Tierra de nadie

Un moderado en Moncloa

Nunca un gesto tan pequeño, un quítate tú que ya pongo a otro, tuvo una repercusión semejante. Caminaba el PP a tumba abierta por las serpenteantes veredas de la derecha más asilvestrada cuando el relevo de su marquesa portavoz provocó, no ya un giro al centro, sino un verdadero trompo, uno de esos sobrevirajes que en vez de susto te dejan cara de Suárez. El Pablo Casado de hoy en Moncloa es otro desde que Cayetana Álvarez de Toledo dejó de ejercer esa maléfica influencia de feminista amazónica. Parecía imposible, pero el otrora líder desenfrenado e insociable ha alcanzado el nirvana de la moderación.

¿Que en qué se ha notado esta asombrosa metamorfosis? Pues en todo, pero no es cuestión de entrar en detalles. Basta con escuchar a Casado para descubrir que ya no es el mismo, que su mente está abierta a nuevos horizontes y que, llegado el caso, estaría dispuesto a aceptar pulpo como animal de compañía, que no es cosa menor que diría su galaico antecesor. Se le ven otras maneras, otra disposición, otro savoir faire. Lo de la falta de discurso que le reprochaba la defenestrada es que no se sostiene, oiga. El discurso sigue ahí, exactamente el mismo que antes.

La moderación o el centrismo, dicho sea en términos políticos, es una actitud ante la vida. ¿Se puede ser moderado sin plantearse siquiera romper con la ultraderecha que mantiene al PP en el poder en varias comunidades autónomas? Pues claro que se puede. ¿Se puede ser moderado obstaculizando por sistema la renovación de las instituciones cuyo mandato ha caducado y en las que su partido tiene mayoría? La duda ofende. ¿Se puede demostrar mesura negándose a negociar nada que no sea la rendición incondicional del Gobierno? Por supuesto, que sí. Todo es cuestión de actitud.

A Casado no hay que pedirle que arrime el hombro porque esa es su disposición natural y en estos momentos, gracias a la liberación que ha supuesto la decapitación de ese verso libre que tenía en el Congreso, puede empujar con más ahínco y con rima en consonante. Lo que un moderado como la copa de un pino no puede aceptar son esas presiones constantes para que pacte algo, aunque sea el menú del día, porque no se ha de confundir moderación con firmeza. Puede que el Ibex 35 haya sucumbido a los cantos de Pedro Sánchez y hasta a los del Pablo Iglesias, que será bolivariano y comunista pero tiene una melena de sirena, pero él seguirá amarrado al mástil, siguiendo inalterable el rumbo marcado. Ni que estuviéramos ante una emergencia nacional.

A diferencia del Casado de antes, que culpaba al Gobierno de los muertos, le amenazaba con la cárcel y le exigía levantar el estado de alarma porque restringía las libertades y nos conducía a una dictadura caribeña, el que ha llegado a Moncloa para reafirmar que  se opone a todo y a eso también tiene hechuras bien distintas. Fruto de la moderación que exuda, sus reproches de ahora son justamente los contrarios: la culpa de que el virus siga haciendo de las suyas es de Sánchez por eludir sus responsabilidades y parapetarse en las comunidades autónomas. ¿Cómo se puede confiar en un Gobierno que permite que Isabel Díaz Ayuso dirija en Madrid el combate contra la pandemia? ¿Es que nos hemos vuelto locos?

A partir de hoy quedará clara la ubicación exacta del PP y de su presidente, que si alguna vez se inclinó a la derecha fue por culpa de Álvarez de Toledo y su manía de encadenarse al volante en cada cruce del camino. Su territorio es el centro, del que nada ni nadie podrá apartarle sin pasar antes por encima de su cadáver político. A Noé no le van a dar lecciones de lo  que es la lluvia. Y que pase Arrimadas, que aquí ya está todo el pescado vendido.