Opinión · Entre leones

Susana le echa un cable a Pedro Sánchez

Desde que Pedro Sánchez le ganó las primarias a Eduardo Madina y José Antonio Pérez Tapias, allá por 2014, Susana Díaz ha querido manejarlo como una puritanismos marioneta.

Como el madrileño no se dejaba ni por activa ni por pasiva, la sevillana lo puteó todo lo que pudo y más. No le cogía el teléfono, lo ponía a caer de un burro en las comilonas con periodistas capitalinos, lo boicoteaba por cielo, mar y tierra en el Parlamento y la Carrera de San Jerónimo, le contraprogramaba internamente con el mayor de los descaros, le limitaba la presencia en Andalucía y lo dejaba en evidencia cada vez que pactaba con su amigo Antonio Caño, ex director de El País, un revolcón mediático.

Fueron tantos “Antonio, que este no gana las elecciones ni ‘ná de ná’”, que el jiennense se llevó una medalla de Andalucía insólita por los favores prestados. ¡Banana republic, república bananera!

Recuerdo que en las elecciones legislativas de 2015, las primeras en las que Pedro Sánchez concurrió como candidato a la presidencia del Gobierno, en un mitin de la lideresa andaluza en la Costa del Sol, un colaborador suyo de mucho peso trasladó ya a un corrillo de periodistas que no había nada que hacer y que ellos tenían ya las maletas hechas para trasladarse a Ferraz.

Como remate del tomate, lo echó con el peor vodevil que se recuerda en la política patria, con actores aficionados como Antonio Pradas y Verónica Pérez, convertidos en máximas autoridades, y con los barones a la violeta, travestidos en vulgares traidores; compinchados para satisfacerla a ella, que quería a Pedro Sánchez muerto esa misma noche, a ser posible al modo siciliano; es decir, con una puñalada trapera por la espalda.

Y, en esta conspiración de sainete, participó hasta el gran Felipe González, que se prestó a ponérselo en cita al Comité Federal –al final, Carlos Cano tenía razón: se convirtió en un gran torero como Velázquez y Gregory Peck-, que, con Pepiño Blanco de mamporrero mayor, consumó el golpe político contra Pedro Sánchez y a favor de la investidura de Mariano Rajoy, claro.

Después, cuando Pedro Sánchez dio el salto al vacío sin paracaídas y se presentó a las primarias, Susana Díaz puso toda la carne en el asador para ganarlas y no escatimó ni en esfuerzos ni en malas artes.

Promovido ya por la gestora del ‘Autoridad Moral’ Javier Fernández, Ignacio Urquizu, un sociólogo del tipo Madina con acta de diputado por Teruel, se paseó por todos los platós de televisión poniendo a caer de un burro a Pedro Sánchez –hasta lo mandó al rincón de pensar- y proclamando que Susana Díaz ganaría de calle.

Muchos de estos y otros más no van en las listas del PSOE a las elecciones generales del 28 de abril de 2019.

Y no van porque los Estatutos del PSOE otorgan la responsabilidad final sobre la configuración de listas electorales al Comité Federal del PSOE. Y Pedro Sánchez, en esta ocasión, controla el principal órgano socialista entre congresos.

Susana Díaz, que eligió en las pasadas elecciones autonómicas a sus candidatos –sin incluir a ningún seguidor del madrileño-, debería entenderlo; es muy simple: Pedro Sánchez ha hecho lo mismo que hizo ella.

Sin enterarse muy bien de que los tiempos están cambiando también en el PSOE y de que su carrera política pica para abajo que se las pela, Susana Díaz salió de nuevo del último Comité Federal por peteneras tras ver que Ferraz no respetaban sus candidatos en cuatro provincias –Cádiz, Sevilla, Almería y Córdoba-. “Hemos tenido la mano tendida en todo el proceso para hacer compatibles las peticiones del federal con la decisión soberana de los militantes andaluces. Eso no ha sido posible. Bueno, tomo nota”, dijo con esa media sonrisa atravesada que le acompaña.

Muchos analistas han interpretado estas manifestaciones a portagayola como una declaración de guerra –Irene García, secretaria general de los socialistas gaditanos de 9PM a 14,00PM, se ha puesto en el mismo plan-, como un aviso a navegantes de que la campaña va a ser de brazos caídos, sin entusiasmo ni movilización de afiliados.

No me cabe ninguna duda de que, dado el alto nivel de sectarismo acumulado en las venas en los tercios susanistas, algunas cabras tirarán al monte, pero no todas; diría que la mayoría se alineará con esa mayoría progresista que se está movilizando en torno a Pedro Sánchez.

Así las cosas, creo que, en el fondo, Susana Díaz le ha echado un cable a Pedro Sánchez, que por primera vez ha tirado públicamente de autoridad y firmeza frente a la enésima provocación de la lideresa andaluza

Ese gesto de pie en pared está siendo especialmente valorado por muchos ciudadanos de centro-izquierda en Andalucía y fuera que le exigían al madrileño que sacara el carácter, que confeccionara listas del PSOE y no del SD, que pusiera en su sitio a Susana Díaz y que le diera en los morros con los Estatutos del partido.

Todo eso ha ocurrido y es normal que ella haya acabado derrotada y con un escueto mensaje de revancha: “Tomo nota”.

Menos lobos, Caperucita, ¿no?