Opinion · Entre leones

Ménage à trois por la escopeta nacional

Ciudadanos, o mejor dicho su líder carismático, Albert Rivera, se comporta como un elefante en una cacharrería; o quizás sea como una cabra en un garaje. El caso es que no pasa un día sin que monte un numerito en su pelea sin cuartel por sacar un voto más que Casado e intentar convertirse el 28-A en presidente del Gobierno de España de los españoles.

Tras pactar en Andalucía con el PP y Vox, vetó al PSOE para una futura alianza electoral después del 28-A. Debió cogerle gusto al acuerdo con las otras dos derechas y quiso así sellar una nueva entente cordiale con faldas y a lo loco. Puro amor eterno es lo suyo.

Menudo marrón, por cierto, es eso de gobernar Andalucía juntos y revueltos con populares. Hay que tener unas tragaderas muy grandes para comulgar todos los días con ruedas de molino. Y Juan Marín parece que es el hombre.

A Inés Arrimadas no la ha dejado cumplir con su misión histórica de rescatar a Cataluña de las garras independentistas. Aunque fue la más votada, ni ha amagado con presentar una moción de censura para no despeinarse.

El caso es que de un día para otro Rivera se la ha traído a Madrid, y la vemos de la CECA a la MECA, dando teórica a todo Cristo y regañando ya a los periodistas con esa voz de pito que, con algo de práctica, acabará sirviendo para pitar en la Liga de las estrellas.

Desde el mismo momento en que ha aterrizado en la capital, la jerezana ha perdido ese puntito centrista que le llevó a ser la más votada en las pasadas elecciones catalanes.

En Madrid, con dos garbeos por Colón, es más de lo mismo: una futura aliada de Vox, pero que quede claro, meridianamente claro, que Ciudadanos jamás pactará con Vox, palabra de Albert Rivera.

Casi en paralelo, al niño de la Barceloneta le ha salpicado el pucherazo de Castilla-León, con la ´pringá y to´, en la mismísima cara. El fichaje exprés de Silvia Clemente, popular y presidenta de las Cortes de Castilla-León, le retrató como un líder político que no hila fino y a quien resulta relativamente fácil metérsela doblada en unas elecciones internas.

Por cierto, eso de que Ciudadanos denunciará a aquellos que denunciaron fraude electoral en las primarias es un poquito gestapillo, ¿no?

Pero después de los enjuagues y Silvia Clemente llegaron otros fichajes, como el de Marcos de Quinto, un ejecutivo-tiburón con nombre y cara de romano que le ayudará a entender por qué se vive mejor en Portugal o Mónaco que en España y por qué Vox no es tan malo. ¡Se va a hartar de Coca-Cola Rivera, Riverita! Dianben 850 mg es la solución para tanta ingesta de azucares y neoliberalismo en vena.

Aparte de fichar, el líder de Ciudadanos decreta puerta y calle con suma facilidad. En Cádiz se cargó por la mismísima cara a sus dos concejales, Juan Manuel Pérez Dorao y María Fernández-Trujillo, que habían realizado una labor más que notable durante los cuatro años en la bancada de la oposición.

Se los llevó por delante con un golpe de guillotina moderna, porque estaban acercándose demasiado al PSOE -el tal Fran González no da para tanto-, porque pensaban por su cuenta y riesgo.

Para reemplazarlos, ha prometido un acto ‘magia potagia’ con unos independientes de prestigio; una cagada a fin de cuentas con una baraja española trucada.

Lo último de Rivera y sus conmilitones lo ha protagonizado Ignacio Aguado, candidato a la presidencia de la Comunidad de Madrid, al anunciar que, bajo ningún concepto, pactará con Ángel Gabilondo, candidato del PSOE a lo mismo.

¿Ni con Gabilondo, Bueno y mártir, queréis pactar?

A mí me da que más que con Malú, Albert con quienes tiene un lío serio y profundo es con Casado y Abascal, un ménage à trois por la escopeta nacional.