Opinion · Dominio público

¡Es ahora cuando, carajo!

Alfredo Serrano

MancillaDoctor en Economía, Coordinador América Latina CEPS

Alfredo Serrano Mancilla
Doctor en Economía, Coordinador América Latina CEPS

Este era el lema de muchos cánticos tatareados en las infinitas marchas de resistencia en Bolivia frente la acometida de políticas “de última moda” de pago de deuda ilegitima a acreedores internacionales a costa de una deuda social de la gran mayoría del pueblo. Estas fueron las palabras pronunciadas en las manifestaciones populares rechazando los programas de desajuste y los planes de desestabilización de las condiciones de vida de la mayoría ciudadana. Ese fue el grito de las demandas exigiendo una asamblea constituyente a pesar de la correlación adversa en las fuerzas partidarias. Los excesivos cálculos de los intelectuales a veces no entienden de las fuerzas espontáneas del pueblo.

¡Ahora es cuando, carajo! Esta exclamación cristaliza aquello que exige este momento político en España. El año 2013 es tiempo inminente para la política; es tiempo para sustituir a esa casta política ubicada en partidos en los que ya no cree nadie. Las movilizaciones sociales deben seguir, pero cada vez más instrumentadas en propuestas electorales para derrocar democráticamente un modelo económico bipartidista que ha demostrado que no tiene capacidad para arreglar este desaguisado provocado por ellos mismos. Precisamos confrontar en estos días el intento de implementación de una estrategia dominante de largo aliento: naturalizar e interiorizar el sacrificio para seguir esperando a que la crisis se vaya como si se tratara de un frente borrascoso que depende de cuestiones meteorológicas. Su estrategia está definida: eliminar expectativas queriendo provocar así que el movimiento y la protesta pierda fuerza. Los movimientos sociales, en sus múltiples dimensiones, tienen su tiempo, su intensidad, y hasta puede que su fecha de caducidad, y por ende, ahora es cuándo se requiere este salto táctico donde el fin no siga siendo -en el mejor de los casos- gozar de un 15% de votos para tener una fuerza partidaria minoritaria cada vez más grande, sino que es momento de buscar más del 50%; una fuerza electoral que contenga a la mayoría de ese 99% que representamos los ciudadanos de a pie que padecemos directa o indirectamente los efectos de esta crisis de carácter estructural.

Los indicadores, macroeconómicos y demoscópicos, muestran una descomposición integral de la sociedad española. No solo llevamos un quinquenio perdido, sino que vamos camino de la década perdida. Las expectativas, vengan por donde vengan, son para echarse a llorar. En cuanto a la cuestión económica, España seguirá en recesión sea cual sea la fuente consultada. Para el año 2013, el gobierno es el más optimista considerando que el PIB se reducirá en 0,5%; la Comisión Europea y la OCDE estima que la contracción es del 1,4; el FMI cifra la recesión en 1,3%. Este dato no es fruto del azar sino de haber optado por una economía irreal especulativa, sin sustento productivo, insertada desigualmente en la UE, favoreciendo a una micro oligarquía económica-financiera a cambio de la ilusión transitoria de la discutible monolítica clase media. Este dato es el resultado de una salida neoliberal a la crisis mundial del neoliberalismo edificada sobre un estado corporativo a favor de unos pocos a la par que suprime derechos sociales a las mayorías. La deuda que importa es la ilegitima, la financiera, con dueños que siguen enriqueciéndos. La deuda en vivienda, en salud, en educación, en justicia, en servicios básicos, en empleo,… es la deuda invisible para ellos y omnipresente para todos nosotros. Esta recesión permanente, agravada por determinadas políticas con paquete exclusivo para gente VIP, se traduce a su vez en un profundo Estado del Malestar: desempleo que sube, consumo por hogar que baja, desigualdad y pobreza creciente, desahucios en cada esquina a pesar de los 6 millones de viviendas vacías. Claramente, el pacto es con ellos, no con nosotros; la alianza es con ese orden económico internacional hegemónico. Las relaciones geopolíticas elegidas seguirán poniendo más dificultades: Merkel podría salir ratificada en Octubre de este año en Alemania; la derecha puede ganar en Italia en este Febrero; EEUU con la excusa del su estrategia-invento del precipicio fiscal llevará a cabo en unos meses todos los recortes posibles en prestación por desempleo, salud y pensiones a cambio de subir impuestos; y para colmo, la justicia elitista permite que el constitucional falle en contra de la medida francesa de poner altos impuestos a los que ganan más de un millón de euros por una cuestión técnica.

Todo este panorama tiene su espejo inmediato en una condena mayoritaria de los ciudadanos a aquellas instituciones sobre las que precisamente se cimienta todas las injusticias. No resulta nada extraño que las primeras 13 instituciones más desaprobadas por la mayoría en España sean, según Metroscopia, las siguiente: los políticos, los partidos políticos, los bancos, el parlamento, los obispos, el gobierno del estado, los ayuntamientos, los sindicatos, la patronal, las multinacionales, la iglesia, el tribunal constitucional y los tribunales de justicias. Todas estas instituciones tienen un porcentaje de desaprobación superior a los que la aprueban, revelando así un alto descrédito a esta política de mentira, a sus soportes y sus actores. Es ahora cuándo “sí se puede”.

Es momento de elegir ante la siguiente bifurcación: aceptar las reglas de este juego suicida dando por buenos los efectos devastadores y el sacrificio sine die, o cambiar creando una mayoría a favor de otra democracia, real e integral, y no aparente. Las dos rutas están muy definidas y llevan a lugares muy distintos. Ellos nos proponen acatar la propuesta de una transición lampedusiana, esto es, cambiar algo para que nada cambie, en el seno de una burbuja cultural-democrática fruto de otra transición, la del franquismo con una constitución sin pueblo constituyente sino con una corte de excelentes-sabios, con una justicia heredada, sin cambios en la acumulación originaria de la dictadura, donde apretarse el cinturón es un mandamiento natural. Nosotros tenemos otra vía, la vía de ganar elecciones sabiendo que “somos mas”, que la crisis no se solventa apretando un cinturón que no más de sí, sino que la rabia, la angustia, el pesimismo y la zozobra deben ser canalizados por un instrumento electoral ganador. Momento para que los movimientos sociales no se alejen de la sociedad, conversen con aquellos que aún no se mueven, y no dejen pasar esta oportunidad sin construir un instrumento político electoral que aproveche las cada vez más dadas condiciones objetivas y subjetivas de las mayorías. La economía y las condiciones sociales sólo cambian si se hace desde la política.