congresos que, casualmente, se convocan inmediatamente después de las elecciones generales. Pero no los candidatos a presidente de Gobierno de 2012. Eso será otra batalla y la decidirán los electores en las próximas elecciones europeas y municipales previas a la próxima convocatoria de elecciones al Congreso de los Diputados.

Javier Lorenzo es profesor de Ciencia Política en la Universidad Carlos III de Madrid

Ilustración de Iván Solbes