La nueva Alicia de Tim Burton

 Tim Burton ya no parece un niño adoptado por la familia Adams ni un superviviente de una tribu gótica nocturna. Su compañera, Helena Bonham Carter, dice que hasta termina las frases, una convención social a la que le costó acostumbrarse.

Lo que no ha perdido es valor y un apetito visual tan desbordante que quizá esta vez, sólo quizá, no haya podido controlar. Este jueves estrena en Londres su “Alicia en el país de las maravillas”, convencido de que no había que sentir ningún miedo por dar otra visión del clásico del Lewis Carroll.

“Ha habido más de veinte versiones de la obra. Se ha convertido en un parte de la cultura, de la música, del arte”, ha contado a los periodistas. “Me parecía que era un territorio abierto en el que podía entrar. No había ninguna razón para sentirme presionado. De hecho, no tenía ni tiempo para preocuparme”.

Disney y Tim Burton tenían claro desde el principio que sería una película en 3D. En especial, la compañía. “Me dieron el guión y me dijeron 3D”, comenta el director hace unas semanas. Ahora dice que está muy feliz con el resultado. En realidad, se rodó en el 2D de siempre y luego se pasó a 3D. Es lo que se ha hecho con “Pesadilla antes de Navidad” y los resultados le han parecido satisfactorios. Burton opina que Alicia era la película perfecta para esta nueva tendencia.

Lo que se ve en pantalla es que los directores deberían tener cuidado con los movimientos dentro del plano de las escenas en las que el 3D resulta más evidente. Lo que en “Avatar” quedaba técnicamente muy fluido, aquí a veces puede llegar a marear. Eso sí, ver al gato de Cheshire flotando en mitad de la sala resulta muy estimulante.

Los que sólo hayan visto la versión de dibujos animados de Disney de 1951 deben saber que la Alicia de Burton no es un ‘remake’. La idea partió de la guionista Linda Woolverton y se basa en la pregunta: ¿qué pasaría si Alicia se hubiera hecho mayor y con 19 años regresara a ese mundo de fantasía?

La joven atraviesa la misma barrera que antes y se encuentra con sus viejos conocidos, que no están muy seguros de que sea la auténtica Alicia. Y la necesitan desesperadamente porque sólo ella podrá acabar con el dominio tiránico de la Reina Roja, creada tanto por la interpretación de Bonham Carter como por los efectos visuales.

Pero al menos la reina conserva el hábito de solucionar los problemas gritando: “¡Que le corten la cabeza!” Por eso, la actriz dice que se quedaba sin voz cada día a las diez de la mañana.

Johnny Depp recuerda que leyó el libro de pequeño y que, más que la historia, lo que le dejó una huella profunda fueron los personajes. El suyo es un lienzo en el que se van dibujando literalmente los estados de ánimo. El Sombrerero Loco está más loco que nunca: “Una de las cosas que hablé con Tim es que él sería tan puro, en el sentido de que ves de inmediato cuáles son sus sentimientos, que sus ropas, su piel, su pelo, todo, cambia para reflejar sus emociones”.

El personaje de Depp es por tanto una sinfonía andante de colores y en él se centra la atención del director, quedando a su lado una Alicia algo desdibujada, con la misma inseguridad de una adolescente que no sabe a qué mundo pertenece.

El festín visual habitual en las películas de Burton se convierte por momentos en un banquete que deja al espectador algo saturado. Resulta complicado digerir tanto derroche de fantasía en unos escenarios íntegramente creados por ordenador. Era distinto cuando Burton iba a todas partes con las gafas de sol puestas.

Iñigo Sáenz de Ugarte