Opinión · Dominio público

Capitalismo tóxico y corrupción

Qué tienen en común Marbella y la crisis financiera internacional con epicentro en los EEUU? Para empezar, podríamos decir que ambas son manifestaciones de un capitalismo tóxico: la primera es el icono del urbanismo salvaje y del desgobierno local en beneficio privado, de la grandeur de la economía inmobiliaria luego degenerada; la segunda es la madre de todas las crisis, la peor desde la gran depresión de 1929, una crisis, la hodierna, que tiene su origen en un modelo de crecimiento descontrolado de las entidades financieras, basado en hipotecas de alto riesgo y sofisticados (o más bien, desconsiderados) productos de inversión. También pueden asociarse al estallido de una burbuja: la inmobiliaria y la crediticia. Sin embargo, es necesario entrar en consideraciones más atentas.
Acaba de publicarse el Índice de Percepción de la Corrupción 2008, por la prestigiosa ONG Transparencia Internacional. Se trata de una medición de la percepción de la corrupción pública procedente de expertos y empresarios, elaborada por instituciones independientes y acreditadas internacionalmente. El dato contenido en el índice es el siguiente: España ha perdido tres posiciones en el ranking de países menos corruptos, ahora está en el lugar 28 con una nota de 6,5 sobre 10. Se explica por los expertos que la razón de esta caída sería la emersión de los casos de corrupción urbanística, es decir, se habla más de corrupción; aunque la verdad es que han aumentado las sentencias condenatorias por delitos contra la ordenación del territorio y se han iniciado más juicios por abusos urbanísticos. En definitiva, son las Marbellas de España que ensucian la limpieza del país. Ahora bien, lo que es importante recordar es que las ilegalidades, abusos, fraudes, sobornos, conflictos de intereses, registrados en la mencionada ciudad de la Costa del Sol ocasionaron un suceso sin precedentes en la historia de la España constitucional: la disolución de la corporación local, en el supuesto contemplado por la Ley de “gestión gravemente dañosa para los intereses generales que suponga incumplimiento de obligaciones constitucionales”. Quedémonos con este apunte y vayamos a ver lo que concierne a la crisis norteamericana.
En EEUU, desde 1977, existe una ley llamada Community Reinvestment Act (Ley de Reinversión en la Comunidad) que exige que los bancos ofrezcan créditos e hipotecas para facilitar el acceso a la vivienda y el desarrollo de pequeños negocios, en función de criterios determinados a nivel federal. Esta ley fue reformada en 1995 por la Administración Clinton para intentar satisfacer aún más las necesidades crediticias de las comunidades. Si en la economía moderna los servicios crediticios y financieros se consideran servicios esenciales, esta ley tenía la finalidad de conciliar los negocios con los objetivos sociales. Además de esta regulación social federal, en EEUU la mitad de las hipotecas se otorgaban por entidades híbridas, denominadas GSE (Government Sponsored Enterprises) y patrocinadas por el Gobierno, que habían sido creadas inicialmente durante el New Deal de Roosevelt como agencias gubernamentales encargadas de proporcionar liquidez para los préstamos hipotecarios, para luego ser privatizadas en los años setenta. Ejemplos de estas firmas semipúblicas son Fannie Mae y Freddie Mac, nacionalizadas el pasado 7 de septiembre tras haber perdido 11.000 millones de dólares, más que el agujero de Enron en 2001.
El núcleo del problema reside en que la gran mayoría de los bancos se había opuesto a esta regulación social, así que después quisieron transformar las obligaciones sociales en ganancias; para ejecutar este plan necesitaban que las normas y las autoridades se lo permitieran y por eso fueron capturadas por las corporations. Las autoridades americanas permitieron el más espectacular crecimiento de la pirámide de las deudas de la historia económica, ignorando al mismo tiempo la dimensión de los riesgos con los que cargaban los intermediarios financieros. Finalmente las responsabilidades de control se fragmentaban y diluían; mientras, los bancos creaban bonds en los que se mezclaban turbiamente las hipotecas basura y luego contratos de seguros derivados de estos títulos tóxicos: el mercado se contaminaba pero las entidades experimentaban unos beneficios extraordinarios. En especial, Fannie y Freddie en la actualidad erogaban 5.400 millones en hipotecas, más de las que se conceden en toda Europa, sin disponer de un capital adecuado… pero con el patrocinio de la Administración. Vale la pena recordar también que estas agencias han financiado los partidos en los últimos diez años con más de 1.000 millones de dólares. También han caído el tercero y el cuarto (también el más antiguo) banco de negocios de EEUU, Merrill Lynch y Lehman Brothers. Pocos días después, el 17 de septiembre, la Federal Reserve y el Tesoro americano han salvado a la aseguradora AIG inyectándole 85.000 millones de dólares y sometiéndola al control del Gobierno. La Administración Bush ha preparado un plan especial para intentar frenar la crisis esterilizando el mercado financiero de la contaminación sufrida. El precio del medicamento es muy alto, 700.000 millones de dólares, el 5% del PNB de la nación.
Esta crisis es el ejemplo más aterrador del fallo conocido como “captura del regulador por el regulado”, es decir, cuando el primero se identifica con el segundo y favorece sus intereses. La captura del Estado es una manifestación sofisticada y muy nociva de corrupción, propia de la actual sociedad del riesgo. El candidato demócrata Obama, antes de reunirse con Bush para discutir de la crisis, con propiedad ha afirmado que “la corrupción es un desperdicio de dinero y arruina los derechos humanos”. Y por eso, el plan de rescate de la economía contempla un abanico de medidas anticorrupción dirigidas a evitar los conflictos de intereses entre Administración y entidades privadas, es decir la vertiente más compleja de la corrupción moderna.
Esta crisis ha desvelado una “gestión pública (y privada) gravemente dañosa para los intereses generales”, que ha llevado casi al derrumbe del sistema financiero americano. Así, la corrupción es la línea roja que une EEUU con Marbella y se interrelaciona con el capitalismo financiero y urbanístico de “amiguetes”, parafraseando a Stiglitz. Los políticos, los reguladores, los empresarios, deberían aprender definitivamente que integridad y transparencia son las únicas estrategias compatibles con el desarrollo de la sociedad y de la economía. Ya no vale la filosofía de Gordon Gekko, financiero de la película de Oliver Stone Wall Street, sobre la codicia (greed): “Greed is good, greed works”. No señores, la codicia no es buena ni funciona.

Endrius Eliseo Occiolo

Profesor de Derecho Administrativo. Centre de Recerca en Governança del Risc (UAB-UOC)