Dominio público

La difícil construcción de la paz

Pere Vilanova

PERE VILANOVA

10-05.jpgLos últimos años han contemplado diversos escenarios conflictivos, algunos de ellos recientes (es decir, posteriores a 2001), otros más bien remanentes de los años noventa, y otros, más complicados todavía, por cuanto sus raíces se remontan mucho atrás, aunque en la actualidad tenga acusadas características propias. Espacios de conflicto como los Balcanes, Oriente medio, Irak, Afganistán ilustran esta difícil tipología de conflictos. Y la dificultad de entenderlos se deriva de la gran cantidad de variables que incluyen. En todo caso, hay que buscar también rasgos comunes, que los hay. La razón de fondo de esta necesidad radica en el hecho de que se producen muchas diferencias justamente en la fase de reconstrucción posbélica propiamente dicha.

Ante todo, varios de los más importantes focos de conflictos de la actualidad tienen en común un cierto formato en tres partes. Una primera fase suele ser la del ascenso de la crisis política desatada por un determinado incidente, acompañada o mezclada con una intensa actividad diplomática, negociaciones y mucha actividad mediática. Los dos conflictos del Golfo de 1991 y de 2003, con Irak en su epicentro, contemplaron con nitidez una primera fase de este tipo. En ésta, que podemos llamar "de crisis político-diplomática" acompañada de movimientos militares, se pueden detectar enormes diferencias entre uno y otro. Por ejemplo, entre agosto de 1990 y enero de 1991 (invasión de Kuwait e inicio de la guerra contra Sadam Hussein) median casi seis meses; entre septiembre de 2002 y marzo de 2003 (entre los tensos debates en Naciones Unidas y el inicio de la guerra contra Sadam Husein), también. Pero el grado de consenso, de unanimidad, dentro y fuera de Naciones Unidas y de su Consejo de Seguridad, en uno y otro caso son completamente distintos, lo que plantea con toda claridad la cuestión no sólo del principio de legalidad sino también el de legitimidad en el uso de la fuerza.

La segunda fase, propiamente de tipo militar en el sentido más convencional, marca de nuevo enormes diferencias entre uno y otro caso, aunque en ambos la duración de la guerra propiamente dicha sea similar (cinco o seis semanas). Y de las diferencias enormes entre la primera y la segunda fase en 1991 y en 2003, se deriva la total divergencia de escenarios en la tercera (y crucial) fase: la gestión posbélica del conflicto, la reconstrucción, la pacificación. La terminología tradicional de Naciones Unidas, en su versión inglesa, consolidó los conceptos de peace keeping (mantenimiento de la paz), de peace enforcement (imposición de la paz), etc. Pero los nuevos escenarios y sus complicaciones crecientes han introducido nuevas terminologías: por ejemplo, peace building (construcción de la paz). Ya no se trata de conceptos ceñidos a su dimensión militar tradicional, como son los dos primeros aquí mencionados, porque se solían aplicar a conflictos convencionales entre actores estatales en la mayoría de los casos. El término "construcción de la paz" tiene más ambición y mayor mérito: plantea implícitamente que la terminación bélica de un conflicto no equivale a su resolución (no digamos ya a su "justa" resolución). De hecho, lo realmente complicado empieza después: la reconstrucción material, de infraestructuras, de servicios; pero también y sobre todo la reconstrucción de la sociedad, de las gentes afectadas por el cataclismo. Y ello no se decreta administrativamente, no tiene una solución sólo jurídica y de efecto inmediato. Es mucho más complejo, y algunos efectos más o menos recientes lo demuestran.

Por ejemplo, el caso de la ex Yugoslavia, cerrada la etapa dramática de las guerras del período 1991-99, permite hacer un balance muy significativo. De un mismo conflicto, que tiene un punto de arranque muy concreto y fechado (la "primera guerra yugoslava" en Eslovenia en verano de 1991), arrancan varios escenarios posbélicos de ritmos y rendimientos muy distintos entre sí, hasta día de hoy. Eslovenia y Croacia resuelven bastante pronto sus transiciones y su trayecto "hacia Europa", y por todo ello dejan de necesitar bastante pronto la presencia internacional, de modo que ésta ha adoptado luego diversas políticas "de acompañamiento" de tipo civil. Macedonia, Serbia, Montenegro, han seguido cada uno su propia trayectoria, con ritmos más desiguales, aunque en algún caso las razones de los retrasos haya que buscarlas en cuestiones de política interior, y en otros casos, de política regional. Pero también aquí, qué duda cabe, la cuestión de la presencia (no digamos ya de intervención) militar internacional, está cerrada. El acompañamiento habrá de ser civil, de política exterior, de incentivos de instituciones europeas (no sólo la UE). Hay otros casos, distintos entre sí, como Bosnia Herzegovina y Kosovo. El primero de ellos tiene su complejidad, nadie lo niega, pero parece evidente para quien conozca el dossier que la agenda de la presencia internacional militar está llegando a fin de ciclo, y que los problemas que subsisten son de política interna, de educación cívica, de comportamiento de las élites políticas y económicas, etc. Por lo que en Bosnia Herzegovina el acompañamiento de la comunidad internacional, y en primer lugar la europea, debe adoptar un perfil civil, que puede incluir una cierta presencia policial y judicial, incluso la cercanía de un mínimo instrumento militar de disuasión. Y sobre todo una política regional e internacional basada en incentivos y negociaciones que lleven a los actores nacionales a ir en la buena dirección. Sabemos desde hace tiempo que la suerte de Bosnia Herzegovina, en gran medida, es tributaria de la evolución democrática de sus vecinos Croacia y Serbia. Hagamos el balance de ambos casos y podremos evaluar mejor el caso de Bosnia Herzegovina.

Pere Vilanova es catedrático de ciencia Política y analista de estrategia en el Ministerio de Defensa

Ilustración de Mikel Jaso