Tierra de nadie

'Jorge, al menos, sé tan fuerte como Luis'

De un ministro del Interior bendecido por  Dios y que, de tanto ejercicio espiritual que se metía entre pecho y espalda, pasaba por ser un atleta de la oración hubiera cabido esperar una trayectoria intachable. Por si la meditación y el cilicio no eran suficientes, Jorge Fernández Díaz contaba con la inestimable colaboración de su propio ángel de la guarda, Marcelo, un custodio a tiempo completo que, además de aparcarle el coche, debía de ayudarle a sortear las tentaciones mundanas porque es sabido que la carne es débil y blanda, especialmente el solomillo. Todo ello debía ser suficiente para alejar del pecado al tipo que se topó con Dios en Las Vegas, cayó del caballo, se dio un tremendo coscorrón en la cabeza y se alistó voluntario en el Opus Dei, donde sigue haciendo una mili con más guardias que el palo de la bandera.

Nadie puede anticipar el juicio divino ya que los caminos del Señor son inescrutables pero en lo que respecta al humano, parece que pinta en bastos para este piadoso sujeto, sobre el que pende una inminente imputación por malversación, prevaricación y revelación de secretos tras la petición de la Fiscalía, que está visto que ya no te lo afina tanto como antes. No todo lo que es delito ha de ser necesariamente pecado, pero se supone que quien ha estado al frente de la Seguridad del Estado tendría que haber prestado más atención a la ley positiva, que es la que castiga por impresentables las  conductas que se le atribuyen.

Conspirar contra los adversarios políticos, fabricar pruebas falsas para desacreditar a sus dirigentes o robar información personal para chantajearles puede que no sea pecado si los extorsionados son independentistas o bolivarianos, hijos de Satanás todos ellos, pero son delitos como la copa de un pino. De la misma manera, espiar a Luis ‘sé fuerte’ Bárcenas con fondos reservados para buscar y destruir documentación que pudiera empapelar a tus correligionarios por financiación ilegal está muy feo y es penalmente perseguible.

Un legionario de Dios como Fernández Díaz, que los de Cristo se montaron su propio chiringuito, no puede jugar a ser el jefe de las cloacas del Estado para perjudicar a los otros o para extender la impunidad sobre los tuyos, porque eso no es cristiano ni decente ni puede ser objeto de absolución con dos padrenuestros y tres avemarías. Otra cosa es suponerle el cerebro de la guerra sucia porque, como se ha dicho aquí alguna vez, alguien que se deja grabar en su despacho por los mercenarios de su policía patriótica y se convierte en rehén de los facinerosos demuestra que de cerebro va justito y que está a falta de varios hervores.

Prueba de ello son los SMS que el susodicho envío a su secretario de Estado, Francisco Martínez, que confirmarían que entre él y su angelito dirigían personalmente el espionaje al extesorero de las patillas en cooperación necesaria con el CNI. De dichos mensajes el tal Martínez levantó acta en cuanto comprobó que el entonces ministro practicaba aquello del a Dios rogando y con el mazo dando y que lo suyo no era poner la mejilla a lo tonto -ni siquiera la primera-, pese a tener un rostro más duro que el hormigón de un embalse. Así, fue escucharle decir que ignoraba por completo el espionaje del que le estaban hablando y que nada de aquello le constaba e irse corriendo a buscar un notario para que certificara de quién procedían las órdenes de infiltrar en el entorno de Bárcenas al 007 que le hacía de escolta y de chófer. La moraleja es que no te puedes fiar de los secretarios del Estado porque ellos mismos no se fían ni de la Virgen ni del resto de la constelación celestial y, menos aún, de un ministro meapilas y mentiroso, que eso sí que es pecar contra el octavo mandamiento.

Si a Cospedal y a su ‘herrático’ marido pueden perderles las grabaciones de ese príncipe de las alcantarillas llamado Villarejo, a Fernández Díaz le acabarán empurando por esos mensajes de texto, que ya fueron la perdición de Rajoy y al que cabe suponerle en el ajo porque alguien tendría que manejar el cotarro en vista de las limitaciones neuronales de su adjunto en Interior. Otro SMS se antoja inminente: ‘Jorge, al menos, sé tan fuerte como Luis’.