Opinion · Tierra de nadie

La fijación de Podemos con Amancio Ortega

En Podemos han empezado a obsesionarse un poco con Amancio Ortega y sus donaciones a la Sanidad Pública, al punto de que el de Inditex se ha convertido en uno de los ejes de su campaña electoral. Empezó Isa Serra, la candidata a la Comunidad de Madrid, dándole al muñeco, y desde entonces no hay día que nuestro plutócrata más estiloso no esté en boca de alguno de sus dirigentes. Está por ver que la demonización de este santo varón de la moda prêt-à-porter les acabe reportando algún tipo de rédito.

El aterrizaje de Ortega en las diatribas de Podemos empezó en 2016, cuando se hizo público un informe de Los Verdes en el Parlamento Europeo según el cual Inditex habría eludido en tres años el pago de 585 millones en impuestos usando a sus filiales en Holanda, Irlanda y Suiza para sacar tajada de sus tipos bajos. La prueba del nueve de esta estrategia sería el beneficio declarado en Holanda, unos 3.000 millones de euros, casi un tercio de sus ganancias globales, cuando en este país los de Zara sólo disponen de 56 tiendas de un total de 7.000 en todo el mundo. La multinacional rechazó las acusaciones y afirmó que cumplía escrupulosamente sus obligaciones en todos los mercados en lo que operaba. No hay constancia por el momento de que las inspecciones de Hacienda sobre el pago de IVA y del impuesto de Sociedades se hayan traducido en sanciones.

Es evidente que Inditex es mucho menos filantrópica que su dueño y que si tiene 70 empresas del grupo radicadas en paraísos o ‘nichos’ fiscales, según datos del Observatorio de Responsabilidad Corporativa, no es para que sus ejecutivos hagan turismo sino para facilitar esa ingeniería tributaria tan común en este tipo de holdings. La firma se ha enfrentado también a denuncias de trabajo esclavo que ha solventado a base de talonario, como hizo en Brasil pagando una multa de 1,3 millones de euros. Su sistema de producción en India fue puesto en la picota tras varias denuncias del Center for Research on Multinational Corporations, donde se revelaba que niñas menores de edad realizaban jornadas semanales de 70 horas a la semana a cambio de salarios de menos de 1,4 euros al día. Los de Zara se excusaron culpando al proveedor local y explicando que se habían adoptado medidas para monitorizar y perseguir esas situaciones de riesgo.

Siendo cierto todo lo anterior, la fijación con Amancio Ortega podría parecer excesiva, a la vista de otros informes como el publicado en febrero por Intermon Oxfam en el que se constataba que 31 de las 35 empresas del Ibex tenían 858 de sus filiales en paraísos fiscales y que, pese a que su presencia en estos territorios offshore había venido disminuyendo, esto no se había traducido en una mayor recaudación tributaria en España. A la cabeza estaba el Banco de Santander con 207, seguido de ACE (109) y Repsol (81). En definitiva, que Inditex peca como el resto de las grandes corporaciones y es la dejación de las autoridades locales y europeas la que les permite hacer capas con sayos para ajustarse de manera bastante atravesada a la legalidad.

Hace bien Podemos, por tanto, en denunciar estas optimizaciones fiscales que detraen recursos a las arcas públicas pero no se entiende muy bien su petición de prohibir a Ortega su particular manera de ejercer la caridad porque nada tiene que ver una cosa con la otra. La Sanidad pública se debe financiar con impuestos y a Inditex y al resto de empresas cabe exigírseles que cumplan con sus obligaciones tributarias de forma rigurosa. Y si el dueño de Inditex quiere destinar 300 millones a la compra de equipos oncológicos para donarlos a hospitales públicos, siempre que sean los profesionales de la Sanidad y los responsables políticos los que marquen las necesidades, que lo haga.

Como se ha dicho aquí en otra ocasión, lo censurable no es que Amancio Ortega quiera darse al altruismo o que intente lavar su imagen a la piedra como si fuera unos vaqueros. Lo criticable es la cicatería de nuestros grandes multimillonarios puestos frente al espejo de otros hipermegaricos. A Ortega se le atribuye una fortuna de más de 70.000 millones de euros y basta con echar las cuentas para colegir que los 320 millones que su Fundación destina a la compra de equipos contra el cáncer representa menos del 0,5% de su patrimonio. Simple calderilla en comparación con los 3.000 millones anuales que dedica Bill Gates a distintos programas de educación y salud o los más de 40.000 millones que Zuckerberg piensa emplear en proyectos similares tras donar el 99% de sus acciones de Facebook. Caritas agradecerá mucho que en algún momento le caigan del cielo de Ortega 20 millones y los de su pueblo estarán encantados con su flamante polideportivo pero ello no quita para que el mecenas sea bastante tacaño.

También es verdad que más allá de la fiesta de la banderita y sus mesas petitorias llenas de señoras vestidas con abrigos de piel o de las sopas para pobres de la Beneficencia, la filantropía en España ha sido toda una rareza. De ahí que el encono de Podemos con Ortega y hacer de él un demonio en su campaña electoral pueda llegar a ser contraproducente. Tómese como un consejo desinteresado.