Opinion · El Imaginario Salvaje

El frente conservador: valores y tácticas contingentes

Ya no habitamos un sistema social y político, habitamos un modelo económico que se basa en una concatenación de crisis a través de las cuales la ciudadanía es considerada, como confirmó Lippmann, un rebaño desconcertado que hay que pastorear y del que los extremos superiores de nuestra cadena trófica se alimentan.

El Norte ya no es solamente el Norte. El Norte (los de arriba) es una cultura de dominio y aceptación determinista de que unos pocos pueden y deben vivir mejor que la inmensa mayoría. Este Norte se alimenta de todo lo que es Sur: recursos naturales, semiesclavitud producida por la desregulación global, selección cainita a través de un modelo social que prima la competitividad y el desarraigo, etc. Huelga decir que Sur es todo lo demás, es decir, que en este momento el Sur son los de abajo de cualquier lugar del mundo.

De este modo, hemos llegado a la encrucijada de nuestros días, a este filo de la historia en el que en unas ocasiones hemos sido arrastrados autoritariamente, y en otras, seducidos por esa operación histórica tan fallida como asesina, que fue el capitalismo popular. La deriva política española, enseñoreada por norteños excluyentes de idéntica alma, ha alternado palos y zanahorias, es decir, PP y PSOE.

Bajo este enmarcado, aceptado con alegre reafirmación por los derechícolas de este país, y justificado por ser “inevitable y realista” por aquellos que abandonaron el legado de Pablo Iglesias en nombre de sus principios, se comprende la alarma y arrebato ante la inminencia de un cambio de ciclo político.

Los signos de su estrategia son inequívocos y asaz coordinados. Aquí una pequeña muestra:

1. Se muestra que aquello que no se conoce, lo que está por venir, es inexorablemente malo. Desde esta óptica se entiende la frase de Cospedal cuando subrayó que “El PP o el caos”. En la misma línea apocalíptica Pedro Sánchez se significa cuando enfatiza que “el discurso de Podemos nos lleva a la Gran Depresión”.

2. Se intenta estereotipar a Podemos como movimiento radical y utópico de extrema izquierda. Montoro fue claro cuando afirmó que “Podemos es de izquierda radical por mucho que se disfrace”. La siempre prolífica Rita Barberá regaló otro histrión: “Podemos son grupúsculos radicales, anticonstitucionales, antisistema”. Desde las filas socialistas Antonio Pradas, secretario de Política Federal del PSOE, no deja lugar para las dudas: “Podemos es una casta de prepotentes. El PSOE hace propuestas realistas frente a quienes ofertan la luna”.

3. Se criminaliza y persigue a las cabezas más visibles del cambio de ciclo. Las andanadas, de escaso o nulo fundamento a personas como Íñigo Errejón o Tania Sánchez son buena muestra de ello. Sonrojan las declaraciones de los representantes de los dos grandes partidos, tan obligados a mostrar prudencia por la corrupción tan sistemática que han protagonizado. Isabel Rodríguez, portavoz adjunta del Grupo Socialista en la Cámara baja no tuvo empacho en decir que “el modelo fiscal de Monedero está basado en la mentira, en la constitución de empresas y sociedades ficticias para el cobro de ingresos por trabajos que no se realizaron en ese momento”. Esperanza Aguirre fue, como siempre, menos sutil al hablar claramente de la “corrupción de Podemos”.

Sobre esta cuestión de la criminalización se avisa a los navegantes de que en las fechas venideras presenciaremos toda una escenificación de casos de “corrupción” en torno a los sectores que protagonizan el cambio de ciclo político, que pasado el periodo electoral se desvanecerán en la nada.

4. La fachada institucional de este frente conservador resulta de gran relevancia a fin de situarse en un plano de confrontación con Podemos y otras alternativas ciudadanas. Aquí es donde encuentra sentido el “pacto de Estado”. Hace algunos días, en una conversación con un experto en la lucha antiterrorista se me indicó “lo absurdo que resulta un pacto antiterrorista, desde el punto de vista de su implementación, cuyo objetivo real es legislar en caliente para rentabilizarlo electoralmente”.

Está por ver si aquellas fuerzas sociales y políticas que están empujando por el cambio de ciclo serán capaces de modificar no ya el panorama político, sino de trocar la esencia de una cultura política tan mezquina como inútil.

En estos momentos la esperanza es un camino incierto, porque ciertos han sido el dolor y el desatino. La incertidumbre pues debe tornarse en el espacio de la inteligencia colectiva. Una construcción mestiza que tendrá opciones de prosperar si hay rigor, si no hay estridencias, si la generosidad es método. ¡Que así sea!