Tierra de nadie

El ex presidente más pesado

Es discutible que Aznar sea, como asegura Foreign Policy, uno de los cinco peores ex presidentes del mundo, pero se habría llevado la copa si se hubiera elegido al más pesado. Lo de este hombre es muy cansino, y llegará el día en que se quede solo leyendo el Apocalipsis. Rajoy, que en un principio se creyó obligado a acudir a sus innumerables actos, hace tiempo que limita su presencia a los aniversarios y fiestas de guardar, y con eso tiene bastante. Sus últimas apariciones públicas han incorporado como novedad la presencia de su enfant Josemari en plan discípulo aventajado, lo que constituye una amenaza directa a las nuevas generaciones de españoles, que no podrán evitar que algún Aznar les dé la paliza en el futuro.

La intensa actividad de Aznar viene a desmontar la teoría de González de que los ex presidentes son como jarrones chinos con los que uno siempre se choca en los pasillos. Lejos de ser un jarrón, el modelo más famoso de Grecian 2000 es una TDT con 50 canales, incluido el de Aprende inglés con Richard Vaughan, siempre dispuesto a leernos la cartilla al primer descuido. Algo terrible hemos tenido que hacerle para que se ensañe de esta manera con nosotros.

En realidad, lo suyo es bastante predecible. Si todo el mundo aplaude a Obama, él está con Bush; si se homenajea a Darwin, él se hace creacionista; si el cambio climático es una evidencia, lo refuta; si su partido gira al centro, él se vuelve a la extrema derecha, y así. Podría pasar por un extravagante si no fuera por eso empeño suyo en desacreditar al resto de la humanidad que no comparte sus dislates. No hace falta ser un psicólogo para concluir que su arrogancia, su prepotencia, ese aparente sentimiento de superioridad que exhibe responde a un complejo de inferioridad mal resuelto.

Esta semana se nos ha mostrado como el abanderado de la Transición y de la Constitución, lo que no deja de ser curioso en alguien que seis años antes de la muerte del dictador se declaraba "falangista independiente" y ensalzaba a José Antonio. Su empeño en presentarse como el salvador de la patria, el defensor de la nación indisoluble y el artífice del milagro económico español, en oposición al socialismo disgregador y aislacionista de Zapatero, aburre incluso a sus incondicionales. Si se calla, nos rendimos.