Entre leones

¿Es Trump el Hitler de América?

En democracia, la gente vota y a veces no nos gusta el resultado. Las últimas elecciones norteamericanas son un buen ejemplo, con el agravante de que en ellas la mayoría de los norteamericanos no votó al ganador, Donald Trump. Hillary Clinton le superó en algo más de 200.000 votos populares. Pero en representantes, que es lo que cuenta, el primero ganó por una diferencia notable: 62.

En fin, no cabe otra que acatar los resultados. Las protestas contra Trump en Nueva York, Filadelfia, Seattle, Chicago, Oakland, Washington, Boston y otras grandes ciudades son comprensibles e incluso saludables (en todas las que superan el millón de habitantes ganó Clinton). Pero no dejan de ser una expresión clara del derecho al pataleo de los votantes perdedores.

Con un discurso y un comportamiento eminentemente fascista y racista, este magnate del ladrillo se ha convertido en el hombre más poderoso del mundo.  Y eso es lo que hay.

En las elecciones de marzo de 1933, Adolf Hitler no consiguió la abrumadora mayoría cosechada por Trump. De hecho, el Partido Nazi no alcanzó la mayoría absoluta y mucho menos llegó al 66,6%  que necesitaba para decretar la Ley Habilitante, que acabaría, a la postre, con la democracia parlamentaria y convertiría a su autor en un dictador constitucional y sanguinario.

¿Es Trump el Hitler de América? No. Pero sus discursos son demasiado parecidos y los dos son más bien inestables. Por ejemplo, la xenofobia de la que ha hecho gala en la campaña electoral Trump contra hispanos, negros y musulmanes es equiparable a la que destiló Hitler contra judíos y gitanos y que acabó alumbrando el holocausto.

Que en EEUU, el país que resultó fundamental en la derrota de Hitler y el nazismo, pueda aparecer un dictador fascista es un contradios. Pero hay un caldo de cultivo para que en la cuna de libertad florezca de la mano de Trump un nacionalismo muy peligroso para la propia América y para el resto del mundo.

Tras la Segunda Guerra Mundial, el macarthismo sacó ya a pasear los demonios anticomunistas de América en un episodio fascista y nacionalista que representa un antecedente sin ningún género de dudas de los tiempos que van a correr en EEUU.

De entrada, el hecho de que la victoria de Trump haya sido celebrada por presidente ruso, Vladímir Putin, y todos los líderes de extrema derecha de Europa es muy significativo y preocupante.

A la espera de ver el grado de cumplimiento de sus promesas electorales –el muro con México, la expulsión de 11 millones de inmigrantes ilegales están entre las más alarmantes y la abolición de la reforma sanitaria de Obama-, al nuevo presidente americano solo le pueden moderar o parar los suyos, los republicanos, que tienen mayoría en la Cámara de Representantes y en el Senado. Y dentro de cuatro años, los propios ciudadanos con su voto.

Por cierto, siempre he defendido que cada pueblo tiene los gobernantes que se merece. Es verdad que a Trump no le ha votado la mayoría de los norteamericanos, pero no es menos cierto que, teniendo en cuenta el peligro que representaba en sí mismo, su victoria es tan incontestable como sangrante. ¿No debieron las minorías más amenazadas, hispanos y negros, acudir en masa a votar a Clinton para cerrarle la puerta de la Casa Blanca a Trump? Seguro que hubieran podido hacer algo más en estados como Michigan, Pennsylvania. Florida, Ohio, Carolina del Norte, Utah y Arizona.

Dicho esto, cabe destacar que el votante mayoritario de Trump, blanco con estudios primarios o sin estudios, tiene una gran similitud con el votante que ganó el referéndum del Brexit en el Reino Unido, sobre todo en tanto en cuanto que ambos son nacionalistas y enemigos de la globalización.

Por cierto, que las mujeres blancas hayan votado más a Trump que Clinton es para poner el asunto en manos de un sociólogo y a ellas en manos de un buen psiquiatra.

En fin, esta batalla es la gran batalla que está en curso en el mundo. En Europa se empezó a perder con el Brexit, y en América con la llegada de Trump. El nacionalismo, el proteccionismo y la patriotería se está imponiendo al cosmopolitismo, a la visión de un único mundo con muchas voces y a la globalización. Los sentimientos más primarios se imponen a los principios de civilización consagrados en la Carta Universal de Derechos Humanos.

