Opinion · Tierra de nadie

Rajoy es una ONG

Los pecados de los amigos se escriben en la arena y Rajoy ha reservado una playa entera para redactar un tomo del Espasa Calpe y que el mar los borre cuando suba la marea. Los últimos renglones torcidos del presidente en funciones hablaban del exministro Soria, de su adicción a los paraísos fiscales y de esa manera suya de negar de la evidencia, que a menudo es un indicio inequívoco de la intoxicación etílica.

A Soria, como ha hecho Rajoy, hay que entenderle. Su vida no ha debido de ser fácil, más allá de que ser un clon de Aznar aunque algo más alto es ya de por sí un fardo pesadísimo que te destroza la columna. El canario es una víctima que por no entregarse al alcohol le ha dado fuerte al gratis total, y de ahí que siempre haya tenido a mano a un empresario que le pagara el alquiler o algún viaje a pescar salmón en Noruega, que es una experiencia única para cualquier familia, sobre todo si uno es el presidente del Cabildo de Gran Canaria y el mecenas un inversor que consigue que desde esa institución se informe a favor de su proyecto para construir 3.600 plazas hoteleras.

Rajoy es de los que no abandona a los amigos y de ahí que haya decidido que el pobre Soria se convierta en director ejecutivo del Banco Mundial, un simple puesto de funcionario por el que el exministro se embolsara 226.000 euros al año libres de impuestos, una manera sutil y efectiva de desengancharle de Panamá y de Jersey, en cuyas barras siempre terminaba acodado Soria cuando se enfrentaba al reto de pasar por la caja de Hacienda.

Entre amigos, los favores siempre son discretos. La designación ha sido posible sin la intervención formal de Rajoy ni la del ministro De Guindos. Ha bastado el currículo de Soria, que es de los que quitan el sentido, y ante el que los secretarios de Estado y directores generales nombrados por el PP que integraban la comisión de nombramientos, a riesgo de prevaricar, sólo han podido estampar su sello. Llegaba ésta, por cierto al límite del plazo, unas horas después de la fallida investidura de Mariano I el benefactor, que demostraba así que lo de estar en funciones no es un impedimento cuando uno se arroga las funciones que le da la gana.

El de Soria no es un caso aislado. De la generosidad que ha forjado el alma de este tutor de los desamparados que es Rajoy han brotado otras acciones humanitarias de simular calado. Acoger a refugiados no tiene mérito, pero montarle a Ana Mato un foro europeo para que los jóvenes conozcan las políticas de la Unión Europea y poner al frente del mismo a quien no distingue un Jaguar de un Fiat 500 y que piensa que es Bruselas quien subvenciona el confeti en los cumpleaños de sus niños eso sí que es difícil.

Como lo es pagarle a Wert y a su santa su nido de amor de 500 metros cuadrados en París, con vistas al Arco del Triunfo y a los Campos Elíseos, o mantener de comisario europeo de Medio Ambiente al petrolero Arias Cañete, quien en una suprema prueba de amor participó en el consejo de ministros que aprobó la amnistía fiscal de la que se benefició su señora que, como Soria, también tenía querencia por los paraísos fiscales y las sociedades offshore.

Rajoy no deja crecer la hierba en el camino de la amistad y lo transita al mismo paso que marcha por Ribadumia junto al marido de Ana Pastor, al que ya se le nota hasta las narices de hacer de liebre. Cualquiera puede beneficiarse de la ONG en la que se ha convertido siempre que cumpla algunos requisitos: ha de quererle a pesar de saber cómo es y, preferiblemente, debe haber sido pillado en un renuncio que bordee lo delictivo. Para los demás está Caritas y sus sopas calientes.