Otra economía

El capitalismo no funciona

Economista
Twitter: @fluengoe
Blog Otra Economía: https://fernandoluengo.wordpress.com

La teoría económica convencional da por bueno un conjunto de premisas y postulados que pretenden dotar de racionalidad al capitalismo y a los mercados. Se trata de lugares comunes, sostenidos en toneladas de ideología, que no sólo cuentan con escasa o nula evidencia empírica, sino que ésta, con frecuencia, apunta justamente en la dirección contraria.

  1. El crecimiento crea empleo

No es cierto. El crecimiento, medido a través del avance del Producto Interior Bruto, nos empuja hacia un cambio climático de consecuencias devastadoras, alterando y destruyendo de manera irreversible los ecosistemas y la riqueza asociado a su conservación. En ese proceso, se eliminan millones puestos de trabajo, que sobre todo afectan a los grupos sociales más desfavorecidos, del Norte y del Sur. Hay que tener en cuenta, asimismo, que el crecimiento, el cual se supone que es el motor del empleo, se sostiene cada vez más en la sobreexplotación de la fuerza de trabajo, tanto de los asalariados, como, extramuros del mercado, de las personas, en su mayor parte mujeres, que garantizan los cuidados, básicos para la reproducción social y para la propia economía.

  1. El impulso del empleo crea las condiciones para el aumento de los salarios.

En absoluto. La tendencia estructural del capitalismo apunta al estancamiento o moderado aumento de las retribuciones de la mayor parte de los trabajadores, que, desde hace varias décadas, han tendido a descolgarse del igualmente moderado avance de la productividad laboral. La tendencia general es a la reducción del peso de los salarios en la renta nacional. Tampoco las actividades más competitivas, las que generan avances más sustanciosos en la productividad laboral, garantizan salarios más elevados; la precariedad salarial recorre de hecho todo el tejido empresarial, convirtiéndose de este modo en una práctica generalizada. La creciente relevancia, tanto en números absolutos como en porcentaje, de la categoría de trabajadores pobres cuestiona radicalmente la supuesta relación positiva entre empleo y salarios.

  1. Las políticas de estabilidad macroeconómica abren las puertas del crecimiento.

Erróneo. Esas políticas -implementadas desde que triunfaron las ideas y los intereses neoliberales- han estado en el origen del crack financiera y la recesión posterior. Poner en el centro de la agenda pública la contención de la inflación y del déficit público, así como la represión salarial, han tenido un impacto contractivo sobre la demanda agregada, lastrando el crecimiento. Pero no sólo eso, ha convertido a las finanzas y a la deuda en el motor de la actividad económica. A lo largo de la última década, la preservación y el reforzamiento de las políticas austeritarias, que han estado en el corazón de la gestión que las elites han realizado de la crisis económica, han agravado y prolongado la recesión, al tiempo que han contribuido al aumento de la fractura social y productiva.

  1. Más mercado equivale a más eficiencia.

Una premisa inaceptable. Estamos ante una sentencia que, repetida hasta la saciedad, es una de las afirmaciones preferidas del relato neoliberal. Supone, erróneamente, que todas las actividades encaminadas a satisfacer las necesidades de las personas deben evaluarse con criterios mercantiles, bajo el prisma de la obtención del máximo beneficio monetario. Con este planteamiento, se ha privatizado o mercantilizado una parte sustancial del sector social público. El aumento de las parcelas de negocio para las corporaciones ha ido de la mano de la degradación de las políticas sociales y productivas publicas, que han experimentado recortes sustanciales en los presupuestos. Pero, además, unir mercado y eficiencia es una ofensa al sentido común, pues las ineficiencias de los mercados nos han conducido a la crisis. Esos mercados y esas grandes corporaciones -instalados en la financiarización de los procesos económicos, el imparable avance de la desigualdad y las disparidades productivas, y la formidable concentración de la propiedad- están en el origen de múltiples ineficiencias.

  1. La globalización cierra brechas y da más oportunidades a los pobres.

También falso. Las últimas décadas han sido testigos de una creciente internacionalización de los mercados y de los procesos económicos, pero las promesas de una mayor convergencia productiva, social y territorial no se han materializado. Las brechas que separaban a las economías con mayores niveles de renta por habitante de las más rezagadas, y a las regiones más prósperas de las más pobres se han ampliado con la globalización. Las políticas de apertura externa, que han beneficiado especialmente a las grandes corporaciones, no han ofrecido a los de abajo más oportunidades, sino que los han hecho más vulnerables a la volatilidad y zozobra de los mercados globales, a cuyo dictado están sometidos, y que se mueven por impulsos y resortes que no controlan.

El capitalismo, el que realmente existe, tan alejado de los elegantes, inverosímiles e irrelevantes modelos que impregnan la enseñanza de la economía en la mayor parte de las universidades, no funciona, o funciona sólo en beneficio de los élites económicas y políticas. No se trata, sólo, de que los avances económicos no se trasladan a la sociedad o que el engranaje económico opera con imperfecciones e ineficiencias. Es mucho más que eso. La matriz teórica que sustenta el sistema no es creíble, esta compuesta de un conjunto de falacias y falsos supuestos que, digámoslo con claridad, sólo sirven para ocultar el carácter oligárquico y depredador de la dinámica capitalista.