Así las cosas, con los inmigrantes como chivos expiatorios de nuestros problemas, los nuevos partidos, con líderes que se salen del carril, ganan terreno ante unos partidos tradicionales que no están siendo capaces de entender qué está ocurriendo y que, por tanto, no aciertan a dar respuesta a los problemas que más preocupan a los ciudadanos, con la falta de futuro a la cabeza de todos ellos.

Meter a estas nuevas formaciones  dentro del populismo antidemocrático representa un grave error. Hay que distinguir entre las que tienen raíces democráticas y entre las que hacen formulaciones fascistas, ya sean de derechas o de izquierdas, como bien explicó Maurice Duverger.

De la misma forma, es también un error defender que la democracia representativa es incompatible con la participativa, La alergia del establishment político a un hombre, un voto y todas las opiniones que le den la gana es un ataque a la democracia en sí misma.

En fin, ojalá no tengamos que recurrir al marxismo, de Groucho, y pedir "que se pare el mundo" para bajarnos porque los cafres como Trump empiezan a convertir nuestros sueños en pesadillas.

PD: (1) En España, Mariano Rajoy, que apoyó a Clinton, despachó la felicitación de Trump con una nota. El nuevo ministro de Exteriores, Alfonso Dastis, ejerció de diplomático y se quedó con el mensaje de unidad y de moderación lanzado por el presidente electo. Por su parte, la comisión gestora del PSOE criticó en nota de prensa el advenimiento de Trump, y la presidenta de la Junta de Andalucía, Susana Díaz, que es la que manda a todos los efectos en el chiringuito socialista, se permitió el lujo de advertir contra el peligro de los populismos, que, como es sabido, ella solo practica en zonas rurales de Andalucía con ancianos y niños en años bisiestos. Y advirtió a Trump no va a admitir despidos en la base de Morón cuando estos empezaron a producirse bajo la Administración de Obama.

(2) El PSOE y Ciudadanos hicieron frente común contra Podemos al comparar el populismo de esta formación con el de Trump. Iglesias les replicó que lo suyo es populismo de izquierdas. La cosa terminó de forma escatológica al responder Girauta a un podemita, que se pasó también lo suyo, con un gráfico nada elegante, más bien anal.

(3) Destacados ex dirigentes del PSOE-A dan por perdidas las próximas elecciones autonómicas en Andalucía tras el descabezamiento de Pedro Sánchez y la crisis abierta en el socialismo democrático español. Estos ex dirigentes, que se han situado entre dos aguas, abogan por un acuerdo entre los dos bandos enfrentados –pedristas y susanistas- en torno a la fecha del congreso extraordinario, que debería ser cuanto antes para intentar parar la sangría de votos existente y la irrelevancia ascendente no conviertan al PSOE en el PASOK.

(4) El próximo lunes, el presidente de la comisión gestora del PSOE, Javier Fernández, y el primer secretario del PSC, Miquel Iceta, se verán las caras. El primero le dirá al segundo que puerta y calle, que después de su no a Rajoy, Susana Díaz no quiere socialistas catalanes en la dirección del grupo. En fin, tal como estaba previsto, los nuevos señoritos del socialismo español, que ya lo arruinaron una vez, quieren poner de patitas en la calle a los 18.000 afiliados del PSC para que la lideresa andaluza lo tenga tirado en caso de que tenga enfrente un contrincante en las primarias. Si a los sociatas catalanes los quieren laminar por haber defendido que Cataluña es una nación, ya puede preparar la gestora sendos expedientes de expulsión para Felipe González y Carme Chacón, que años atrás defendieron lo mismito. Por cierto, a Felipe el foro en Sevilla el próximo 17 de noviembre se lo paga una farmacéutica y no casa Botín. Seguramente, será una muy puntera en el sector de los bronceadores.

(5) La insistencia de una candidatura alternativa de Patxi López a Pedro Sánchez y Susana Díaz tiene todos los visos de ser un divide y vencerás para que el ex secretario general no tenga opciones. Una maquiavélica operación que cuenta, casi con toda seguridad, con el visto bueno de Pérez Rubalcaba, que se habrá empeñado ahora en hundir hasta la manilla al PSOE y a El País. ¡Menudo artista del alambre!