Dominio público

Prensa diaria impresa: S.O.S.

Juan Fermín Vílchez

Periodista y autor de la obra Historia gráfica de la prensa diaria española (1758-1976).

Juan Fermín Vílchez
Periodista y autor de la obra Historia gráfica de la prensa diaria española (1758-1976).

La crisis de la prensa diaria impresa es una realidad creciente en las naciones más desarrolladas, desde que a finales del pasado siglo comenzaron a implantarse los sistemas informáticos para difundir noticias y opiniones, además de instruir y entretener. Los expertos en comunicación social auguran un futuro inmediato donde desaparecerán numerosos periódicos legendarios, sobrevivirán muy pocas cabeceras para minorías lectoras adictas al papel y los medios digitales serán hegemónicos. En España, sin embargo, este horizonte es peor que en otros países a causa de los problemas económicos, sociales y políticos que padecemos.

Los rotativos españoles siguen perdiendo lectores de manera alarmante. Según la prestigiosa revista Noticias de la Comunicación, la difusión total bajó más del 11% en 2013 y las empresas editoras encadenan siete años de pérdidas, después que la facturación publicitaria esté en caída libre. No obtienen beneficios ni siquiera regalando junto al periódico películas o vendiendo productos de los bazares chinos. En consecuencia, los despidos laborales y los expedientes de regulación de plantillas proliferan en las redacciones. La Asociación de la Prensa de Madrid cifra en 11.150 los empleos destruidos desde 2.008, y en 2013 han desaparecido del mercado ocho cotidianos.

La citada revista, en su número del pasado diciembre, informa de los periódicos que más descienden en circulación entre enero y noviembre de 2013, con respecto al mismo periodo de 2012: El País, 33.852 ejemplares menos al día; Marca, 32.729; El Mundo, 32.555; Abc, 32.157; As, 22.293; La Vanguardia, 18.565; y así hasta una larga lista que incluye a los 88 títulos de pago controlados por la Oficina de Justificación de la Difusión (OJD). La pérdida total de ejemplares diarios en dichos meses asciende a 374.429.

difusion-detalle

El público lector huye de la prensa española tradicional porque ésta ya no es lo que fue, una referencia durante la Transición política en la defensa de la democracia y las libertades. Se ha perdido calidad y rigor en su elaboración, sobre todo desde que los periodistas más expertos fueron despedidos o jubilados prematuramente de las redacciones. Además, los máximos responsables de los periódicos no aciertan con los cambios que introducen en sus respectivos medios, principalmente rediseños gráficos, cuando intentan encontrar soluciones que detengan los descensos imparables en las difusiones.

Aquí estamos dando la espalda al llamado cuarto poder no sólo como consecuencia de las nuevas tecnologías de la información. Este distanciamiento también ocurre con los otros tres poderes clásicos, el ejecutivo, el legislativo y el judicial, después que haya arraigado en nuestra sociedad un nuevo estado dominado por la corrupción y la pérdida de los valores morales. Los resultados de los sondeos de opinión pública recientes y las cifras de las tiradas de los diarios en el último decenio confirman lo dicho.

Casi todos estamos irritados con las líneas editoriales de los periódicos, cualquiera que sea su ideología. Pero la mayoría de sus directores está al servicio de quien les paga, no de los lectores. El control, de forma directa o indirecta, que ejercen las entidades bancarias sobre las empresas periodísticas tiene un efecto catastrófico. Los banqueros, movidos por la influencia que ejercen sobre los políticos, quienes a su vez acuden presurosos a rescatarlos de los desastres financieros que ponen en peligro al corrompido sistema, son los últimos responsables de la situación.

Los editores, mientras tanto, piensan únicamente en sobrevivir, aunque sea con las subvenciones de dinero público, o los créditos de los bancos a los que están atados y rinden pleitesía. No están gestionando bien la crisis y tampoco supieron ver hace dos décadas lo que se avecinaba, tras haber obtenido grandes beneficios durante la revolución tecnológica de los años ochenta, que acabó con la imprenta de Gutenberg y los oficios tipográficos.

Hace un año, cuando se cumplió el 255 aniversario del nacimiento del primer periódico cotidiano español, el madrileño Diario Noticioso, Curioso-erudito, y Comercial Público, y Económico, describí en Público.es el estado crítico del periodismo español. (Aniversario desolador para la prensa diaria, 1 de febrero de 2013). El adjetivo desolador usado entonces puede sustituirse hoy, desafortunadamente, por las siglas S.O.S. Deseo con vehemencia que nunca sea por las de R.I.P.