Opinión · Entre leones

¡Vaya par de gemelos!

Casado y Rivera están todo el día juntos y revueltos. Ya no se sabe dónde empieza uno y dónde acaba el otro; bueno, ambos dos acaban en Abascal, que es una especie de terminal ideológica para ellos.

Al final, si las cuentas les cuadran –cada vez parece más claro que no-, se jugarán la presidencia del Gobierno al mus; bueno, quizás, pensándolo patrióticamente, sea a la brisca española.

Tras las declaraciones a El País del jefe de los Tedax, Juan Jesús Sánchez Manzano, haciéndole un traje a Aznar y los demás golfos del Gobierno del PP que intentaron engañar a la sociedad española culpando a ETA del 11-M, cuando desde el mismo día se sabía que los autores eran yihadistas y no etarras, el líder del PP se descuelga en el aniversario de la masacre de Madrid anunciando que si gana las próximas elecciones desclasificara todos los documentos secretos sobre estos atentados.

Todo porque Villarejo grabó presuntamente unas conversaciones de la cúpula policial de Rubalcaba donde se implicaba en los atentados a los servicios secretos de Marruecos y Francia. O sea, vámonos que nos vamos con la teoría de la conspiración, los peones negros y la madre que los parió.

Como algún agente marroquí o francés tenga un tío abuelo o algo así vasco, tenemos servida de nuevo la trama socialista-policial con la ETA-PM con portadas y portadas, ríos y ríos de tinta y calumnias.

En fin, en vez de pedir disculpas a los familiares de los muertos por la burda manipulación que protagonizaron, Casado, hijo putativo de Aznar, se vuelve a reír de ellos con una promesa electoral infame.

Que cuente lo del Titadine; sí, lo del TI-TA-DI-NE.

Y si quiere poner luz y taquígrafos a otro caso judicial relevante, Casado debería indagar en su partido si algún exdirigente muy importante -le pudo apoyar a él en las primarias del PP- le encargó a Villarejo que quitara de en medio al juez Baltasar Garzón del caso Gurtel. Puede que hasta esté grabado, ¿no?

Y después tenemos al otro gemelo, Albert Rivera, que va por los cuatro rincones de la piel de toro fichando desechos de tientas. Romano, lo que se dice romano no es mucho: paga a los traidores hasta con cabezas de cartel.

Con Silvia Clemente, hasta hace un cuarto de hora presidenta de las Cortes de Castilla-León por el PP, le ha salido el tiro por la culata. Un fraude de 82 votos los ha dejado fuera de juego: a ella, sin la candidatura a presidir la comunidad autónoma, y a él, con un patinazo de campeonato que pone en duda esa fiabilidad liberal que está todo el día pregonando.

Y lo de Soraya Rodríguez, otrora portavoz socialista en el Congreso por obra y gracia de Rubalcaba, si la ficha para las listas europeas, pues va a ser peor si cabe.

Ya se acordará Rivera en la hora que la fichó –si la ficha- cuando esa máquina de largar empiece a vestirlo de limpio en uno de los patios del Parlamento Europeo, tal como ha hecho durante los últimos años con Pedro Sánchez en el centro del ruedo del patio del Congreso de los Diputados, con José María Barreda de sobresaliente.

Por cierto, vaya poca vergüenza que tiene Pepiño Blanco, número dos del PSOE con ZP y ministro de Fomento y me llevo 33, al rasgarse en público las vestiduras por el caso Soraya Rodríguez.

Ni yendo a San Andrés de Teixido descalzo le perdonaba yo la  trapallada que cometió, sobreactuando y teledirigiendo aquel funesto Comité Federal que puso de patitas en la calle a Pedro Sánchez y dejando al PSOE en manos de Verónica Pérez, la única autoridad socialista que ha durado unas cuantas carcajadas; es decir, mucho menos que dos peces de hielo en un whisky on the rocks.

Si el gallego va en las listas europeas, más de uno -y de dos- va a tener que tomar Primperan antes de ejercer el sacrosanto derecho al voto e introducir la papeleta en la urna.