Las carga el diablo

Si los catalanes quieren decidir, decidirán

Agita la caverna estos días las aguas del anticatalanismo a propósito de la Primera Cumbre sobre el Derecho a Decidir celebrada este lunes en el Palau de la Generalitat: ¡Secesión!, ¡Que vienen los independentistas! ¡A las barricadas! Siempre el miedo, la crispación, la demonización de lo que, lisa y llanamente, se limita a ser el normal funcionamiento de las instituciones democráticas de las que nos hemos dotado en este país. Pero cuando de Catalunya se trata, siempre aparece alguien interesado en que la tensión se dispare y todo acabe encanallándose.

Nunca entendí por qué tantas cosas de las que rodean a Catalunya ponen tan de los nervios a determinados sectores del resto del país. El pueblo de Catalunya es un pueblo sabio y currante que siempre ha tirado del carro y que ha acogido afectuosamente a cientos de miles, millones de foráneos que durante décadas se han ganado la vida allí, que allí han acabado instalándose y que ahora son padres o abuelos de catalanes cuyo presente y futuro son estricta y únicamente catalanes.

En ese contexto es en el que Catalunya puso hace un tiempo sobre la mesa el llamado "derecho a decidir".  86 de los 135 diputados que componen la cámara autonómica pertenecen a partidos para los que ese derecho es una apuesta indiscutible (50 de CiU, 21 de ERC, 13 de ICV-EUiA y 3 del CUP) Solo los 28 escaños que suman el PP (19) y Ciutadans (9) están claramente en contra. Porque los 20 diputados del PSC andan de broncas y presionándose entre ellos y, en consecuencia, mareando la perdiz: consulta, sí; pacto por el derecho a decidir, no; independencia, caca; federalismo, guai…

En la Cumbre sobre el  Derecho a Decidir celebrada este lunes 6 de mayo en Barcelona quedaron claras las muchas discrepancias entre los representantes políticos catalanes sobre la manera en que se debe recorrer el camino. El PSC, ya hemos visto, no se aclara; Quim Arrufat, (CUP), quiere más sangre en las venas y menos brindis al sol; Joan Herrera, (ICV), cree que la reunión solo sirvió para llenar titulares y portadas; Jordi Turull, (CiU) apuesta por implicar a la sociedad civil que es a la que, c omo dice Oriol Junqueras (ERC), "corresponde el protagonismo".

En una palabra, que se lo están currando. Plantean lo que creen que tienen que plantear porque pueden y quieren hacerlo.  Son la mayoría amplia de los representantes del pueblo catalán y su debate hay que situarlo en un contexto de aspiraciones legítimas e incuestionables. Lo que se propone en Catalunya, con sus tiras y aflojas, sus discrepancias y hasta sus ambigüedades no puede ser considerado tabú por ni para nadie. No puede ni debe poner de los nervios a nadie. Es una lícita iniciativa política sobre la que toca pensar, reflexionar y sacar respetuosas  conclusiones. Sin rasgarse las vestiduras, sin caer en esos tópicos ni animadversiones que los fabricantes de crispación se ocupan de generar, alentar y propagar.