Serpientes de verano

Hace años, los currantes de mi gremio periodístico hablaban de “serpientes de verano” para referirse a las noticias que se veían en la obligación de sacar de debajo de las piedras –si es que no inventarse– para llenar las páginas de los diarios durante las vacaciones estivales, cuando toda la gente importante se largaba de vacaciones y los tenía a dos velas, sin casi nada que contar. El término “serpiente de verano” creo que venía de Nessie, el mítico monstruo del lago Ness, en las tierras altas de Escocia, al que se hacía reaparecer a capones todos los agostos para que los diarios tuvieran algo de lo que hablar. Nessie solía compartir las glorias del estrellato veraniego con algún cerdo de dos cabezas nacido en alguna ignota aldea de Filipinas o con algún abuelo de 120 años (casi siempre georgiano, no sé por qué) que atribuía su longevidad a que llevaba toda la vida fumando sin parar y bebiendo litros y litros de vodka.

Por supuesto que todo era mentira, pero inocente. Se entretenía a la parroquia, y a correr. A fin de cuentas, “no news, good news”. La falta de noticias es una buena noticia.

Este año llegué a sospechar que a Iñaki de Juana Chaos le iba a tocar interpretar el viejo papel mediático del monstruo del lago Ness. Como el panorama informativo venía tirando a tedioso, me dio por imaginar que lo mismo algún diario se decidía a sacar un coleccionable sobre las perversidades de De Juana Chaos, con separata sobre sus gustos gastronómicos.

 

Pero lo cierto es que siempre hay noticias dignas de mención, aunque no necesariamente cómodas para la gente con mando en plaza. Por ejemplo: apenas se han comentado los esfuerzos realizados por Rodríguez Zapatero, negociación y pacto con IC incluidos, para no tener que comparecer fuera de plazo en el Parlamento para dar explicaciones sobre su política económica. ¿Por qué incomodaba tanto esa perspectiva al jefe del Gobierno?

Si alguien principal dijera en público que yo hago muy mal mi trabajo, estaría deseando tener un buen rifirrafe dialéctico con él. Lo mismo me convencía. En todo caso, no mandaría a otro a que diera la cara en mi nombre. Y menos a Solbes.