El dedo en la llaga

"No se descarta..."

Supongo que conocerán ustedes la historia. El pasado domingo, las radios y las televisiones situaron la noticia en sus cabeceras: "Detenidos dos de los terroristas etarras más buscados". Los periódicos recogieron el asunto el lunes, aunque con distintos tratamientos. Un importante diario precisó que era "la primera captura de terroristas de ETA de la policía autonómica desde marzo de 2006". La cosa parecía no ofrecer duda, porque los dos detenidos, Oroitz Aldekoa-Otalora y Adurne Salterain, figuraban en una tétrica lista de etarras difundida por el Ministerio del Interior días antes.

Pero nada era tan obvio. Poco a poco empezó a aclararse, gracias a la intervención del abogado de la pareja arrestada y a las constataciones de la propia Audiencia Nacional, que Aldekoa y Salterain se habían limitado a alojar a un amigo de la infancia, Gorka Lupiañez, que les dijo que no podía ir a su casa porque tenía problemas familiares. Cuando se enteraron de que Lupiañez había sido detenido y estaba acusado de ser de ETA, se ofrecieron a testimoniar ante la Audiencia para aclarar el embrollo, pero aún no habían recibido respuesta del juez. Al final, su alegato se ha abierto paso y han sido puestos en libertad sin fianza.

El asunto podría considerarse un error desagradable, sin más, si no fuera por el concurso de varias circunstancias agravantes de trascendencia social. Una: está claro que Interior elabora sus listas de "más buscados" sin cubrir los mínimos imprescindibles de indagación previa. Dos: tanto Interior como la Consejería vasca se precipitan también mucho a la hora de atribuirse "operativos importantes" y felicitarse mutuamente. Tres: es indignante el uso continuo y machacón que unos y otros –bastantes medios de comunicación incluidos– hacen de la expresión "no se descarta" (en este caso, casi nadie "descartó" que los dos detenidos pudieran ser autores de diversos atentados). Y cuatro: casi nunca hay proporción entre el ruido que se arma a la hora de acusar alegremente y la discreción que se emplea cuando se rectifica lo afirmado sin fundamento.

Más que lo sucedido en este caso, es inquietante el panorama que muestra.