El run run

Que los presidentes no se lleven los papeles

Contaba Leopoldo Calvo-Sotelo, que en paz descanse, que Adolfo Suárez le dejó una caja fuerte en La Moncloa. Él supuso que contendría asuntos sensibles y horribles secretos de Estado, pero cuando logró abrirla sólo halló un papel: las instrucciones sobre el funcionamiento de la caja propiamente dicha. La anécdota se podría completar con la jactancia de que hizo gala José María Aznar al desvelar que se había llevado documentos sobre la guerra de Irak. Luego precisó que eran papeles personales. Aunque España no es Reino Unido ni aquí se ha establecido todavía una comisión de aclaración de responsabilidades sobre la ocupación ilegal a sangre y fuego de ese país, sigue faltando una regulación que impida a los mandatarios mangonear y limpiar las huellas de su gestión. La normativa existente es un reglamento de archivos de 1901. Sin embargo, algunas fuentes gubernamentales me aseguran que el anteproyecto de ley de archivos elaborado por el departamento de Cultura, del que es titular Ángeles González-Sinde, obligará a todos los responsables públicos, comenzando por los jefes de Gobierno, a preservar cuantas cartas, mensajes y documentos expidan o reciban por razón de su cargo. Si el presidente Rodríguez Zapatero da el visto bueno, acabará de una vez por todas con una práctica heredada del franquismo que la democracia no ha sabido o no ha querido corregir en 35 años.